Pewtun tiene 4 años y está rodeada de niños, niñas y mujeres adultas que la observan atentamente. Mueve las manos e intenta mirar a cada uno a los ojos. Forman un círculo en la Ruka Newen Mapu. Pewtun dice: «El chanchito estaba en el árbol comiendo una manzana, se afirmaba bien fuerte pero después se cayó. Y se salvó. Quedó paradito en una carreta». Está en un taller de sueños. Desde muy pequeña se acostumbró a compartirlos con sus personas cercanas. El video la muestra con una trenza, el flequillo sobre la frente y una mirada que parece ver lo que va narrando. Ahora tiene 28 años y recibió ese video vía Whatsapp.

«Nos reíamos porque decían que yo era la que la hacía más larga. Y es que cuando son sueños reales que te vienen a dar un mensaje te los acordás con mucho detalle», comparte ahora con Lento.

Vive en el lof (comunidad) mapuche Newen Mapu de la Confederación Mapuche de Neuquén, en el norte de la Patagonia argentina. Es arquitecta, pero sobre todo amulzugufe (comunicadora), el rol que cumple en su comunidad. Además es una entusiasta de los sueños. Desde pequeña sueña mucho y trata de entenderlos e interpretarlos. Sus padres tardaron un año en inscribirla en el Registro Nacional de las Personas porque el organismo no quería admitirles el nombre que habían elegido: Pewtun. Finalmente lo lograron. Significa «volver a verse» y comparte la raíz con otra palabra: pewma.

Pew significa «ver» en mapudungun, la lengua mapuche. Y el pewma, para esta cosmovisión, es un sueño que viene a traer conocimiento (kimün). A veces es premonitorio: quien sueña ve una escena que luego, en su interpretación, trae información sobre el futuro. Su objetivo generalmente es advertir o prevenir, pero también implica la transmisión de saberes o una especie de guía para entender qué hacer en el presente. No todos los sueños son pewma.

Pewtun nació en una comunidad mapuche emplazada en el centro de una ciudad. Su padre es el lonko (autoridad) del lof, Jorge Nahuel, y desde chica aprendió la importancia de hablar sobre los sueños.

«Nos sentábamos en una ronda y hablábamos. Se vivía con mucha naturalidad. Teníamos ese espacio de sentirnos libres, de contar lo que queríamos y que no se nos reprimiera. Estaba esa confianza entre mayores y niños y ahí te iban enseñando».

A diferencia de los mayores de su lof, Pewtun se crio en un espacio donde la cultura de su pueblo se encontraba fortalecida. «Más allá de ser mapuche de ciudad, tuve la fortuna de nacer en un contexto en donde estaba muy contenida por la cosmovisión mapuche, los conocimientos, la espiritualidad y los cuidados. Hubo toda una recuperación de nuestros mayores, que pudieron empezar a aplicarlo en nuestra crianza».

El proceso del que habla se dio cuatro décadas atrás, cuando todavía Pewtun no había nacido. Unas 100 personas de familias mapuches (Piciñan, Wijipan, Kañiukura, Nawel, Quilaleo, Castro, Ñancucheo, Cayul, Pilquiñan, Quilapan, Antiñir) decidieron recuperar su forma de vida en comunidad y el 1 de mayo de 1983 fundaron el lof Newen Mapu.

Una de sus impulsoras fue María Piciñan, junto con sus hermanos. Hoy tiene 59 años y es pijañ kvse (autoridad filosófica de su lof). Nació en la comunidad Chiuquillihuin, a unos 45 kilómetros de Junín de los Andes, cerca del volcán Lanín, pero solo vivió allí hasta sus 9 años, cuando comenzó la última dictadura civil militar. «Cerraron todas las escuelas de las comunidades para que estén al servicio de los militares y eso hizo que obligaran a nuestros padres a que nos manden a una escuela al albergue», le cuenta a Lento. Los recuerdos de su infancia son pocos. «Pero sí tengo como base fundamental de mi vida haberme criado con una madre muy fortalecida en su identidad, que además tenía un rol muy importante en las ceremonias que realizaba la comunidad. Ella nos transmitió todo lo que pudo».

La comunidad en la que vivía continúa en pie, pero a través de los años se hizo cada vez más pequeña. «En la provincia de Neuquén, los gobiernos de turno van rifando los territorios al mejor postor, nunca reconociendo que aquí hay un pueblo preexistente al Estado. Una de las razones por la cual la mayoría de los mapuches se vienen de sus lugares de origen es porque ya no les queda territorio para desarrollarse. Los padres viven en un territorio muy pobre y muy pequeño. Eso hace que los hijos no puedan visibilizar un futuro en ese espacio».

Ceremonia a orillas del lago Mascardi, Río Negro.

Ceremonia a orillas del lago Mascardi, Río Negro.

Cuando salió del albergue, María fue a vivir a la casa de su hermano mayor, en la ciudad de Neuquén, junto con otras tres hermanas. Pero la urbanidad tampoco le ofreció mayores posibilidades. «Cuando un mapuche va a la ciudad va a reforzar las villas miserias. Con mucha suerte sos empleada doméstica o albañil. Estudiar y trabajar es imposible en una ciudad en la que hasta hoy padecemos no tener luz, gas, agua».

Recordar quiénes somos

En la provincia de Neuquén, unas 54.436 personas se reconocieron indígenas o descendientes de pueblos originarios en el censo de 2022. Representan a 7,7% de la población total y la mayoría pertenece al pueblo mapuche. Sin embargo, la zona urbana concentra la mayor proporción. El departamento de Confluencia, que incluye a la ciudad capital y algunas localidades vecinas, concentra más de 47% de la población indígena de la provincia.

«Vivían miles de mapuches, pero parecía que no existían. La discriminación y la vergüenza hacían que ninguno quisiera mostrarse como mapuche», cuenta María sobre su adolescencia en la ciudad. Su padre había fallecido y su madre seguía viviendo en la comunidad. Eran nueve hermanos. Los mayores visitaron a su madre el tiempo que pudieron —también murió joven— y decidieron transmitir todo lo que habían aprendido de ella a los más pequeños. «Cuando nosotros llegamos a Neuquén creíamos que no sabíamos nada. Es como que se hubiera borrado de nuestro cerebro todo lo que vivimos. Nos desesperaba y así empezamos a investigar, a ir a las comunidades, a ver a los mayores. Empezamos a recordar cosas que parecía que se habían borrado. Así como estábamos nosotros había muchísimos otros mapuches, así que empezamos a reunirnos, a generar las condiciones para fortalecer nuestra identidad, y así fuimos recuperando», dice María.

Actualmente, el lof Newen Mapu al que pertenecen María y Pewtun cuenta con el Centro de Educación Mapuche Norgvbamtuleayin, en el centro de la ciudad, y con un territorio de 25 hectáreas a 13 kilómetros de allí que solicitaron al municipio para poder practicar la vida comunitaria.

Para María es difícil hablar del pewma. Le preocupa cuando hay muchas notas periodísticas o videos en los que se mezclan nociones de su cultura con «una visión evangelizadora de nuestra filosofía de vida». Es decir, cuando sus prácticas son narradas desde ópticas coloniales. Además reconoce que se encuentran en un proceso de recuperación de sus saberes. Aún falta mucho por aprender, pero propone un comienzo: «Hablar del pewma es hablar de nuestra vida en general».

—Nosotros como mapuches nos sentimos un elemento más del territorio. Somos una energía, al igual que el árbol, las montañas, los ríos, los animales. Todas diferentes, ninguna superior a la otra. Esas energías deben estar completamente interrelacionadas e intercomunicadas. Eso lo hace posible nuestro idioma y lo concebimos a través de las ceremonias y la relación de las personas con esas energías. Además, hay algo que nos ayuda a mantener, cuidar y proteger nuestra energía que es el ngen [«espíritu»]. Existen millones de ngen y tienen el rol de mantener el equilibrio entre las diferentes áreas. Esa interrelación que existe entre los distintos orígenes que habitan el territorio hace posible la comunicación. Entre esas comunicaciones está el pewma, que es una forma de estar intercomunicado con cada una de las energías. Los sueños son los que nos transmiten cómo debemos mantener el equilibrio con toda la naturaleza. Por eso son tan importantes para nosotros.

—¿Qué tipo de comunicación propone el pewma?

—Los sueños transmiten señales, avisan que algo está por ocurrir. Pueden ser cuestiones muy buenas o no tan buenas. Los sueños son para prevenir. Si vos lográs entender un sueño, vas a entender qué te están diciendo: pará un poco, andá despacio, quedate hoy, no hagas tal cosa, vas a enfermarte o vas a recibir noticias de otro. El sueño tiene esa importancia de vincularnos a nosotros permanentemente con las demás energías: ¿qué nos quieren decir? ¿De qué nos quieren corregir? ¿Qué nos quieren avisar?

Atardecer sobre el alto río Chubut.

Atardecer sobre el alto río Chubut.

El pewma para la cosmovisión mapuche es, como decía María, un tipo de comunicación entre otros. «Toda esa forma que tenemos de entender los sueños ocurre exactamente con cada animal, cada planta, cada montaña. Un cerro tiene un montón de sonidos. El mapuche que está fortalecido en su identidad tiene que saber interpretar por qué suena ese sonido. El comportamiento de los pájaros también nos da señales: si hoy tengo un viaje que hacer, me comunico con cada uno de los elementos de la naturaleza para saber si tengo que viajar o no. Si conozco a los animales de mi territorio, ellos van a orientarme para saber qué hacer y qué no hacer».

¿Quiénes transmiten esos conocimientos a través de los sueños? Ahora es Pewtun la que responde: «Nosotros convivimos con una diversidad de vidas. No solamente tienen injerencia quienes vivieron antes y hoy ya no están, sino todo lo que no se ve. Incluso gente que estuvo antes viviendo en este lugar. O capaz que es un ngen que se presenta como una persona, pero no es una persona necesariamente».

La bisabuela de Pewtun fue machi, una autoridad espiritual y medicinal del pueblo mapuche. Su abuela, que hoy tiene 84 años, sueña mucho con ella. «Su mamá se le aparece a través de sueños y la ordena». Cuenta Pewtun que con los años su abuela se cansó de hablar de ciertos temas vinculados a la cultura mapuche y que a veces no sigue algunas prácticas, como usar la vestimenta mapuche después de una ceremonia. «Pero al otro día viene hecha una seda, con la vestimenta puesta y con ganas de contar porque en el sueño su mamá la retó. Es impresionante porque mi bisabuela murió hace más de 30 años y sigue presente entre nosotros».

Entre los muchos sueños que recuerda Pewtun hay uno que le despertó sensaciones que hasta hoy tiene muy presentes. Se dio en un momento en el que tenía sueños recurrentes con lunas gigantes, en las que podía ver los cráteres como especies de volcanes. Incluso había consultado a una machi, que le dijo que soñar con lunas es soñar con conocimientos muy antiguos. Y este sueño en particular le trajo una información especial.

«Yo iba en un auto y de repente estaba directamente en el espacio exterior como se ve en las películas. Había muchas lunas flotando, estrellas gigantes y fugaces. Era como estar ahí, incluso se veía la Vía Láctea. Cuando me desperté lo primero que se me vino a la cabeza fue mi cuñada, que estaba embarazada de su primera nena. En la desesperación de tratar de entender, me puse a dibujar lo que había soñado. Dio la casualidad de que cuando lo vi terminado, había dibujado nueve lunas. Y a los nueve días nació Luz, mi sobrina».

El kultrún es un tambor que puede acompañar cantos comunes y ceremonias.

El kultrún es un tambor que puede acompañar cantos comunes y ceremonias.

Sueños compartidos

La tía de Pewtun, Fanny Meza Huencho, vive en la comunidad Santiago Lincoñir, en Padre las Casas, en el sur de Chile. Nació hace 57 años en Santiago de Chile, pero se fue a vivir allí con su familia porque su hijo es machi y está en proceso de asumir ese rol junto a otro machi que vive en esa zona. Fanny es tayilfe (quien cuenta la historia del machi a través del canto) y hace seis meses esa persona que acompaña a su hijo le indicó que iba a recibir un conocimiento en relación al pewma. «Me hizo un trabajo y en el trance me dijo que me iban a dar kimün, una sabiduría para que yo sueñe y ayude a mi machi y al que me pregunte en relación a la interpretación de los sueños», le cuenta Fanny a Lento.

Para confirmar lo que le había dicho el machi pidió que le «mandaran pewma». «Si tú preguntas o pides, ellos te contestan. Y me empezaron a llegar sueños. Cuando despiertas, lo primero de lo que te acuerdas es esa información que te envían».

En la cultura mapuche, pewmatufe es la persona que tiene el rol de interpretar los sueños. Fanny por el momento no tiene oficialmente esa vocación, pero desde que el machi le informó que iba a recibir ese kimün, de a poco va afinando su percepción y capacidad de interpretar sueños. Los machi también tienen la capacidad de hacerlo.

«Cuando vivíamos en Santiago estábamos armando un segundo piso en nuestra casa, pero yo siempre me soñaba en otro lugar. Era la casa en la que estoy viviendo ahora. Jamás me imaginé una vida en el sur con chanchos, vacas que nos rodean. Ahí el pewma me estaba avisando que iba a tener otra vida. El pewma te dice “prepárense”».

La interpretación de los sueños también se aprende y para los mapuches es fundamental que sea una acción colectiva. Para ello hay una rutina.

«Cuando se trata de un sueño que viene a decirnos algo, lo primero que hacemos al levantarnos es una pequeña ceremonia para pedir que ese sueño se vaya a otro lado en donde no le haga daño a nadie, que esas fuerzas se lleven el sueño para que no se haga realidad. Después tenés que contárselo a tu familia para que entiendan que ellos también se deben cuidar. Si es un sueño malo, hay que esperar que pase el mediodía para contarlo. A la mañana tenemos muchas energías que se renuevan en la noche. La idea es que el sueño no se apodere de esas energías. Si es un sueño bueno, lo contás a la mañana para que tome esas energías renovadas y se convierta en realidad», comparte María Piciñan.

Un sueño no significa lo mismo para una familia que para otra. «Los sueños están ligados a tu territorio, a tu origen familiar, a la forma de vivencia que tuviste con tus abuelos, con tus padres», agrega María. «Eso se va transmitiendo de generación a generación».

La familia de Pewtun, incluida su tía Fanny, mantiene activo un grupo de Whatsapp en el que comparten los sueños que tuvieron para poder llegar a una interpretación en conjunto. «A veces es gracioso porque todos tenemos más o menos la percepción afilada por tener esta parte espiritual y participamos mucho. Por ejemplo, cuando soñás que se te cae una muela es porque probablemente algo le va a pasar a un abuelo o una abuela. Algo no necesariamente negativo. Y ahí todos empezamos: “¿Qué va a pasar?”. “¡No sé!”. “¡No sé!”. Es medio tragicómico».

Unas semanas atrás, una mujer que empezó a formar parte de la comunidad hace pocos años le compartió a Pewtun una preocupación. Ella desearía transmitirle conocimientos sobre la interpretación de sueños a su hijo, pero a la vez considera que algunas cosas podrían ser muy fuertes para él.

Lilen Morales es _machil_ y está en proceso de formación para ser _machi_.

Lilen Morales es machil y está en proceso de formación para ser machi.

«A mí nunca me dijeron algo que me haga mal o me traume de alguna forma. Seguramente los mayores lo lograron transmitir de una forma que yo como niña lo entendiera y no me asustarme, pero sin negarme el conocimiento», piensa Pewtun. Además comparte que en la cosmovisión mapuche los niños «no valen menos» por tener menos experiencias que los adultos. «No es exactamente lo mismo porque claramente no tiene el mismo conocimiento un niño de 8 años que una anciana de 80, pero sí tiene una importancia. Es una persona que tranquilamente puede ser canal de este terreno espiritual con el espacio terrenal».

El conocimiento sobre los sueños es parte de la crianza de las infancias mapuches. «Es fundamental tomarnos el tiempo de levantarnos y contar los sueños que tenemos», dice María. «Frente a una vida que va tan rápido, donde no alcanza el tiempo, nosotros como mapuches estamos en un proceso de parar un poco y encontrar esos espacios. Hablar con nuestros niños y niñas de los sueños es una manera de transmitir conocimiento. Tener un sueño feo te genera preocupación todo el día. Contarlo y compartirlo con otros permite que no te quedes vos solo con esa sensación. Es una forma de conexión con tu propia familia».

Los sueños como lugares de encuentro. En la vigilia, pero también en el plano onírico. «Una vez soñé que me venía escapando de algo malo y me escondía en una cueva y me quedaba dormida. Cuando me despertaba había tres viejitas vestidas con ropa mapuche alrededor de un fuego. Yo me levanté y me acerqué a ellas. Eran mi abuela, mi bisabuela y mi tatarabuela. Me compartieron un mate y me invitaron a sentarme alrededor del fuego».

Agustina Ramos (Buenos Aires, 1996) es periodista y se dedica a temas vinculados al género y de interés general. Trabaja en la agencia Presentes y en medios públicos de Argentina.