Fines de abril de 2025 al oeste de Colombo, capital de Sri Lanka. En plena campaña para la elección de los gobiernos locales, los candidatos de los principales partidos organizan actos al aire libre al caer la noche, cuando el calor por fin se vuelve soportable. La coalición de izquierda que tiene la mayoría en el Parlamento nacional, el Poder Popular Nacional (NPP, por sus siglas en inglés), ocupó la calle Justice Akbar Mawatha, una arteria concurrida donde conviven locales de comida rápida y fachadas de edificios en ruinas.
De pie detrás de un atril y vestida con un sari de color púrpura, la candidata del NPP a jefa municipal, Vraîe Cally Balthazaar, arenga a los curiosos, vecinos y simpatizantes que están reunidos en un ambiente distendido. La primera ministra, la última en tomar la palabra entre quienes la apoyan, interpela al público sobre su tema predilecto: la lucha contra la corrupción, obsesión del movimiento del que es una figura destacada. “¿Dónde está el dinero?”, lanza Harini Nirek Amarasuriya, simulando llevarse la mano a la billetera. Con gestos que acompañan sus palabras, decenas de simpatizantes le responden al unísono: “¡El dinero se fue al bolsillo de los políticos!”.
Sin nombrarla, la primera ministra apunta a la mayoría saliente del consejo municipal de Colombo, formada en torno al Partido Nacional Unido (United National Party, UNP). De obediencia liberal y prooccidental, el UNP dominó el poder tanto a nivel local como nacional desde la independencia del país en 1947, en alternancia con el Partido de la Libertad (Sri Lanka Freedom Party, SLFP) y su avatar, Sri Lanka Podujana Peramuna (SLPP), ambos de centro. Estas formaciones, que durante mucho tiempo fueron hegemónicas y que reclutaban a sus partidarios entre la élite político-administrativa de la isla, fueron barridas al costado. Y esto sucedió en tres etapas.
De Marx al mercado
Todo empezó en marzo de 2022.1 La escasez crónica de divisas extranjeras se agravó como consecuencia de la pandemia, la cual hizo naufragar todo ingreso relacionado con el turismo. Muy pronto el país ya no pudo financiar sus importaciones esenciales. Empezaron a faltar la nafta, el gas para cocinar, los medicamentos y algunos alimentos. En este contexto, la corrupción –que era rampante desde hacía mucho tiempo– se hizo intolerable. En julio de ese año, ciudades y campos, medios populares y clases medias e incluso acomodadas, todas se sublevaron contra el gobierno, en el que seis miembros de la familia Rajapaksa ocupaban cargos de primera línea: presidente, primer ministro, ministro… A Basil, el responsable de las finanzas, le decían “señor 10 por ciento” por su –supuesta– tendencia a cobrar comisiones sobre los proyectos financiados por su administración. Incapaz de hacer frente a los vencimientos de la deuda externa en un contexto de escasez de alimentos y de un aumento descomunal del precio de la nafta, el Estado entró en default. Muy pronto los hombres de traje negro del Fondo Monetario Internacional (FMI) llegaron para ofrecerle sus “servicios”. Se vieron formas más eficaces de apaciguar la furia, pero la revuelta popular, ante todo, siguió sin solución.
Y después pasó lo inimaginable. En setiembre de 2024, Anura Kumara Dissanayaka (alias “AKD”) fue elegido presidente de la República. Por primera vez en la historia de Sri Lanka, un dirigente del Janatha Vimukthi Peramuna (Frente de Liberación del Pueblo, JVP) accedió al cargo ejecutivo supremo. Dos meses más tarde, el NPP, que reúne en torno al partido presidencial a una veintena de sindicatos, organizaciones no gubernamentales y grupúsculos de izquierda, ganó las elecciones legislativas con una mayoría aplastante. “Excepcionales en más de un sentido, las dos campañas se desarrollaron sin violencia, algo que no ocurría desde hacía 20 años. El cambio es todavía más espectacular en la medida en que, en las dos elecciones previas, Anura Kumara y la coalición NPP habían obtenido el tres por ciento y el cuatro por ciento de los votos, respectivamente, frente al 42 por ciento y el 61 por ciento de 2024”, señaló el historiador Éric Paul Meyer en una conferencia en el Instituto de Estudios Políticos de París, en enero de 2025.
Continuismo económico
La prensa internacional entró en alerta. “Sri Lanka, que en su día fue pionera del libre mercado, gira hacia la izquierda”, lamentó The Economist. “Un nuevo presidente con raíces marxistas domina ahora también el Parlamento”.2 “Semejantes comentarios provocaron la hilaridad general en Colombo”, comenta divertido Jean-Pierre Page, exresponsable del sector internacional de la Confederación General del Trabajo (CGT), que conoce bien el país. “¡Todavía se hacen bromas con el tema!”.
Hubo una época en que el JVP era revolucionario. Desencadenó dos insurrecciones armadas, en 1971 y en 1988, dos fracasos tras los cuales el partido se convirtió al parlamentarismo y a la economía de mercado. De su pasado radical solo conservó algunos oropeles de la memoria, como la hoz y el martillo y algunos retratos. Entre ellos, el de Lenin, bajo el cual el “camarada” secretario general del partido recibió a la embajadora de Estados Unidos en enero de 2025.
“El JVP sigue siendo marxista-leninista”, se justifica ante nosotros Bimal Rathnayaka, ministro de transportes, autopistas y puertos. “Seguimos trabajando por la justicia social, pero de forma no dogmática”. ¿Su modelo? “El Partido Comunista Chino, menos en cuestiones de democracia que en el plano económico. Bajo el impulso de Deng Xiaoping, el PCCh se volvió más pragmático, aceptando la economía de mercado sobre la base de una planificación centralizada, con resultados notables”, justifica. “En realidad, el pragmatismo se convirtió en la única brújula del partido”, opina Pubudu Jagoda, figura de la antigua ala izquierda del JVP. “Dado que sus actuales dirigentes perciben el neoliberalismo como una ideología insuperable, promueven sus recetas a pesar de sus discursos electoralistas. Anura encarna esta línea socialdemócrata desde que tomó el control del JVP en 2011”.
Pragmatismo bienvenido
Un año después de su llegada al poder, la esperanza que despertó la nueva mayoría ya menguó en gran medida. Simbólicamente, el gobierno recortó las ventajas materiales de los ex jefes de Estado. Sobre todo, por primera vez en la historia del país, un expresidente fue objeto de un juicio penal por desvío de fondos. En efecto, a finales de agosto de 2025, el liberal-conservador Ranil Wickremesinghe fue arrestado, antes de ser puesto en libertad bajo fianza. Predecesor de AKD, fue él quien firmó el controvertido acuerdo con el FMI..., renovado dos días antes de las elecciones presidenciales de setiembre de 2024. Un acuerdo que el NPP se había comprometido a renegociar. Incluso esa era la promesa principal de su programa. “La coalición de izquierda tenía previsto realizar una auditoría de la deuda, con el apoyo de economistas independientes, y evaluar su sostenibilidad a través de debates ciudadanos”, recuerda el economista heterodoxo Dhanusha Pathirana.
Pero una vez electos, Dissanayaka y su mayoría parlamentaria retomaron las prescripciones del FMI y negociaron solo cuestiones al margen. “Conseguimos un aumento de los salarios en la función pública”, señala, sin embargo, la primera ministra Harini Amarasuriya. “Nuestro gobierno no redujo ninguna ayuda social. Inscribió a 400.000 familias económicamente vulnerables dentro del nuevo sistema de seguridad social”, completa el ministro de Transporte, Carreteras, Puertos y Aviación Civil. Entonces, ¿mal menor u “oportunidad histórica perdida”, como lamenta Éric Toussaint, vocero del Comité para la Abolición de las Deudas Ilegítimas?3
“Si hubiéramos rechazado las condiciones de los acreedores, los grandes bancos, los grandes países y el FMI habrían dudado de nuestra capacidad para pagar. Y eso podría haber precipitado al país hacia la bancarrota”, constata Rathnayaka. Este es también el argumento esgrimido por Dhananath Fernando, el director general de Advocata Institute, un círculo de reflexión cercano a los medios empresariales. “El gobierno actual hizo bien en continuar con la misma política económica que su predecesor. De todos modos, no tenía ningún margen de maniobra para embarcarse en cálculos políticos arriesgados”. Ni bien fue electo, Dissanayaka llevó el mimetismo hasta el punto de rodearse de Duminda Hulangamuwa, exasesor económico del muy liberal Gotabaya Rajapaksa, presidente entre 2019 y 2022. Expresidente de la Cámara de Comercio de Ceilán[^4] y acumulador extremo de cargos al límite del conflicto de intereses, Hulangamuwa sigue siendo socio gerente de Ernst & Young para Sri Lanka y las Maldivas.
La izquierda que fue
El “pragmatismo” de la izquierda de Sri Lanka satisface a las cancillerías occidentales. “Si bien el nuevo gobierno se hizo elegir gracias al rechazo a la clase política establecida, tranquilizó a los proveedores internacionales de fondos al retomar el plan de Ranil Wickremesinghe adaptándolo socialmente. En el fondo, este gobierno surgido de una izquierda radical es quizás el más capaz de llevar adelante las reformas estructurales adecuadas”, nos confiesa un diplomático europeo.
En el pasado, la izquierda de Sri Lanka se atrevió a enfrentarse directamente con los ricos en las calles, en el Parlamento y en el gobierno. El derecho a la jubilación, la jornada de ocho horas, el pago de horas extras, “la mayoría de las conquistas sociales del país son el resultado de las huelgas generales convocadas en las décadas de 1940 y 1950 por el Lanka Sama Samaya Party [LSSP, Partido Socialista por la Igualdad, trotskista] y el Partido Comunista”, relata el actual secretario general del Partido Comunista, G Weerasinghe, con un dejo de nostalgia en la voz. Detrás de su escritorio ocupa el lugar de honor un pequeño busto de Lenin. Colgados en la pared adyacente, están en fila los retratos de un exsecretario general y de Xi Jinping, presidente de la República Popular China, erigida en partido-Estado modelo desde la desintegración de la Unión Soviética.
Fundado en 1935, el LSSP es el partido político más antiguo de Sri Lanka. Privilegiando la lucha por la independencia nacional más que el frente antifascista que quería Iósif Stalin, adhirió a la IV Internacional. El PC, por su parte, siguió alineado con Moscú. Durante décadas, el LSSP ocupó el primer puesto dentro de la izquierda de la izquierda. Después de la independencia, su líder, NM Perera, ocupó cargos destacados. Jefe de la oposición parlamentaria entre 1947 y 1952 y después entre 1956 y 1959, se convirtió en alcalde de Colombo de 1954 a 1956. Fue el único dirigente político capaz de hacer tambalear la hegemonía de la derecha liberal en la capital antes de que fuera electa Balthazaar, en junio de 2025.
A partir de 1956, el LSSP apoyó al gobierno del SLFP, y esto fue el preludio de dos décadas marcadas por decisiones estatistas en materia económica y una política diplomática de no alineamiento en plena Guerra Fría. En 1964, Perera se incorporó al Poder Ejecutivo en la cartera clave de finanzas. Por primera vez en el mundo, un trotskista se convirtió en ministro. Esto le valió al LSSP ser excluido de la IV Internacional por “colaboración de clase con un partido burgués”...
Hasta mediados de la década de 1970, varias oleadas de nacionalizaciones apuntaron a puertos marítimos, bancos, compañías de seguros, empresas de transporte y plantaciones de té, caucho y coco. El objetivo declarado era descolonizar la economía, dominada por el capital occidental, mientras se mejoraban las condiciones de vida de los trabajadores afectados. Por iniciativa del tándem SLFP-LSSP, al que se unió el PC, la isla de Ceilán se liberó de Londres. El país recuperó su nombre precolonial y se convirtió en una república.
Hoy marginados, comunistas y trotskistas desempeñaron antes un papel fundamental en la construcción del Estado social de Sri Lanka, uno de los más avanzados de Asia. Todavía vigente, el nombre “República Democrática y Socialista de Sri Lanka” fue adoptado en 1977, ¡pero bajo un gobierno de derecha! “Esta decisión paradójica refleja el poder ideológico de la izquierda en aquella época”, sonríe Weerasinghe. Erigida en el centro de Colombo, una estatua dorada de Perera da testimonio de esta impronta. Aunque la tasa de pobreza se duplicó en Sri Lanka entre 2019 y 2024, la miseria es menos visible que en su gran vecino del norte, India, situado a unos 30 kilómetros. “En nuestro país, el sistema sanitario es gratuito y de buena calidad”, señala Tamara Kunanayakam, exembajadora.
Los años 1977-1978 marcaron tanto el apogeo del socialismo en Sri Lanka como el punto de inflexión hacia la era neoliberal. Cínicamente, el líder de la derecha, JR Jayewardene, prometió no tocar los fundamentos del socialismo, mientras pensaba en el siguiente (mal) golpe. “De cierta manera, Jayewardene traicionó a sus votantes, al igual que haría AKD 45 años después, en detrimento de las poblaciones más desfavorecidas. Aunque se había comprometido a sostener las ayudas alimentarias del gobierno, que representaban un cinco por ciento del producto interno bruto, las redujo drásticamente. Desde ese mandato y hasta hoy, el Estado intervino cada vez menos en el ámbito económico”, resume Dhanusha Pathirana.
En este sentido, el gobierno formado en torno al JVP encarna una continuidad con sus predecesores de centroizquierda. Con algunos matices: un poco menos nacionalista, un poco más progresista en materia de costumbres, pero igual de concesivo con el sector privado. En Sri Lanka, como en otros lugares, ¿podría cambiar todo, entonces, sin que cambie nada?
David García, enviado especial, periodista. Traducción: Merlina Massip.
- Así se llamaba Sri Lanka en tiempos de la colonización británica. La Cámara de Comercio conservó dicha denominación.
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Éric Paul Meyer, “Les Sri-Lankais défient le pouvoir”, Le Monde diplomatique, julio de 2022. ↩
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“Once a free-market pioneer, Sri Lanka takes a leap to the left”, The Economist, Londres, 21-11-2024. ↩
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Éric Toussaint, “Au Sri Lanka, la politique du nouveau gouvernement: une opportunité historique perdue”, cadtm.org, 11-2-2025. ↩