La noticia, que se divulgó a principios de abril de forma por demás recatada, indicaba que “en Israel un grupo de científicos del Instituto Technion de Haifa ha demostrado que, en determinadas condiciones, la oscuridad es más rápida que la luz”. El artículo original lo había publicado la revista Nature unos días antes.1
Con la difusión masiva llegaron el asombro, los aplausos y el despiporre. ¿Velocidad de la oscuridad? También hubo algunas críticas. Unas, desde cierta izquierda muy izquierdosa, vinculadas a una supuesta ligazón de ese descubrimiento con una apología de la política de Israel. Otras recriminaciones llegaron a través de miembros de la comunidad judía, y fueron por usar “una especulación científica” para denostar al pueblo judío (supongo que creyeron que la rapacidad imperial del primer ministro Benjamin Netanyahu era representada por la palabra oscuridad en el enunciado). Y otras críticas, de sesudos profesores, que acusaron a los autores del experimento de escribir tonterías. Pero en general debe decirse que lo afirmado por los investigadores del Technion ha sido bien recibido y aceptado por sus colegas de otras partes del mundo. Un trabajo serio que coronó una labor encomiable, aunque tal vez inútil.
Para muchos, “el miedo a la oscuridad lo consume todo”.2 Quizá por eso, la nota acerca del hallazgo resigna cualquier explicación sobre su esencia. La hipótesis de que en algunas condiciones específicas esa falsa nada (toda nada es falsa) que llamamos oscuridad puede ser más rápida que la luz no es nueva: circula desde hace medio siglo en el ámbito científico. Fue expuesta, publicada, discutida, alabada y denostada,3 aunque nunca hasta ahora existieron aparatos o mecanismos capaces de medir esa velocidad, ni siquiera de constatar su existencia.
Se supone que la oscuridad es nada. Una ausencia de luz. El problema surge cuando se descubre, allá por 1990, que en todo haz de luz hay puntos oscuros llamados vórtices ópticos,4 que son oscuros porque la luz se tuerce y los genera. Esos vórtices no transportan materia ni información ni energía. No son nada, pero son algo. Ocultos, están ahí. Puntos geométricos que, según los científicos del Instituto Technion, pueden viajar más rápido que la luz. No contradicen a Albert Einstein porque esos puntos no son una cosa. Son nada. Aunque es lógico deducir que ser nada es ser algo. Ahora, además, se descubre que esa nada tiene velocidad, es decir, tiene un comportamiento. Y se esconde. Existe y no existe. Una antinomia pura.
La trascendencia del descubrimiento también tiene que ver con su poder metafórico. Es como si Darth Vader hablara otra vez de la paternidad. Ahí la tenemos: la oscuridad, que desde tiempos antiguos ha representado la ignorancia, el poder oprobioso, el dolor y el sufrimiento humano, desafía a la luz que simboliza lo contrario: el saber, la bondad, la esperanza y la paz.
Desde la escuela primaria, varias generaciones de humanos hemos aprendido que no existe algo que sea más rápido que la luz, que no puede existir. E = mc². Listo. Resulta ocioso explicar la teoría de Albert Einstein al respecto, que fue probada una y otra vez y es casi tan conocida como la trama de Star Wars. Pues resulta que ahora aparecen unos científicos que, con papeles y datos incuestionables, hacen una puntualización al respecto.
¿Qué importancia tendrá esa puntualización en el futuro? Nadie lo sabe aún, ni siquiera quienes la efectuaron. Pero que haya sido divulgada en un momento en que el planeta parece a punto de reventar resulta fascinante y angustioso. ¿Servirá para fabricar algún tipo de arma? ¿Curará el cáncer? ¿Nos salvará de la extinción? Zygmunt Bauman biseló a Werner Heisenberg y dijo que la incertidumbre es la única certeza. Hay muchos humanos que trabajan sin descanso para despejar las incógnitas sobre el futuro, borrar del mapa las incertidumbres y dejarnos desnudos como al comienzo.
Vuelvo a la inquietud metafórica. Siempre vale la pena pensar en la nada, aquello que existe aunque se supone que no existe. ¿Llegará la oscuridad antes que la luz? En Nature eso no se aclara,5 aunque tal vez entre líneas deje sembrada alguna pista. El artículo me trajo a la memoria la célebre frase de Darth Vader a su hijo: “No puedes esconderte para siempre”.6
Fernando Butazzoni, periodista y escritor.
-
Michelle Starr, “Physicists Found Something That Can Move Faster Than Light: The Darkness Inside It”, Science Alert, 2026. ↩
-
Sigri Sandberg, Oda a la oscuridad, Capitán Swing, 2022. ↩
-
Para el célebre astrofísico y divulgador Neil de Grasse Tyson, “la velocidad de la oscuridad no es más que una metáfora poética” (“Is there a speed of darkness?”, science.howstuffworks.com, 2026). ↩
-
John Nye & Michael Berry, “Dislocations in wave trains”, Proceeding of Royal Society of London, Vol. 336, N° 1605, enero de 1974. ↩
-
Tomer Bucher et al., “Superluminal correlations in ensembles of optical phase singularities”, Nature, N° 651, marzo de 2026. ↩
-
El retorno del Jedi, Dir.: Richard Marquand, Lucas Films, Estados Unidos, 1983. ↩
