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Libros Reseñas
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Carneros, batidores y comunistas

Valerio Evangelisti continúa su microhistoria crítica de Estados Unidos.

Artífice de proyectos de largo aliento, pródigos en un despliegue de documentación histórica sabiamente utilizado en aras de la ficción, y autor de sagas novelísticas que continúan, y en un punto revalorizan, las novelas de aventuras decimonónicas de los grandes autores del siglo XIX –la serie protagonizada por el inquisidor Nicolas Eymerich (12 títulos publicados entre 1994 y 2018), la trilogía dedicada a Nostradamus (editada entre 1999 y 2000)–, el boloñés Valerio Evangelisti (1952-2022) se dedicó durante mucho tiempo a estudiar la historia de Estados Unidos, sustento y materia prima de su colosal Trilogía Americana, publicada en español por el sello Hoja de Lata e integrada por Antracita (2023), One Big Union (2025) y Todo han de ser (2026), el último eslabón del ciclo, que acaba de aterrizar en las librerías locales.

Un dato no menor para tener en cuenta sobre la Trilogía Americana: los tres libros pueden (y deben) leerse de forma independiente, no solo por estar protagonizados por personajes diferentes y en períodos de tiempo y espacios geográficos muy distintos, sino porque el abordaje que Evangelisti realiza de la historia estadounidense es tan puntilloso, microscópico por momentos, que cada obra termina conformando un ente en sí mismo. Ahí se encuentra, justamente, uno de los pilares de su arte, a saber, el manejo de innumerables fuentes históricas (que ocupan seis páginas al final del volumen) puestas al servicio del relato, con una prescindencia casi total de notas al pie (del autor o del traductor) y una densidad informativa que siempre es funcional a la trama.

En Antracita, ambientada en las décadas finales del siglo XIX, la historia sigue a Pantera, un pistolero mexicano, santero y mercenario, que se mueve por los condados mineros de Pensilvana y asiste a los albores del movimiento obrero. En One Big Union, situada en las primeras décadas del siglo XX, el protagonista es Robert Coates, un irlandés reclutado primero por la Agencia de Detectives William J. Burns y luego por la Agencia Nacional de Detectives Pinkerton para infiltrarse en diversos movimientos sindicales por todos los Estados Unidos. Todo han de ser se desarrolla entre las décadas del 30 y el 50 de la pasada centuria y sigue de cerca a Eddie Lombardo (que en un momento pasa a llamarse Eddie Florio), un gángster italoamericano que integra la Asociación Internacional de Estibadores y que se ve envuelto en varios conflictos portuarios entre esquiroles, soplones y “rojos” (la gran amenaza, estos últimos, para un orden de cosas que no es tal, centro y botín de un cúmulo de intereses diversos).

Evangelisti cuenta en Todo han de ser –el título es parte de un verso de “La Internacional”– una historia compleja, que despliega diversas subtramas alrededor del personaje de Eddie Lombardo/Florio (un auténtico inmoral, un ser vil y acomodaticio que no duda en asesinar o traicionar a algún familiar para lograr sus objetivos), logrando la proeza estilística de manejar un cúmulo de datos históricos, tales como la organización interna del sindicato del puerto de San Francisco, sin arrollar al lector en el camino. Para ello, se vale de un recurso que no es precisamente novedoso en la materia, pero que requiere mucha destreza en su empleo: contrabandear grandes dosis de información histórica en los diálogos que mantienen los personajes, sin que suene ni un ápice a didactismo. También cruzan la novela algunos personajes históricos, tales como el senador Joseph McCarthy (1908-1957) y su férrea campaña persecutoria contra homosexuales, agentes soviéticos y simpatizantes comunistas en la administración pública, y el crítico de arte Willard Huntington Wright (1888-1939), que entró en la historia de la literatura con su seudónimo S.S. Van Dine, creador del detective Philo Vance, protagonista de una serie de novelas iniciada con la publicación de The Benson Murder Case, en 1926.

Un aspecto interesante sobre la construcción del protagonista de Todo han de ser, y en el que se sustenta otra clave del cuidado trabajo novelístico de Evangelisti, es la cuestión moral apuntada más arriba. El narrador de la novela no toma partido a favor ni en contra de su “héroe”, sino que describe los episodio en los que se ve envuelto –desde una batalla campal entre obreros y policías en un puerto, hasta un asesinato planificado y ejecutado en cada uno de sus sórdidos detalles, pasando por la glosa de una perversión sexual que practica con una de sus amantes– con precisión entomológica. Esa frialdad enunciativa refuerza aún más las motivaciones del protagonista, la ristra de trapisondas, agachadas, traiciones, cambios de marcha y manipulaciones varias que practica a lo largo de las décadas en que se mueve en los bajos fondos portuarios, en medio de otros personajes tan cuestionables como él. Eddie Lombardo/Florio (personaje basado en el auténtico Eddie Florio, un organizador de la Asociación Nacional de Estibadores en Hoboken, que formó parte de la cúpula del sindicato y que terminó en prisión en el año 1953) no es el protagonista ideal para lectores forjados en las nuevas sensibilidades, esos que se alteran rápidamente ante toda actitud humana que se aparta de sus propios valores y que propician ipso facto alguna de las tantas formas de la cancelación. Por eso mismo, justamente, es tan atendible la labor de Valerio Evangelisti como novelista, apartándose de los cauces ortodoxos y bienpensantes para dar voz no ya a los que no tienen voz, sino a quienes se ubican en los márgenes de aquello que los códigos morales consideran “el Bien”.

Todo han de ser, de Valerio Evangelisti. Traducción de Francisco Álvarez. 480 páginas. Hoja de Lata, 2026.