El tridente. De Antonio Ladra. Fin de Siglo; Montevideo, 2026. 244 páginas, 890 pesos.
Este libro puede leerse en sintonía con Máxima pureza, que se reseña en esta misma edición. Si Butazzoni se para junto al volcán y hunde el bisturí a fondo en la metafísica de la droga –dándonos un gran ejercicio de periodismo introspectivo y gonzo al mismo tiempo–, Ladra se interna en el magma que está en el origen de lo que se ve, que es la lava. Ese líquido viscoso, denso y espeso, que quema como un plástico derretido, es lo que aparece en cada titular de noticia. Como si hubiera salido de ninguna parte. Pero vaya si se cocinó en la corteza más profunda de esta muesca fisiográfica levemente ondulada y aparentemente sin volcanes. Ahí es que trabaja Ladra, como un paciente geólogo.
A juzgar por la tapa, el tridente son los nombres del subtítulo: [Sebastián] Marset, [Luis Alberto] Betito Suárez y [Luis Fernando] Fernández Albín. Trata, en síntesis, sobre el poder narco en Uruguay. Pero habla también de otros tridentes. “Las tres C” del destino de los adolescentes que se involucran en el mundo del tráfico: cuneta, cárcel o Cristo. Las tres debilidades que nacen de las supuestas fortalezas del país: la autopercepción autocomplaciente de una excepcionalidad uruguaya, el modo en que el mundo ve/veía a Uruguay como un país sin luces naranjas de alerta, la falta de controles ante el origen de los dineros por una concepción casi religiosa del secreto bancario. O la tríada de territorio, relatos y vocaciones que sostienen la narcocultura. Por supuesto que hay tridentes positivos en el libro, como el que formaron en su tiempo Jorge Vázquez como subsecretario del Ministerio del Interior en la represión a los grandes cargamentos, Ricardo Gil Iribarne como secretario Antilavado de Presidencia para seguir la pista del dinero y Milton Romani como secretario general de la Junta Nacional de Drogas en la pata social.
Ladra llega lejos cuando busca antecedentes. No se olvida del desembarco de la secta Moon en tiempos de la dictadura y su aprovechamiento de la estructura financiera del país para lavar y autofinanciarse hasta el final del Banco de Crédito y sus empresas asociadas. Tampoco del bizarro carácter de gran exportador de oro de un territorio sin minas rentables, que dio lugar a la trama del Cambio Italia en 1989 que terminó con su factótum purgando condena de 500 años en Estados Unidos. Repasa tropiezos varios del sistema político en los albores del lavado de narcodólares y llega a la actualidad con la estafa de Conexión Ganadera. Por supuesto, analiza la operativa de los tres nombres que anuncia en la portada y pasa por el inevitable recuento del ciclo de las bocas y su mayor exposición mediática que el problema del gran tráfico.
La principal virtud de este libro, además de muchos momentos de medida belleza en la escritura, es su capacidad para hilar todos los hilos de la trama. Esa acción textil –el periodismo implica, además de la reportería, tejer un esquema a partir de datos y ordenar los colores para que el dibujo aparezca a los ojos del público– se complementa con el carácter ensayístico que cuestiona los peligros de mirarnos en el espejo deformado de la Suiza de América.
