Este martes, la diaria accedió al informe “Panorama económico de América Latina y el Caribe” (ALC) que elaboró el Banco Mundial (BM). El documento proyecta que el producto interno bruto (PIB) regional se expanda un 2,2% en 2026, lo que entienden como “una señal de resiliencia para absorber los choques externos”, y estima que el PIB uruguayo crecerá 1,2% en 2026, 1,8% en 2027 y 2% en 2028.
En el primer capítulo, el documento realiza un estado de situación y plantea que, aunque el crecimiento promedio en la región “sigue siendo modesto”, las trayectorias divergentes entre países “muestran que es posible alcanzar un desempeño más sólido”. En ese marco, destaca “claros focos de fuerte impulso económico”, entre los que menciona a Argentina –en medio de reformas “sustanciales” y con una expansión proyectada durante tres años consecutivos–. También a El Salvador y Paraguay, ambos apoyados por “la mejora en las condiciones de seguridad, los esfuerzos de consolidación fiscal y una sólida inversión privada”.
En lo que respecta al Caribe, identifica una “doble realidad” persistente: por un lado, la expansión impulsada por el petróleo en Guyana y Surinam contrasta con la recuperación después de la pandemia en economías insulares que dependen del turismo y enfrentan altos costos, mientras que Brasil y México –las economías más grandes de ALC– crecen “a un ritmo igual o inferior al promedio regional, limitadas por condiciones monetarias restrictivas necesarias para continuar con el proceso de desinflación, incertidumbre en materia de políticas y la atenuación de los impulsos de la inversión pública”.
Al margen de los factores adversos, hay oportunidades en el sector externo: los volúmenes de exportación “muestran una notable resiliencia en las principales economías” y los acuerdos comerciales que se ratificaron recientemente “están abriendo activamente corredores de exportación estratégicos”, entre ellos, Unión Europea-Mercosur y Mercosur-Singapur. En contraposición, a la interna, el proceso desinflacionario regional se desaceleró, mientras que las presiones en los mercados mundiales de energía y alimentos derivadas del conflicto en Medio Oriente “han llevado a los bancos centrales a ralentizar el ritmo de la flexibilización monetaria, pausar sus ciclos o endurecer su política monetaria”, lo que a su vez restringe el crédito y la inversión privada.
El informe plantea que la desaceleración del crecimiento debilitó el ritmo de reducción de la pobreza: los hogares pobres “siguen concentrados de manera desproporcionada entre los trabajadores informales y con bajo nivel educativo”; la informalidad es “generalizada” y persisten “amplias brechas de aprendizaje” entre estudiantes de ALC y la OCDE. Otro desafío son los factores ambientales, ya que la intensificación de El Niño amenaza la actividad económica con eventos que van desde sequías hasta lluvias excesivas.
El impacto de la IA
La segunda mitad del informe analiza la “transición de la IA”, que desde la entidad financiera entienden como “realmente prometedora para el desarrollo de la región”, fundamentalmente a través de aplicaciones “a pequeña escala” como modelos pequeños que resuelven problemas específicos en entornos de pocos recursos y se pueden masificar. Con todo, aunque la IA ya se difunde rápidamente, identifican que el amplio acceso “oculta una profunda brecha estructural”.
El texto advierte que ALC invierte mucho menos en innovación que las economías avanzadas, a pesar de sus altos retornos y la capacidad regional para utilizar herramientas básicas de IA generativa de manera productiva sigue “gravemente limitada”. En ese marco, subraya el concepto de ‘dualismo estructural’: el hecho de que la IA puede elevar el desempeño en enclaves de altas capacidades, pero si los beneficios se limitan a ese núcleo “no contribuirían demasiado a la productividad agregada y podrían ampliar las brechas”.
Por eso, aunque competir “parece inviable”, ALC se beneficiaría de “la integración en la cadena de valor mundial de la IA como proveedor de insumos estratégicos”: “En lugar de seguir siendo una mera entidad anfitriona de bajo costo para la infraestructura mundial, la región debe aprovechar estratégicamente la inversión extranjera directa (IED) para asegurar derrames tecnológicos (spillovers), vínculos locales y agregación de valor nacional, convirtiendo efectivamente el alojamiento pasivo (passive hosting) en una adaptación tecnológica activa”.
Por otro lado, está su impacto en el mercado laboral. Sobre este punto, el informe advierte que los debates están marcados por un “sesgo de pantalla”, ya que se centran en el software cognitivo y concluyen que el riesgo de automatización en los mercados emergentes es bajo porque “su fuerza laboral está muy concentrada en actividades manuales o informales”, lo que configura un “punto ciego analítico crítico”.
En ALC, “el 78,1% de la fuerza laboral trabaja en la economía tangible, donde los algoritmos deben interactuar con el mundo físico”. Sobre la intangible, afirma que los “trabajadores cognitivos no rutinarios y altamente calificados” son el 8,4% y se beneficiarían de la IA en el rol de “copilotos estratégicos”; mientras que los “trabajadores cognitivos rutinarios” son el 9,5% y enfrentan una “exposición estructural grave e inmediata a la automatización”. Por otro lado, mientras que el 26,8% de la fuerza laboral trabaja en entornos estructurados –como fábricas– y enfrenta “una amenaza inminente a medida que el costo de la robótica avanzada se desploma”, casi una quinta parte trabaja en entornos no estructurados –la venta ambulante o el trabajo doméstico– y, como carece de una protección genuina contra la automatización, solo “está protegida temporalmente por el subdesarrollo”.
“El resto de la fuerza laboral se desempeña en el límite de la inteligencia física (en roles que exigen habilidades sensoriomotoras complejas, como plomeros o mecánicos) o la Ventaja Humana (en roles que requieren cualidades que la IA no puede proporcionar bien, como empatía y lazos comunitarios, como enfermeras y maestros). Estas áreas poseen una resiliencia estructural duradera y representan destinos estratégicos para futuras transiciones de la fuerza laboral”, consignó el documento.
En lo que respecta a su adopción, el informe sostiene que las empresas la utilizan para tareas básicas sin integrarla en procesos centrales y complejos, ya que el principal obstáculo para hacerlo es un déficit de conocimientos técnicos. Sobre el rol del Estado, plantea que los gobiernos deben actuar como “facilitadores activos del ecosistema de IA” y priorizar “la preparación institucional y la adaptación estratégica”, lo que implica “actuar como un sofisticado cliente ancla a través de la adquisición ágil de herramientas y sistemas gubernamentales digitales”.
