El futuro ha sido la ambientación perfecta de infinitas historias. Su carácter misterioso nos permite imaginar cualquier clase de escenarios delirantes, o jugar a adivinar el avance de la ciencia y la tecnología (te estoy mirando a ti, Verne). A la vez, es un truco para hablar en forma un poco disimulada de los temas del presente. Que son los mismos temas del pasado, aquellos que nos interesan desde que desarrollamos una inteligencia avanzada y comenzamos a desperdiciarla.
Matías Larramendi ambienta su primera novela en el futuro. Lejos parece estar de hacer un ejercicio de proyección de la especie humana y sí de crear su propio escenario delirante en el que transcurre una aventura muy uruguaya. Pese a su título, Historia oficial del carnaval intergaláctico no se presenta como un falso texto de estudio, sino como un relato de un manojo de personajes relacionados al parodismo, esa categoría del concurso oficial que en un gran giro narrativo del autor creció hasta transformarse en un espectáculo de renombre interplanetario.
Primero conocemos a Walter Daniel, una suerte de Ignatius Reilly condenado a contrabandear filosofía en charlas de un call center. Su suerte está a punto de cambiar, ya que Braulio Gómez, director de Los Caleidostrópicos y “último peludo-pelado del universo”, necesitará un cronista que siga los pormenores de la creación de su más reciente espectáculo y Walter será el elegido. El nexo entre ambos será la nave de Braulio, conocida como “la Alfredo”, dotada de una inteligencia artificial de la que nos podemos reír porque solamente afecta a un mundo de ficción.
La relación entre este trío protagónico tiene trazas de La guía del autoestopista galáctico”, de Douglas Adams, por el tono y la frecuencia con la que se cae en el disparate. Sin cambiar el registro de humor, el autor intercala la confección del nuevo show con una ceremonia casi lovecraftiana que permitirá devolver el goce a una sociedad que prefiere alimentarse con barras nutricionales sin sabor llamadas Neutralitas antes que hacerse unas milanesas.
Ese sacudón cósmico podría tener consecuencias nefastas para otras entidades, así que se forjarán alianzas en las sombras para evitar que el ritual llegue hasta su punto culminante. Un ritual que, para seguir cruzando referencias jocosas, tiene algo de la película La bestia con billones de brazos de la serie animada Futurama.
Irónicamente, para tener como centro a los parodistas, este libro no se encierra tanto en la parodia. Hay versiones futuristas de algunas atmósferas que rodean a nuestra fiesta de Momo, y la Entidad Máxima de Espectáculos Carnavaleros Intergalácticos (EMECI) es la heredera de cierta asociación con sede en la avenida Joaquín Suárez. También una breve pero quirúrgica disección de los periodistas de espectáculos. Pero el texto deja la puerta lo bastante abierta para que seguidores, curiosos, novatos y hasta cucarachas puedan seguir la lectura sin sentir que se están perdiendo de tal o cual detalle.
La prosa de Larramendi fluye más rápido que el CPU de la Alfredo y sigue el derrotero de Braulio hacia la invocación (o no) de La Cosa que devolverá la mística, el color y los excesos a un concurso que se volvió tan insípido como las Neutralitas. Bueno, puede que haya más parodia de lo que pensaba. En medio de todo eso hay una divertida escena de despido, una odisea para recuperar a la integrante más destacada de Los Caleidostrópicos y un flashback que explica por qué el director tiene un ojo biónico.
En cuanto a la edición, Tajante mantiene el estándar al que nos tiene acostumbrados, desde la portada hasta el diseño editorial, aunque hubiera preferido otra tipografía para los números de página. Entiéndanme, ya estoy viejo. El tamaño, por último, permite ser guardado en el bolsillo o la cartera de la persona en situación de lectura, para ser disfrutado entre presentación y presentación del tablado barrial o el Teatro de Verano.
Sectas, especismo, lenguaje binario (no es lo que están pensando), sexo, sindicatos, milicias y varios condimentos más se combinarán de cara al show final. Que si no obtiene el resultado esperado puede que haga que Braulio se baje del tablado, se coloque frente a la primera fila y arengue: “Aplaudan, carajo. ¡Carnaval, carnaval!”.
Historia oficial del Carnaval intergaláctico_, de Matías Larravide. 168 páginas. Tajante, 2025.