A mediados de 2024 el panorama de la historieta uruguaya se vio sacudido por la llegada de una nueva editorial cuya carta de presentación fueron cuatro títulos (tres novelas gráficas y una antología de historias cortas) publicados en simultáneo. La Modernidad es un proyecto indivisible de Diego Vázquez, quien además de editor fue el guionista de las obras, y demostró ser capaz de ir más allá del envión original y continuar publicando dos años después. Con la ayuda de los Fondos Concursables, los mismos que fueron “un espaldarazo” cuando apoyaron a El Tijera, acaba de presentar Gladys. Un relato de inmigrantes, con guion de Vázquez y dibujos de Lisandro Di Pasquale, quien ya lo había acompañado en El cronista, uno de los primeros lanzamientos. El resultado es una historia densa en el buen sentido, y que al mismo tiempo es universal y personalísima.
Gladys, la abuela del guionista, es la excusa para hablar de su familia. Gracias a la relación que tenía con Diego y a su posición equidistante de las viejas generaciones y las nuevas, se convierte en narradora de una de tantas historias de inmigración, que incluyen orígenes humildes, decisiones devastadoras y casualidades que hacen que los George y Lorraine McFly de cada uno de nosotros hayan decidido tener un proyecto en común, aunque sea por un rato, pero aquí no hay ciencia ficción y el único viaje en el tiempo se explica por los recuerdos y la investigación.
En la lectura fluida se intercalan capítulos con una fuerte carga de la primera persona narrativa con otros en donde la cantidad de información a compartir (sobre las condiciones políticas en Europa, o en Uruguay) hace que Gladys se tome un respiro y una voz más neutra nos sitúe en otros tiempos y lugares.
Todo comienza con Dalmasio Rosés, el padre de la protagonista epónima, y su derrotero desde Santa Coloma de Farnés. La coyuntura familiar y la Gran Guerra lo empujarán a cruzar el océano Atlántico en 1914, el mismo año en que lo hizo su futura esposa, pero en circunstancias completamente distintas. Mientras él conoce la Buenos Aires de hace un siglo (y nosotros con él), Teresa Estrader viajaba desde Madrid a encontrarse con su padre y trabajar en su fábrica, donde conocería a Irene Rosés. Por supuesto, terminarán conociéndose, o Diego no existiría para poder contar su parte de la historia. Y si bien la mayoría de las páginas están dedicadas a todo lo que ocurrió antes del nacimiento de Gladys, que no en vano justifican la segunda parte del título (“Un relato de inmigrantes”), también habrá espacio para la familia que los dos formaron y llegar hasta nuestros tiempos.
Este es uno de esos relatos, en este caso gráfico, que los autores podrían haber optado por acompañar con un árbol genealógico, pero la dupla creativa maneja bien a esta familia, que además no es tan numerosa como los Buendía. Quizás en cierto momento sobre el final me quedé pensando si aquel era tío o era primo, pero nada que no me haya sucedido en algún festejo numeroso de navidad.
El mencionado uso de los capítulos, 17 en total, facilita la agilidad de la lectura y permite el uso de cliffhangers que lo dejan a uno enganchado para lo que vendrá. Vázquez sabe meterse en la cabeza de sus antepasados y por momentos nos abruma al mostrarnos tanta oscuridad repartida entre tantas personas, algo que de manera retroactiva explica el pathos tan presente en todo su catálogo. Para la parte visual recurre a un viejo conocido: Di Pasquale lidia con un universo mucho más vasto que el de su novela gráfica anterior, y se lo nota más seguro en esa tarea. Tanto los momentos contemporáneos, protagonizados por un muy reconocible Vázquez, como las diferentes ambientaciones históricas ayudan a que uno se sumerja en el gran cuento familiar. El diseño de cada página no busca ser iconoclasta sino favorecer la lectura, y aprovecha muy bien sus puntos fuertes, como la expresividad de los rostros en las diferentes escenas de “cabezas parlantes”, que necesitan enfatizar lo que sus protagonistas experimentan. El color colabora cuando la economía de recursos implica olvidarse de los fondos, aunque por momentos el degradé se siente demasiado presente.
La dupla construye muy bien el arte secuencial, aunque por momentos los globitos de diálogo característicos de la historieta den un paso atrás y todo sea cooptado por los cuadros de texto. De todos modos, incluso en esos momentos la secuencialidad estará dada por el dibujo; en ningún momento deja de ser una historieta.
Gladys. Un relato de inmigrantes no solamente engrosa el catálogo de La Modernidad y confirma la fuerza del proyecto, sino que pone el foco en los acontecimientos que hacen que las personas arriesguen sus vidas por la mínima esperanza de una realidad mejor que la actual. Y si bien la xenofobia ya existía en aquellos tiempos y aparece retratada en el libro, no estaría mal demostrar que en todo este tiempo aprendimos algo.
Gladys. Un relato de inmigrantes, de Diego Vázquez y Lisandro Di Pasquale. 208 páginas. La Modernidad, 2026.
