La Organización de Estados Americanos (OEA) sesionó este martes en forma extraordinaria para tratar las acciones militares de Estados Unidos en Venezuela. Varios países transmitieron su rechazo a esos hechos de manera contundente, entre ellos Brasil.

El representante de ese país ante la OEA, Benoni Belli, sin mencionar expresamente a Estados Unidos, dijo que la captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro, a la que calificó como “secuestro”, y los bombardeos en territorio de Venezuela “traspasan una línea inaceptable”.

Agregó que esos ataques son “una afrenta gravísima a la soberanía” de ese país y “amenazan a la comunidad internacional con un precedente extremadamente peligroso”.

Belli dijo que “las agresiones militares conducen a un mundo en el que la ley del más fuerte prevalece sobre el multilateralismo” y que “no podemos aceptar el argumento de que los fines justifican los medios”.

“Brasil está convencido de que sólo un proceso político inclusivo, liderado por los venezolanos y libre de injerencias externas, puede conducir a una solución que respete la voluntad del pueblo venezolano y la dignidad humana en el país”, dijo, y manifestó que su país “está determinado a actuar” para ayudar a lograr la “preservación del patrimonio regional de la paz”.

El embajador ante la OEA dijo que el sábado la Carta de Naciones Unidas fue “claramente violada” en una acción que “evoca los peores momentos de la injerencia en la política de América Latina y el Caribe”.

Un día antes, el representante de Brasil ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Sérgio Danese, dijo palabras parecidas, en una alusión a las dictaduras promovidas por Washington en la región. Sin nombrar las dictaduras, se refirió a hechos con “consecuencias profundamente negativas y duraderas”, como violaciones a los derechos humanos y miles de muertos, desaparecidos y torturados.

Danese también condenó la “intervención armada” en Venezuela. Dijo que la solución para la crisis que atraviesa ese país no es “la construcción de protectorados”, sino de “soluciones que respeten la autodeterminación del pueblo venezolano”. Señaló que el futuro de Venezuela debe ser construido por su pueblo, “mediante el diálogo y sin injerencias externas”.

“Las normas que rigen la convivencia entre los estados son obligatorias y universales. No admiten excepciones basadas en intereses o proyectos ideológicos, geopolíticos, políticos, económicos o de cualquier otra índole. No admiten que la explotación de recursos naturales o económicos justifique el uso de la fuerza o el cambio ilegal de un gobierno”, agregó el representante de Brasil en la ONU el lunes.

El sábado, Brasil declaró su reconocimiento a la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez como autoridad del país, en ausencia de Maduro, y ese mismo día el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, manifestó que el ataque militar estadounidense era una “afrenta gravísima a la soberanía” y cruzaba una línea que no se podía traspasar. Al día siguiente, por orden de la Justicia, Rodríguez asumió como presidenta encargada de Venezuela.

“Atacar países, en flagrante violación del derecho internacional, es el primer paso para un mundo de violencia, caos e inestabilidad, donde la ley del más fuerte prevalece sobre el multilateralismo”, dijo Lula el sábado.

Si bien Brasil había cuestionado los resultados electorales de 2024, en los que Maduro proclamó su reelección, en este contexto crítico sí optó por reconocer la autoridad de Delcy Rodríguez. Una posición muy distinta adoptó República Dominicana. Su subsecretario de Política Exterior Bilateral, Francisco Caraballo, manifestó que así como no reconoció el triunfo de Maduro, “tampoco puede conferir legitimidad a un régimen de facto que pretende perpetuarse al margen de la voluntad popular venezolana”.

Por su parte, el viceministro de Relaciones Exteriores de Colombia, Mauricio Jaramillo, cuyo país convocó a la sesión extraordinaria de la OEA de este lunes, coincidió con varios otros discursos al condenar las “acciones militares unilaterales” de Estados Unidos, que consideró una “clara violación del derecho internacional” y una amenaza para la seguridad y la soberanía de la región.

Jaramillo, además, rechazó “las amenazas y las faltas de respeto contra nuestro jefe de Estado, elegido democráticamente”, Gustavo Petro, y pidió un cese de las “constantes amenazas” contra el territorio colombiano. El presidente estadounidense, Donald Trump, había dicho que Petro debía “cuidarse el trasero”, que podía ser “el siguiente” y que “le gusta” fabricar droga.

Petro, que no tenía buena relación con Maduro, repudió los ataques del sábado y la injerencia de Estados Unidos, y lo mismo hizo el gobierno del presidente chileno, Gabriel Boric, que ha sido muy crítico con el gobierno venezolano, al punto que las relaciones entre los dos países estaban prácticamente rotas. También México reclamó a la OEA y a la ONU que se garantice la autodeterminación y la no intervención en la soberanía de los pueblos.

El representante del gobierno de Trump ante la OEA, Leandro Rizzuto, negó que lo que hizo su país –que bombardeó Caracas, desplegó militares que capturaron al presidente venezolano y dejó decenas de muertos– implique una “intervención contra la soberanía” de Venezuela. Dijo que, por el contrario, “acelera el camino” de ese país hacia la democracia”.

“Hemos detenido al jefe de una estructura criminal. Este hemisferio es donde vivimos y tenemos la obligación de protegerlo de amenazas como el narcotráfico, que acaba con vidas en nuestro país”, dijo.

En medio de la sesión de la OEA, en Washington, cuando hablaba Rizzuto, irrumpió una manifestante de la organización feminista estadounidense CodePink con un cartel que decía “¡Quiten sus manos de Venezuela!”.