«Soy una criatura inocente en un mundo pervertido». Es una imagen, pero también es un texto. Un hombre dibujado con palitos procedente de esa primera generación de memes que daban el salto desde la marginalidad de los foros de internet a las redes sociales, a principios de 2010. El mensaje fue colocado por Pablo Daniel Rodríguez Laurta el 13 de setiembre de 2014 en su cuenta de Facebook. En realidad es una respuesta. El 20 de agosto Laurta había cambiado su foto de perfil. Pasó de una imagen con un grupo de amigos a otra en la que estaba solo, a contraluz, con pelo corto, lentes negros, barba candado, camisa y saco, acodado sobre una superficie que no llega a verse y con la cabeza hacia un lado, recostada sobre su brazo.
Esa foto recibió un comentario y sobre ella empezó una charla, de pocos mensajes, pero extendida a lo largo de dos meses, como emulando un intercambio de correspondencia en el siglo XX. El 5 de setiembre alguien observó un cambio de actitud en esa nueva imagen, un cambio que, quizá, no le parecía tan orgánico. «Un capo de la mafia, Bill Gates o Steve Jobs, no Pablo Laurta», le comentó. Ahí fue cuando Laurta respondió con el meme, recién el día 13. La charla se interrumpió hasta el 3 de noviembre, cuando su interlocutor insistió, profundizando en la búsqueda de esa nueva imagen: «Un intelectual existencialista de París de los años de la posguerra del 1939. Seguramente, gracias a Dios, un mal alumno de Sartre». «Tiempos complicados, esos, para la intelectualidad europea», respondió Laurta, entonces de 28 años, al día siguiente.
El hombre que le devolvía los mensajes en Facebook era Jorge Charleta Guldenzoph, referente en Uruguay de la Iglesia de la Unificación. Hoy considerada una secta en distintas partes del mundo, esa organización fue fundada por el surcoreano Sun Myung Moon y fue un actor religioso clave en la represión al comunismo desde mediados de los años sesenta. Para 2014, cuando charlaba con Laurta a través de Facebook, Guldenzoph ya organizaba eventos como presidente de la Conferencia del Liderazgo del Uruguay, una asociación civil que desde hace décadas levanta la bandera de los valores del pasado contra «la decadencia del presente», dando una «batalla ideológica y cultural» a través de la defensa de principios y valores como el «natural modelo familiar» del matrimonio entre hombre y mujer.
En 2024 Guldenzoph fue condenado a diez años de prisión por privación de libertad, abuso de autoridad contra los detenidos y lesiones graves. Sus víctimas fueron miembros de la Unión de Juventudes Comunistas entre 1974 y 1983, durante la dictadura. Desde octubre de 2025, Laurta, reconvertido en una suerte de referente de esa batalla cultural en nuestro país, en particular contra el activismo feminista a través de la plataforma Varones Unidos, está preso en una cárcel de Gualeguaychú, Argentina, imputado por los femicidios de su expareja, Luna Giardina, y de su exsuegra, Mariel Zamudio, además del homicidio del chofer Martín Palacio. En febrero se agregó una causa por posesión de material de abuso sexual infantil, hallado en su celular.
El 12 de octubre de 2025, sobre el mediodía, se conoció la noticia de los asesinatos de Giardina y Zamudio y de la desaparición de Palacio y también de Pedro, hijo de Giardina y Laurta, quien vivía con su madre en Córdoba. Pasaron menos de 120 minutos entre que se difundió el nombre del principal sospechoso y que los principales portales de noticias en Uruguay y Argentina publicaran notas del estilo «quién es Pablo Laurta». Dos factores colaboraron a que esto pasara: tanto activistas feministas como periodistas llevaban años denunciando al movimiento cofundado y liderado por el doble femicida y él mismo dejó una huella digital amplia, gracias a su recorrido en internet, sus vínculos con la política uruguaya y su participación en medios de comunicación. La rápida difusión de su imagen a través de las redes sociales y la activación de una alerta policial para este tipo de casos en la vecina orilla permitieron dar con el paradero del criminal y rescatar al niño.
El recorrido de Laurta es uno de radicalización sin freno, una escalera laberíntica en la que solo se puede ir hacia abajo para ver cómo se profundizaron prejuicios, relaciones, creencias y argumentos cada vez más extremos, de esos que empezaron en los márgenes de internet, escalaron a las redes sociales y de a poco fueron saltando a la esfera pública. En este texto vamos a bajar por esa escalera.
El tuitero
A finales de los años ochenta, con una democracia todavía muy nueva, apareció un nuevo partido. Se llamaba Movimiento de Liberación Masculina y prometía que, votando a la lista 69, llevaría a la presidencia de la república a Omar Freire, un hombre que se consideraba «indigente sexual» y postulaba que, así como era necesario aplicar medidas de emergencia económica para quienes más lo necesitaban, también se necesitaba implementar un plan de emergencia sexual para los hombres.
En los noventa, la imagen de Freire atrajo la atención de algunos medios de comunicación de la época, que cubrieron algunas de sus poco concurridas actividades. Las propuestas de Freire cruzaron el charco y lo llevaron a sentarse en el living de Susana Giménez —cuando Susana era Hola, Susana— para contarle sus ideas sobre cómo se debía someter a las mujeres a otorgar un servicio sexual obligatorio para los varones más necesitados. Sin embargo, las propuestas de Freire no tuvieron repercusión en la población. En aquella época, los candidatos excéntricos que salían en la tele eran solo excéntricos que salían en la tele.
En 2013 apareció una cuenta en Twitter adjudicada a Omar Freire. Los tuiteros de esa época lo tomamos igual que los medios de comunicación en los años noventa. Uno de esos tuiteros era yo. Otro era Pablo Laurta. Laurta y yo nos seguíamos en Twitter.
Como era costumbre en esa época, Laurta no usaba su nombre real. De hecho, cambiaba de usuario y cuenta muy seguido. Es difícil de explicar para quienes no vivieron esa etapa de la red social —es decir, la mayor parte de la población uruguaya—, pero el tipo de humor que se hacía allí en esos tiempos empujaba la vara cada vez más hacia lo incorrecto.
Hasta el día que apareció la cuenta adjudicada a Freire, los tuits de Laurta parecían enmarcados en esa suerte de microclima de época de la micronación tuitera. Pero ese día empecé a leer sus tuits de otra manera. Laurta era el único que no hablaba del que para todos era un excandidato excéntrico que había salido en la tele como el excéntrico que había salido en la tele. No parecía que buscara correr una vara del humor, parecía que ya no había vara, que ya no había humor. Los chistes se convirtieron en manifiestos y lo que al principio era ver quién se ríe y quién se enoja pasó a ser una búsqueda por quién se afiliaba a sus pensamientos.
Con el paso de los años, Laurta hizo público su perfil en Twitter, ahora X. Usaba nombre y apellido, pero siguió con los cambios en su usuario. La última vez fue en 2022, cuando se empezó a llamar @tauramanso; taura manso es un término que aparece en el tango «Dicen que dicen», escrito por Alberto Ballestero, que cuenta la historia de un hombre que mata a su esposa. «Hay que tener cuidado con quién admirás, la gente rara vez es quien parece, especialmente quienes más buscan llamar la atención», se puede leer en uno de sus últimos posteos.
Internet roto
En América Latina aún no era un sonido claro, pero a principios de 2010 ya se escuchaban tambores sonando en lo profundo de internet. En los márgenes digitales ya existía la comunidad de «célibes involuntarios» o incels, hombres que se autodefinen como incapaces de tener relaciones románticas o sexuales, según ellos por factores físicos o sociales, y que responsabilizan a las mujeres por ello. Muchos incels terminan entrando en círculos de pensamiento cada vez más radicalizados y vinculándose entre sí a través de teorías conspirativas. Quizá nunca conocieron a Omar Freire. Quizá él nunca escuchó hablar de ellos. Pero sus pensamientos son muy similares.
Diego Soler es ingeniero en informática y podcaster. En el pódcast El cisne más negro, entre 2021 y 2022 fue construyendo una cronología sobre «cómo se rompió internet», algo que él define como el cruce de una «frontera» desde que la red «prometía posibilidades infinitas y unirnos a todos en una humanidad más grande y más feliz» hasta la actualidad, en que «ha fallado en esa promesa».
Para Soler, «el factor de fondo entre todas las comunidades que se desarrollan y crecen o maduran a través de la teoría de la conspiración tiene muchísimo que ver con una angustia esencial. Siempre hay algún deseo no satisfecho, algún deseo no resuelto, algún problema que no está cerrando del todo». «Puede ser que tengo menos trabajo, que me prometieron una vida que finalmente no tuve, puede ser que mis padres trabajaban lo mismo que trabajo yo y tenían una casa y una casa en la playa, pero yo apenas puedo alquilar un monoambiente. Puede ser cualquiera de esas cosas», le dice a Lento. «Muchas veces las desgracias o las postergaciones ocurren simplemente porque ocurren, pero es muy descorazonador pensar que estamos a merced de sistemas que no podemos controlar o de circunstancias que están más allá de nuestro control. Esa angustia solo se profundiza porque no hay salida, no hay escape posible», plantea. Entonces, estos grupos se encuentran en internet y «buscan algún enemigo en concreto». «Eso da una narrativa clara, da una explicación, define claramente un grupo de buenos y malos. Al tenerlo definido, puedo pelear contra los malos», explica.
Soler también encuentra un componente lúdico en las teorías de la conspiración que colabora a que estas comunidades se desarrollen e interactúen entre sí. «La teoría de la conspiración siempre tiene que ver con fuerzas ocultas, ese villano invisible que está tirando de la piola, entre las sombras. Y saber ver las señales que apuntan a la existencia de ese villano invisible implica un ejercicio de decodificación. Tiene algo de detectivesco, de buscar pistas en nuestro mundo y de buscar conexiones» para revelar a los conspiradores, señala. Y ese juego «te convierte en un actor, en alguien que está ejecutando acciones para desenmascarar a ese grupo maligno que se está oponiendo a la gente buena».
A su vez, al meterse cada vez más profundo en estas teorías, esas personas «van quedando cada vez más aisladas, van quedando cada vez más solas y en la medida en que quedan más solas, quedan acompañadas solo por el grupo de gente de su mismo tipo. Entonces, de a poco entre ellas se van radicalizando», advierte Soler.
En sus primeros años tuiteros, Laurta ya había empezado a trabajar en lo que sería Vcontenidos, su agencia de marketing digital. Conocía el funcionamiento de internet a la perfección y se especializaba en la optimización de motores de búsqueda o SEO, técnicas que se utilizan para que un sitio web salga mejor posicionado en buscadores como Google. Hasta que Google incorporó la inteligencia artificial Gemini, era muy común que, al preguntarle al buscador por cálculos de licencia, aguinaldo o liquidaciones, apareciera en los primeros lugares el sitio web ahorrar.com.uy. Ese sitio era gestionado por Laurta.
Laurta cofundó Varones Unidos en 2015, junto con Esteban Wurch y Miguel Ángel Graña. En su manifiesto, el movimiento afirmaba que lucharía contra la «misandria», que describía como «la promoción del odio a los varones y la implementación de políticas abusivas, predatorias o discriminatorias contra el varón». Para esto, quería «incorporar la perspectiva masculina a las discusiones de género», porque entendía que estas dejaban de lado «problemáticas que afectan mayormente o con características especiales al sexo masculino». Entre estas problemáticas el grupo incluía los suicidios, el «fraude parental», el aislamiento social, la «discriminación judicial», la indigencia, los accidentes laborales y la pornografía.
Laurta también gestionaba los contenidos de Varones Unidos en su sitio web. Hasta octubre de 2025, cuando la página fue suspendida, artículos como «Un argumento contra la educación sexual formal» y «Lo dejaron ocho meses sin ver a la hija por pedir la custodia» se intercalaban con otros del estilo «Las tres reparaciones de tu auto que debes saber hacer» y «Siete consejos para conocer chicas por Instagram». El usuario entraba buscando cómo hacer un cambio de aceite y salía con argumentos contra la enseñanza de educación sexual en las escuelas. Todo unido por artículos con fuentes de origen dudoso, la idea de poderes superiores cooptados por el marxismo o el feminismo y una defensa de la manosfera, el ecosistema digital de comunidades masculinistas misóginas.
Poder digital
La primera cuenta en Twitter de Varones Unidos, que fue suspendida en algún momento de 2023, llegó a superar los 12.000 seguidores. Su página de Facebook, que al cierre de esta edición seguía activa, tiene más de 100.000, casi diez veces más. Con Laurta a la cabeza, los líderes del movimiento eran conscientes de que se estaban haciendo un nombre en la virtualidad y decidieron que sus fieles también se convirtieran en soldados. La batalla cultural, en internet, se libraba con memes.
Crearon un grupo de WhatsApp y otro de Facebook. Los llamaron «Meme factory». Allí creaban, desarrollaban, distribuían y seleccionaban a sus objetivos, que principalmente eran feministas e integrantes de la comunidad LGBT, pero también militantes de izquierda, activistas contra la gordofobia y antirracistas.
Empezaron a llegar invitaciones. Eran contactados para dar «la otra campana» de las consignas feministas en medios de comunicación. En 2017 Laurta y Wurch participaron en un móvil en Teledoce manifestando su oposición al —entonces— proyecto de ley integral de violencia de género.
Laurta representó a Varones Unidos en un debate en el canal 4 en el marco del Día Internacional de la Mujer. Del otro lado estaba Lucía Vázquez, comunicadora y en ese momento integrante del Encuentro de Feministas Diversas. Vázquez recuerda que hubo una discusión dentro del colectivo, porque había quienes consideraban que Varones Unidos era una organización «radicalizada» y no sabían si valdría la pena participar.
Vázquez había visto a Laurta en Twitter, pero no se conocían personalmente. De ese debate —que ya no está disponible en la web del canal— recuerda que Laurta era «muy contundente en sus palabras» durante el aire y al hablar siempre se dirigía al conductor o a los panelistas. En su opinión, el debate fue desigual desde el inicio: «Él tenía bastante tiempo para desarrollar sus opiniones sobre las preguntas que nos hacían a ambos, sin embargo, yo empezaba a hablar y me cortaban».
Fuera del aire no intercambiaron palabras. «No me saludó cuando llegué ni al terminar el bloque», dice Vázquez. Pero en Twitter, la situación cambió: «En redes sociales me dijo “gorda” e hizo burlas sobre mi peso varias veces» luego del debate.
Denuncias falsas
La politóloga Soledad González, especializada en feminismo y violencia de género, era una de las mujeres que Varones Unidos acusaba de ser «misándricas». «Fui objetivo de sus ataques permanentes por ser una de las caras visibles dentro del movimiento feminista, dentro de las que hemos luchado e impulsado una ley integral contra la violencia de género, leyes de femicidio o pedidos de recursos» para que estas leyes tengan financiación, le relató a Lento.
La politóloga reconoce que organizaciones como Varones Unidos han tenido un relativo éxito en instalar algunas de sus teorías conspirativas. Su principal victoria es la de las denuncias falsas por violencia de género o abuso sexual. «Esto de las denuncias falsas fue un mérito de este tipo de organizaciones, lograron instalarlo», sentencia. «Las denuncias falsas han ocupado un lugar central en los medios de comunicación», concluyó.
Una encuesta de la Usina de Percepción Ciudadana publicada en la diaria en junio de 2025 señaló que 42% de las personas consultadas considera que existen «bastantes» denuncias falsas por violencia de género en nuestro país, y otro 10% entiende que «la mayoría» de estas denuncias son falsas. Otra pregunta de ese mismo estudio reveló que, entre quienes respondieron que existen denuncias falsas, 56% cree que estas están motivadas por «venganza hacia la pareja o expareja», 21% que se hacen «buscando una indemnización económica» y 12% porque se quiere «obstruir el vínculo con los hijos» en común.
Consultada al respecto, González ve dos factores para el éxito de esta teoría. Uno es el «sentido común machista, que es con el que todos hemos sido socializados, hombres y mujeres». El otro es que «todavía no distinguimos exactamente qué es la violencia de género, cuándo hay violencia de género y cuándo no la hay». González agrega: «Yo no tengo dudas de que hay hombres que son denunciados y que ignoran que estaban ejerciendo violencia. De verdad lo ignoran, porque siempre se comportaron así y siempre creyeron que la forma como se comportaban estaba bien».
Pero ¿qué dicen las investigaciones en Uruguay sobre las denuncias falsas? En primer lugar está un informe del Observatorio Justicia y Legislación de la Facultad de Derecho de la Universidad de la República, entregado a la Cámara de Diputados en 2023 y ampliado en 2024, en el que se analizan las repercusiones de la Ley de Violencia hacia las Mujeres Basada en Género, vigente desde 2018. La primera versión del estudio advirtió que se detectaron dificultades para hacer un seguimiento de las denuncias debido a la situación de vulnerabilidad en que se encuentra la población con la que se trabaja en estos casos. También alertó que los problemas de comunicación entre la fiscalía y los juzgados de familia «en ocasiones pueden haber redundado en revictimización». La ampliación de esta investigación indicó que, si bien «en algunos expedientes se encuentran situaciones que pueden ser discutibles», el estudio «no puede, por lo tanto, establecer de manera fehaciente si hay casos donde la denuncia no tenga fundamentos».
Por otro lado está la investigación hecha por la Cátedra de Género y Generaciones de la Universidad CLAEH en 2025. Esta detalla que entre 2021 y 2023 se crearon 85 expedientes judiciales con imputaciones por calumnias y simulación de delito. De ellos, uno era de violencia doméstica y otro de abuso sexual. Es decir: solo dos estaban vinculados con casos de violencia de género. En paralelo, en 35 expedientes la calumnia o simulación estaba vinculada a un hurto y en 27 a una rapiña.
A su vez, en la Base de Jurisprudencia Nacional se encontraron en 23 sentencias los términos denuncia falsa o falsa denuncia en los argumentos de las defensas, la mayoría en casos de delitos sexuales o violencia doméstica. Pero del total, en 22 la declaración de la víctima fue considerada creíble y sólida, todas las sentencias se basaron en un cúmulo de pruebas —es decir, no solo en la declaración de la víctima— y en diez de ellas la teoría de la denuncia falsa fue calificada como «débil, irrelevante o inverosímil». El alegato de la denuncia falsa «siempre fue desestimado por los tribunales en los casos relevados», concluye.
Quien sí terminó haciendo denuncias falsas fue Laurta. Tras ser acusado por Giardina y una vez que esta se trasladó a Córdoba con su hijo y su madre, Laurta radicó una denuncia contra ambas señalándolas por querer explotar sexualmente al niño. Además, utilizó la web de Varones Unidos como vidriera para impulsar esta denuncia y acusar a funcionarias de una fiscalía cordobesa de estar encubriéndolas.
Luego de su detención, el doble femicida mantuvo estas acusaciones ante la Justicia argentina. La denuncia por explotación sexual había sido desestimada, ya que jamás se encontraron indicios de esto.
«Hay una cosa que nadie imagina cuando se habla de denuncias falsas y es que los hombres violentos, antes de ser denunciados por sus parejas, muchas veces se adelantan y las denuncian a ellas. Más de una vez cuando la mujer va a denunciar se encuentra con que previamente tenía una denuncia, lo que genera todo un entuerto judicial, por supuesto, y la vulneración para ella. Se trata de una nueva forma de violencia sobre esa mujer que ya está siendo violentada», destaca Soledad González.
Los amigos del poder
La actividad de Varones Unidos en las redes sociales llevó a este grupo a acercarse a organizaciones con líneas de pensamiento similares. El 8 de marzo de 2018 organizaron una actividad por el Día Internacional de la Mujer en la plaza Gomensoro a la que acudieron 80 personas, según informó Búsqueda.
En la actividad participaron Varones Unidos junto con el colectivo A Mis Hijos No los Tocan y la ONG Stop Abuso Uruguay. Entre los oradores estaba Nicolás Quintana, hoy líder de La Libertad Avanza Uruguay, que busca trasladar las ideas del presidente argentino, Javier Milei, a las próximas elecciones uruguayas.
Laurta fue otro de los oradores. Allí dio un discurso en el que dijo que la mujer «tomó la decisión de invertir en el futuro, de crear el futuro, a través de la maternidad», y destacó «a las mujeres que quieren demostrar con sus méritos que tienen y merecen lo que se les da». «No son las mujeres que arman berrinches ni que están en 18 de Julio protestando contra enemigos imaginarios. No hay ninguna corporación ni hay ninguna conspiración de hombres para oprimir a las mujeres. Los hombres estamos esperando mujeres que nos inspiren amor, mujeres que nos inspiren cariño», sostuvo.
En ese acto estaba presente el entonces diputado del Partido Nacional Pablo Abdala. En declaraciones a Búsqueda, Abdala dijo que estaba allí porque no compartía el concepto de patriarcado ni sentía que existiera un machismo enfermizo. Meses después se reunió con algunos de los oradores de esa jornada, Laurta entre ellos, para manifestarles su apoyo a un proyecto de ley de tiempo equitativo, un antecedente de lo que años después fue la ley de tenencia compartida.
Ese mismo año, Varones Unidos organizó al menos dos eventos en salas del anexo del Palacio Legislativo, en ambos casos pedidas por el también diputado nacionalista Rodrigo Goñi. En uno de los eventos, Goñi le dijo a El País que pidió la sala para una «conferencia internacional sobre familia y género», aunque en la web del Palacio Legislativo decía que sería una «charla sobre paternidad responsable». Resultó ser la presentación de El libro negro de la nueva izquierda, con la presencia de sus autores: los referentes de la ultraderecha argentina Agustín Laje y Nicolás Márquez, hoy biógrafo de Javier Milei.
En 2021, Varones Unidos participó por Zoom en una sesión de la Comisión de Constitución y Legislación del Senado para tratar el proyecto de ley de tenencia compartida. En esa ocasión estuvieron Wurch y Graña. Un año después, Laurta fue nuevamente invitado al Parlamento. La entonces diputada de Cabildo Abierto —hoy colorada— Elsa Capillera lo propuso como orador en un evento sobre democracia y libertad de expresión.
Tanto los legisladores como Quintana y la organización Stop Abuso se desmarcaron públicamente de las posiciones de Laurta una vez que se conoció su detención. También sus colegas de Varones Unidos. Miguel Ángel Graña le dijo a El Observador que cerró los tres grupos de WhatsApp del movimiento, negó conocer los episodios de violencia de Laurta contra Giardina en Uruguay y aseguró que «Varones Unidos ya no existe después de lo que pasó».
Bruno Scelza es periodista uruguayo con experiencia en prensa digital, redes sociales, fact-checking y pódcast.
