Numerosas son las especulaciones sobre el comportamiento del mandatario estadounidense y su salud mental, muchas más que las generadas entre el público y la crítica por Basurto, encargado en un espléndido edificio porteño, interpretado por Francella.1 Tanto Trump como Basurto han sido calificados por destacados especialistas como psicópatas, narcisistas, sociópatas, controladores y hasta esquizofrénicos. No los cito a todos porque son legión.2

Es más, sin forzar la mano se podría hacer un contrapunto de actitudes, maniobras, especulaciones y gestos entre ambos. El problema es que Francella es un actor interpretando a un personaje, y Trump es un hombre de carne y hueso que, además, es el presidente de la mayor potencia militar del mundo. Gasta 890.000 millones de dólares en defensa, lo que incluye el despliegue de 13.000 aviones militares.3

Basurto, el conserje que encarna Francella en la serie, suele asustar a algunos caminantes con una especie de estornudo-rugido-grito, algo indescriptible y feo que sobresalta a quien lo escucha a sus espaldas. Trump, a su manera, hace lo mismo: cuando ruge contra algunos enemigos parece que estornudara, y cuando amenaza grita en susurros: “Los borraré de la faz de la Tierra”; “Esta noche puede desaparecer toda una civilización”; “Necesitamos Groenlandia”; “Cuba será nuestra en pocos días”. Lo terrible es que, en su caso, deja el tendal con miles de muertos, excepto en Caracas.

Ahí le funcionó la comedia de Nicolás Maduro [presidente] y Delcy Rodríguez [vicepresidenta] porque contó con múltiples complicidades dentro y fuera de Venezuela, más la tibia o nula reacción de la comunidad internacional. Basurto logró, en su edificio, numerosas prebendas y ventajas gracias a la corrupción de unos vecinos, a la indolencia de otros y a la inoperancia del Estado. Al final, Eliseo Basurto se quedó con un apartamento en Belgrano y Donald Trump con un país en el Caribe.

Basurto se entretiene cazando moscas para alimentar una planta carnívora que viene a ser su mascota, y que cuida con celo en su apartamento. La planta es una Dionaea muscipula (D. Solander, 1768), conocida como “Venus atrapamoscas”. Trump posee un poderoso cuerpo de élite destinado a cazar inmigrantes que viven en Estados Unidos. La mascota de Trump también mata, aunque por ahora no se ha comido a nadie. Su nombre completo es Immigration and Customs Enforcement (Bush, GW, 2003), pero todos la conocen como ICE. Es feroz.

Soy consciente de que muchos doctos pensadores jamás se dignarían a mirar un solo capítulo de El encargado. Les debe parecer una gronchada facha, incompatible con las urgencias de los tiempos que corren. También sé que muchísimos lectores no leerán jamás una contratapa mía en Le Monde diplomatique, pues para ellos ha de suponer una pérdida de tiempo.

Sin embargo, tengo una remota esperanza. Y es que alguien, en alguna parte, realice un exhaustivo contrapunto entre las actitudes de Donald Trump y las de Eliseo Basurto. Acá no se trata del mandatario argentino Javier Milei o del presidente del Instituto de Cine de Argentina, el Incaa. Esto no es House of Cards. Se trata de una parodia global que merece una crítica global, de la cual yo me declaro por completo incapaz. Muchos se entretienen buscando detalles incriminatorios, a favor o en contra del actual gobierno argentino. La sola existencia de esta ficción tiene el peso específico como para hacernos pensar en similitudes, diferencias y peligros.

En la serie aparece una Argentina actual, sí, pero reconocible solo por sus peores atributos. Lo que domina el panorama es la falsedad, la joda, la idea de que se vive en un país que se viene abajo, en donde lo único que puede hacerse es medrar con la inminente catástrofe.

Los personeros de Trump en la Casa Blanca también irradian mala leche hasta cuando dicen verdades. Es como si cada uno de ellos fuera el responsable de un edificio en este mundo tan cruel y estadounidense que también se viene abajo. Díscolos, abusadores, basurtianos hasta la médula, ellos creen que manejan las mangueras para limpiar la caca de nosotros, los perros y perras que transitamos las aceras del planeta.

Si lo pensamos con detenimiento, poca diferencia habría al hacer un enroque: Donald Trump como encargado en un elegante edificio de Buenos Aires (calle Arribeños al 1600) y Eliseo Basurto como presidente en el Salón Oval de la Casa Blanca, allá en el 1600 (oh, casualidad) de la avenida Pensilvania, en Washington. ¿Qué podría salir mal?

Fernando Butazzoni, periodista y escritor.


  1. Serie argentina de televisión por internet. Autores: Mariano Cohn, Gastón Duprat. Producción: Pampa Films. Estreno: 2022. Hasta ahora, cuatro temporadas en Disney+. 

  2. Peter Baker, “Trump’s Erratic Behavior and Extreme Comments Revive Mental Health Debate”, The New York Times, 13-4-2026; Karla León, “Los matices de El encargado”, The Hollywood Reporter, 12-5-2026, entre otros. 

  3. Datos extraídos del informe 2026 Military Strength Ranking, producido y publicado por la controvertida agencia Globalfirepower.