No se ve una sola cruz ni una sola Biblia. Nadie está orando ni nadie va a orar. No hay posesos de la exaltación pentecostal hablando en lenguas. No hay un coro góspel. Nadie tararea canciones de Rescate [banda pionera del rock cristiano en Argentina]. Hay tres pantallas, una más grande y en el centro del escenario, pero en ninguna de ellas hay un sol resplandeciendo detrás de una nube bajo ninguna bóveda celestial de ningún paraíso presunto. Cada cosa que falta es una declaración de lo que no hay que esperar. Ni rito evangélico, ni predicadores con micrófono, ni efusividad divina. Son las ocho de la noche. Es un miércoles de marzo. Y en el microestadio del Club Atlético Lanús, borde sur del primer cordón conurbano bonaerense, sin él, sin siquiera una videollamada de él, sin un audio de Whatsapp de él, se lanza oficialmente la candidatura a presidente de la República del ciudadano Dante Gebel, showman de Cristo, telepastor.

Lo que sí hay: un aforo completo, 2.000 personas con algo de gente afuera. Hay: carteles que dicen Dante Gebel-Consolidación Argentina, sin más, como para que arranques la noche preguntándote quién está detrás de todo esto y no te lo puedas responder –o no todavía–. Hay: una banda haciendo sus covers, “Demoliendo hoteles”, “Arde la ciudad”. Hay un video en loop donde aparecen Diego Maradona, las islas Malvinas, un trigal bajo la cosechadora, el cóndor de Aerolíneas Argentinas. Hay, también, de golpe, un tipo que pasa con una remera de Juan Manuel de Rosas, “el Restaurador”.1

El clima es festivo, familiar, conurbano y sin estridencias. También es confuso, porque, así como faltan cruces, tampoco hay nadie cantando la marchita. Entonces, en el principio, todo es interrogante.

El pueblo quiere saber de qué se trata

La ausencia de marcas partidarias claras y líneas de espacios políticos explícitos te pone a varear la mirada buscando el significante que responda quién banca esto. Tras los aros de básquet, todos ocupan su lugar en las gradas, prolijamente. Hasta que la conductora del evento pide silencio y anuncia el primer saludo en video, digamos de apoyo, digamos de respaldo. Se apagan las luces y en el centro de la pantalla aparece Graciela Camaño.

“Mi doctrina es humanista y Dante Gebel es también un humanista”, dice la Camaño, habilísima para nombrar al peronismo sin nombrarlo, aunque deja caer la palabra que todos llevan en la boca después de 35 años de un Partido Justicialista sin democracia interna: “doctrina”, dice. Y entonces todos entendemos un poco más de qué se trata la noche.

Nadie se atreve a medirle a la Camaño su peronismo en sangre. Es un cuadro respetado que hizo el peronismo que pudo por fuera de la hegemonía kirchnerista. Fue ministra de Trabajo durante el gobierno de Eduardo Duahlde, cuando el 2001 era todavía un estrépito y la ceniza de su incendio aún flotaba en el aire de todos.

Durante 40 años llevó encima el yunque de ser la esposa del sindicalista gastronómico Luis Barrionuevo. Y cuando tuvo que tener espalda propia para desmarcarse de él, la tuvo.

Finalmente, fue una espada mayor en la Cámara de Diputados por el Frente Renovador, es decir, por el posperonismo que tramó Sergio Massa. Aunque no volvió con él cuando el massismo duro olió una candidatura a presidente, desplazó de un caderazo a Wado de Pedro y terminó perdiendo el balotaje con Javier Milei. Tal vez por eso mismo ahora está acá, buscando un candidato, alguien que es un completo outsider de todas las identidades políticas argentinas, pero que también sabe gerenciar multitudes –como ya veremos–.

Cierra Camaño en su video: “La Argentina necesita recuperar una comunidad sana”. Sanear, saneamiento. Soldada en mil batallas de la retórica congresista, Camaño sabe dónde ubicar el tiro de su voz y la bala de su palabra. Le está hablando a un presente argentino que suponemos enfermo, intoxicado, que toma demasiadas latas de energizantes por día y se sulfura, se rabia, se excita con facilidad y dice barbaridades en las redes. Como si le hablara a un país psiquiatrizado. “Comunidad sana”, dice. Por algo, de todos los videos que se vieron, el de ella fue el primero. Para cuando la diputada de la Nación con mandato cumplido terminó de hablar, ya hay colgada una bandera, que se parece más a un pasacalle, a un báner de tela plástica, con una inscripción que dice: “Militancia peronista de La Matanza – Horacio Acuña”.

Okay, vamos aclarando el panorama.

Vuelven las luces y el señor con la remera del Restaurador sigue dando vueltas. Se le suman dos jóvenes que están grabando el acto, acomodando el trípode de la cámara, ajustando el sonido. En la espalda de sus remeras se informa cuál es la cuenta de Facebook, de Instagram, de Youtube y de Tiktok de “Un café con Rosas”, que, evidentemente, es el programa para el que trabajan, o militan, o ambas cosas.

Pregunto entre los organizadores por qué razón no está Dante Gebel esta noche aquí. Me responden cosas distintas: que está en River Church, su iglesia, fundación y cuartel general de Anaheim, California. Que está de gira por Guatemala con PresidAnte, el show de sanación que tuvo dos fechas en el teatro Gran Rex de Buenos Aires en diciembre. Pregunto si esto es oficialmente el lanzamiento de su candidatura a presidente, me dicen que sí. Lo pregunto de nuevo por si no se escuchó bien, me dicen que sí de nuevo por si no escuché bien.

La persona física Dante Gebel, de todas formas, sigue sin aparecer, solo tenemos su nombre en los pasacalles y su foto en las pantallas laterales. Lo vemos con su sonrisita apta para todo público, de brazos cruzados, el pelito de siempre, saco sin corbata. Nadie podría usar esa silueta sin la aprobación de su dueño, pero tampoco le costaba nada mandar un saludo. Su foto a ambos lados del escenario sugiere que lo que Gebel entregó fue un permiso de uso de imagen. Por eso, antes que el lanzamiento de una candidatura, esto parece ser un pedido para que la acepte.

¿Un pedido de quién? De una parte del peronismo federal, seguro.

Me dicen que está presente Mariano Almada, rostro habitual del peronismo cordobés, actualmente secretario de Coordinación Institucional y Culto del gobierno de Córdoba, cercano al gobernador Martín Llaryora. Y también el joven que ahora pide el micrófono y toma la palabra: Eugenio Casielles, peronista disidente, juventud duhaldista en las presidenciales de 2011, luego lavagnista del Consenso Federal y finalmente armador de La Libertad Avanza [LLA, partido del actual presidente Javier Milei] en el período inaugural que incluye giro completo libertario en 2023, lo que lo deposita en la Legislatura porteña con mandato hasta 2027. Rompió con LLA en 2024. Se fue dando el portazo de los que no se bancan el hierro y el mando de Karina [Milei], la gran hermana.

Todavía no son las diez de la noche y vamos promediando este acto de lanzamiento presidencial aparente cuando el mapa de su integración ya ha quedado claro: astillas de un peronismo que tiene tantos nombres como interpretaciones históricas se han dado cita hoy en el microestadio de Lanús. Doctrinario, de derechas, federal, anti-K, peronismo de Perón. Es una formación que acepta todas estas nominaciones. El nombre del sello que eligieron para expresarse es Consolidación Argentina y el candidato que quieren mostrar en una boleta eventual en las presidenciales de 2027 es Dante Gebel, lo que inmediatamente dispara una pregunta lógica. ¿Y quién es Dante Gebel?

Narrativas temerarias

Hay una vocación escénica temprana en este pibe nacido y criado en Billinghurst, partido de San Martín, conurbano oeste. Quizá como respuesta a una impopularidad sufrida en su colegio secundario, donde le decían “el muerto”, según él mismo ha contado. Hijo de una casa de clase media proletaria, en 1988 tenía exactamente 20 años cuando estalló en los medios masivos la figura de un predicador evangélico nacido también en San Martín, Héctor Aníbal Giménez, el pastor Giménez. Gebel entró en su iglesia y Giménez detectó enseguida que el chico que tenía allí delante tenía todo para ser una estrella. Lo entrenó, lo fraguó y, para los 23 años, Dante Gebel ya volaba sin tutelaje y con programa de radio propio.

Línea abierta se llamó aquel primer envío. Y si en esta noche de Lanús hay un peronismo que lo quiere de candidato a presidente es porque desde el principio, desde su momento inaugural, Gebel fue un audaz de la comunicación que supo construir su propio público y, luego, construir un lenguaje para él.

Una década antes, Carlos Annacondia había inaugurado en Argentina al sanador milagroso, al hacedor de curaciones en vivo. Luis Palau, ya emigrado a Estados Unidos, se había vuelto el predicador del poder y los políticos. Gebel, astuto, vio entonces que le quedaba servida una feligresía vacante: los jóvenes. Ya en Línea abierta había creado a Cristianeitor, su primer personaje. Una criatura entre divina y terrenal que, por supuesto, era todo lo que estaba bien. En 1985 se había estrenado en Argentina el film Terminator, así que Cristianeitor conjugaba un sonido que le permitía cruzar a Cristo con un balde de pop. Hay que decirlo: la comunicación de Dante Gebel nació esencialmente pochoclera.

Lo conocí en 2004, cuando yo estaba trabajando en Cristo ¡llame ya! Crónicas de la avanzada evangélica en la Argentina, libro que publicó Norma Editorial al año siguiente. Le pedí una entrevista y me dijo que sí, siempre que fuera en un lugar público, a la vista de todo el mundo. Ya vivía algo paranoico, a esa altura. Escándalos como el de Jimmy Swaggart, que había sido visto entrando con una trabajadora sexual a un motel, lo tenían a la defensiva. Gebel me contó aquella vez que cuando llegaba a un hotel, cosa que le ocurría todo el tiempo y debe seguir ocurriéndole, primero hacía entrar a la habitación a alguien de su equipo para que inspeccionara que ninguna señorita estuviera escondida en el placar previamente. También tenía contratado lo que él llamó “una guardaespaldas de fotos” que se metía en todas las tomas cuando las pibas de las iglesias le pedían a Gebel una todos juntos. Finalmente, la entrevista la hicimos en el Unicenter Shopping.

En su audacia y su cálculo, no tuvo el menor empacho en producir y protagonizar Misión REC, un espectáculo donde Gebel, vestido como el Neo de la película Matrix, pelea en el escenario entre láseres y metrallas contra unos ninjas enviados por el diablo. Anteojos negros, sacón largo de cuero, Misión Rec era una alusión a RECuperar los valores para la juventud argentina, y en el afiche de venta se usaba la misma tipografía que las películas de Misión imposible. Lo estrenó en 2001. En el teatro Astros primero y en el Luna Park después. Había en el mismo afiche otra llamada de venta que decía: “Con los verdaderos stunts del Parque de la Costa”. Más Cristo. Más pop. Más multitudes. Este es el sujeto al que uno entre todos los peronismos que andan dando vueltas quiere de presidente.

A partir de 1996, Gebel se dio el lujo de llenar un estadio de Vélez, un River, un obelisco, una Bombonera y un segundo Vélez. A este último fui. En este último estuve.

Es 2004. La convocatoria se llama El superclásico de la juventud. El estadio José Amalfitani está completo. Los pibes cantan canciones como “un minuto de silenciooo... para el diablo que está muerto”. Y entonces Gebel entra por el aire, sobrevolando las cabezas de todos los que estamos en el campo, vestido íntegramente de blanco, con los brazos estirados y una rodilla tan angélicamente doblada. Vuela Gebel. El tipo vuela. No tiene límites a la hora de componer un show, una artística, una manifestación que tiene al Evangelio en el centro del discurso, pero al entretenimiento de masas rodeando todas las formas en las que ese discurso será traficado. En la era en que un mediático se volvió presidente, en el tiempo histórico en el que literalmente cualquier cosa puede pasar, un temerario de las narrativas, un audaz del discurso es convocado para ocupar el sillón de Rivadavia. Y, claro, cómo no, el tipo acepta.

El Tinder de la patria

Si Argentina está lista para tener un presidente evangélico es una pregunta que acepta, quizá, un interrogante anterior: si el peronismo está listo para ir con un candidato sin ninguna tradición política. Como si lo hubiera ido a buscar a la góndola de los outsiders en oferta. Como si lo hubiera extraído de otro mundo.

En el final del acto, la mesa coordinadora nacional de Consolidación Argentina presenta las mesas regionales y sus delegados: la mesa norte, la mesa centro oeste, la mesa de provincia de Buenos Aires, la mesa patagónica. La organización vence al tiempo. Rosca, cargos y distribución. ¿Qué hace acá un pentecostal que al día de hoy les sigue pidiendo a los jóvenes que lleguen vírgenes al matrimonio? Hace rato que Gebel le saca el cuerpo a la etiqueta de “pastor”. Ya no se presenta de esa forma. Ahora es un comunicador, un influencer, un fixer vocacional, un arreglador de la vida personal, más parecido a Bernardo Stamateas [psicólogo y sexólogo mediático] que al pastor Billy Graham, más cerca de las literaturas de autoayuda que del Segundo Testamento.

Y el sujeto político que lo convoca, hecho con perdigones de un peronismo que desde la experiencia menemista no ha vuelto a ser gobierno, tampoco se vende de entrada, ni se deja ver con claridad. Al final, son dos que no se muestran. Cuando vamos saliendo hacia la noche de la avenida 9 de Julio, espero todavía que alguien arranque, pero no. Ni “Todos unidos triunfaremos” ni los dedos en V. Nada. Asepsia de toda liturgia, la evangélica y la peronista, como si fueran dos que se acaban de conocer en el Tinder político de la patria y no están seguros todavía de que vaya a haber un segundo encuentro.

Alejandro Seselovsky, periodista y escritor.


  1. NdR: Gobernador de Buenos Aires entre 1829 y 1852, con un “interregno” entre 1832 y 1835; polémica figura federal (en oposición a los unitarios), que fue reivindicada por el kirchnerismo.