Si Yamandú Orsi cumple su promesa de reducir en un tercio la duración de los viajes en ómnibus dentro del área metropolitana, seguramente el próximo libro de Cintia Bolani va a ser un tercio más corto. Cuatro de los 51 relatos de Resultados increíbles en tiempo récord están relacionados con el transporte, y uno podría apostar, con expectativas bastante razonables de acertar, que varias de las ideas que aparecen en el libro se materializaron en la mente de la autora mientras viajaba en un ómnibus de Cutcsa. ¿Solo por estos cuatro cuentos el autor de la reseña ensaya una conclusión tan temeraria?
Obviamente no. Algo más abona esta teoría: un buen número de las historias que se cuentan en el libro están basadas en anécdotas mínimas protagonizadas por un catálogo muy amplio de personajes. Y un viaje en ómnibus, ese intervalo entre que uno deja atrás las preocupaciones del hogar y se mete en las preocupaciones del trabajo, es el momento ideal para dedicarse a observar este costado trivial del mundo y reflexionar sobre él hasta transformarlo en una cuestión de vida o muerte.
Un personaje está decidido a no cantar nunca más el feliz cumpleaños y limitarse a mover los labios, otro dedica horas a averiguar si un tipo que ofrece abrazos gratis en la calle efectivamente los da gratis, una estudiante trabaja en una tesis para determinar qué efecto tienen los candados que se colocan en la fuente de 18 y Yi (una esquina fácilmente divisable desde un ómnibus que vaya por 18 hacia Ciudad Vieja) en la duración de las parejas. En la descripción de otro de los personajes del libro (Flaca, una mujer capaz de determinar cuál de los dos miembros de las parejas que pasean perros es el verdadero dueño del animal) Bolani explica por qué no le gustan las telenovelas y sus enredos de final previsible: “Era más entretenido mirar a la gente, porque la gente también era predecible, pero las señales eran muchísimo más sutiles y los enredos, menos escandalosos”.
La tensión entre los problemas mínimos y la trascendencia que los personajes les dan es permanente. Incluso en un cuento en el que este conflicto aparece invertido (en medio de una invasión extraterrestre, un hombre se niega a dejar de tomar mate sentado en el pasto), la perspectiva siempre es la de quien elige un camino propio y generalmente extravagante a la hora de definir qué le debe preocupar y qué no.
Más allá del humor, esa acumulación de personajes que no parecen estar obsesionados por el trabajo, el arte o la política, como las personas de bien, sino que se dedican a perder el tiempo en aspectos que para el resto del mundo pasan casi desapercibidos, genera uno de los efectos más interesantes del libro. Estamos acostumbrados a que la productividad sea el objetivo más noble que puede perseguir una persona y que la falta de ella es casi una traición a la especie humana. Pero ahora que la productividad está llevando al planeta Tierra al borde de la destrucción y que la inteligencia artificial amenaza con desplazar al ser humano como el principal y casi exclusivo hacedor de cosas en el mundo, el paradigma de la productividad está tecleando. Cuando definitivamente colapse y llegue la hora de preguntarnos para qué estamos los seres humanos en el mundo, quizás esas obsesiones cotidianas que nos acompañan y que ahora consideramos accesorias puedan darnos alguna pista.
Explorar ese universo paralelo de lo simple y aparentemente inútil es uno de los principales valores del libro. En un mundo en que comer granola es un acto de resistencia, hacer una apología de los actos que no reportan beneficios materiales es más o menos el equivalente contemporáneo de la Revolución francesa.
Resultados increíbles en tiempo récord, de Cintia Bolani. 184 páginas. Tajante, 2025.