En ocho meses, Emmanuel Macron dejará el Palacio del Elíseo [sede de la presidencia francesa]. Y ya, siguiendo la tradición del periodismo político, como si una hora de disidencia pudiera compensar una década de obsequiosidad, las críticas no se hacen esperar. The Economist se burla ahora de este “patito feo” cuando antes lo había presentado como el “salvador de Europa”. Dos cortesanos parisinos relatan en un libro “la historia de un hombre excepcional... que fracasó estrepitosamente”. Alain Minc, portavoz de las élites liberales, lo considera a su vez el “peor presidente de la Quinta República”.1
Ingratis servire nefas: “de nada sirve servir a los ingratos”. Desde 2017, Macron ha seguido en gran medida las recomendaciones del informe Minc (1994) y de la comisión presidida por Jacques Attali (2008), de la que entonces era adjunto. Se atuvo también a las de la Unión Europea y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en materia de gastos de defensa.
Más que ninguno de sus predecesores, este presidente ha despojado al Quai d’Orsay [sede del Ministerio de Relaciones Exteriores] de los vestigios de independencia que aún distinguían a la diplomacia francesa. París sigue ahora la política rusa de Kiev, la política venezolana de Washington, la política iraní de Abu Dabi, la política comercial de Berlín y carece de toda política africana luego de que los estados del Sahel expulsaran a su ejército.
Macron también ha llevado a término la transformación del Estado en un comité de salvación privado, garantizando dividendos récord para sus accionistas.2 Dentro de la UE-27, Francia es el país preferido de los fondos de cobertura, que ahora controlan miles de empresas, varias de ellas emblemáticas.3 La seguridad social ya no tiene como objetivo asignar prestaciones a cada individuo según sus necesidades, mientras que la administración pública, sistemáticamente asfixiada, se está convirtiendo en una pesadilla; por ejemplo, para los cientos de miles de contribuyentes cuyos datos fiscales acaban de filtrarse.
El presidente ejecutó con maestría las partituras del extremo centro liberal atlantista, pero en el momento equivocado. Defensor de la globalización y de la superación de la política, no logró prever el declive de la primera ni el regreso de la segunda. Desacreditado por el resurgimiento internacional de la soberanía y la planificación, su estrategia de apostar a la oferta ha fracasado. El desempleo vuelve a aumentar, el crecimiento se estanca, al igual que la participación de la industria en la producción. El déficit comercial sigue siendo elevado, al punto que la mitad de la huella de carbono nacional se explica por las emisiones importadas; debido al estado de las finanzas públicas, Francia carece tanto de bomberos como de aviones cisterna.
Así pues, estamos en un país en llamas al que Macron observa burlón desde su veloz moto acuática. Un final apropiado para una presidencia marcada por una doble huida hacia adelante. Por un lado, la causa ucraniana está siendo utilizada para movilizar a sus partidarios tras la fallida disolución de la Asamblea Nacional y para reactivar la industria de defensa europea. En nombre de la autonomía estratégica, pero, sobre todo, a riesgo de un considerable rearme alemán, o incluso de una confrontación con Rusia. Por otro lado, la reciente elección de un defensor de los derechos reaccionario y el apoyo del gobierno a la presunción de legítima defensa para las fuerzas del orden confirman el creciente control autoritario que se viene gestando desde hace varios años.
“Aquí tenemos a un hombre que ha reprimido las libertades [...] con una violencia sin precedentes [...]. Y que luego anda diciendo que Marine Le Pen es un peligro para las libertades individuales y la democracia”, consideraba hace cinco años en Le Figaro la propia favorita para las próximas elecciones presidenciales. “Causa risa”. La noche del 7 de mayo de 2017, Macron declaró lo siguiente sobre los votantes de Le Pen: “Haré todo lo posible para que ya no tengan motivo alguno de votar por extremistas”. Dos mandatos presidenciales después, el resultado está a la vista.
Grégory Rzepski, redacción de Le Monde diplomatique (París). Traducción: Le Monde diplomatique, edición Uruguay.
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The Economist, Londres, 8-1-2026; Nicolas Domenach y Maurice Szafran, “Néron à l’Élysée. Comment il a tout gâché”, Albin Michel, París, 2026; Alain Minc en L’Express, París, 7-10-2025. ↩
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Ver Pierre Rimbert y Grégory Rzepski, “Le Comité de salut privé”, Le Monde diplomatique, París, setiembre de 2022. ↩
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Emmanuel Mandon y Aurélie Trouvé, informe en nombre de la comisión de investigación sobre la depredación de la capacidad productiva francesa por parte de los fondos de cobertura, Asamblea Nacional, París, presentado el 9-6-2026. ↩
