En línea con una posibilidad que se manejó durante el fin de semana, el presidente de España, Pedro Sánchez, encabezó una conferencia de prensa que no llegó a los diez minutos de duración, en la que anunció que convocó a un Consejo de Ministros extraordinario que se realizará durante la mañana de este lunes para “disolver las Cortes Generales y convocar unas elecciones generales que se celebrarán el domingo 29 de noviembre, de acuerdo a los plazos que establece la ley”.
El mandatario adelantó que el mundo se encamina a una época de “transformación”, “transición” y “mucha tensión”. En ese marco, llamó a que la ciudadanía española decida “qué papel” prevé jugar en ella y si desean sumarse “a esa ola ultraderechista que involuciona allí donde gobierna” o que España “continúe siendo un baluarte de apertura y de justicia social y de responsabilidad medioambiental”.
Sánchez afirmó que durante su legislatura debió “gestionar emergencias inéditas” y “navegar una coyuntura internacional muy difícil” marcada por “tensiones comerciales, las crisis energéticas y el regreso de las guerras en Europa y en Oriente Medio”. A su vez, indicó que dentro del Congreso “muchos confunden pactar con traicionar y bloquear con vencer”, mientras que, fuera de él, enfrentó “élites económicas y sociales muy poderosas que no se presentan a las elecciones, pero que quieren continuar controlando” el país.
“Y hemos también tenido que lidiar con la peor oposición que ha conocido nuestra historia democrática. Una oposición sin ningún sentido de Estado que no ha parado de cuestionar hasta incluso la legitimidad de nuestro sistema electoral, de bloquear medidas y votar en contra de políticas que eran buenas para el país, y de usar su poder autonómico y municipal para boicotear políticas buenas para la gente de a pie”, cuestionó.
Al margen de sus señalamientos, el jerarca defendió lo que entiende que son avances por parte del gobierno de coalición progresista que encabeza. Dijo que España se convirtió en “la economía que más crece y que más empleo crea” de toda la Unión Europea, que el poder adquisitivo de sus ciudadanos “ha aumentado el triple” respecto al de grandes economías europeas como la francesa, y los niveles de desigualdad “han caído al mínimo desde que existe serie histórica que la registra”. Además, listó que lograron ampliar becas, permisos de maternidad y pusieron en marcha una “modernización profunda” de la industria, entre otros.
Además, subrayó su apoyo a Ucrania, a la UE y a las Naciones Unidas en “sus momentos más oscuros” al duplicar su ayuda a la cooperación internacional “mientras otros presumían de recortarla con su motosierra” o denunciar “genocidas cuando otros callaban”, además de combatir “a los tiranos, a los tecnooligarcas y también a los especuladores que quieren destruir el futuro de nuestros hijos y de nuestras hijas para agrandar sus bolsillos”. Con todo, afirmó que las medidas que implementó su gobierno convirtieron a España “en un referente mundial de paz, de feminismo y de prosperidad”, al tiempo que le permitieron cosechar “los mejores resultados económicos, sociales y medioambientales que ha tenido un gobierno democrático” en el país, lo que tildó como un “hecho” y un dato “contrastable”.
Finalmente, el mandatario reconoció que en parte de la sociedad hay “insatisfacción” e indignación por ver cómo “los intereses de la gente de a pie son pisoteados en el Parlamento en beneficio de unos pocos”, además de que su gobierno no logró hacer todo lo que inicialmente se había propuesto en los ámbitos “de la desigualdad, de los servicios públicos y del acceso a la vivienda”. El anuncio llegó en horas de agitación política en el país europeo, ya que se registraron protestas masivas en reclamo de medidas para enfrentar la crisis de vivienda que el gobierno intentó responder con dos decretos sobre el tema, pero fueron rechazados con los votos del Partido Popular (PP), Vox, la Unión del Pueblo Navarro (UPN) y Junts.
Las reacciones del espectro político
Las reacciones fueron casi instantáneas: el líder de Vox, Santiago Abascal, exigió elecciones “libres, limpias y sin violencia”, porque dijo estar convencido de que “algunos no quieren esas elecciones en paz y van a utilizar a sus milicias” para no permitir que se desarrollen “en igualdad de condiciones”. “Los españoles deben saber que nosotros estamos absolutamente preparados para ofrecerle a España las soluciones que nuestro país necesita”, afirmó.
Dijo que esas soluciones deben priorizar que los españoles “no estén nunca más discriminados en su propia patria”. Por otro lado, indicó que necesitan atender “la desregulación” para quitarle “todas las corrupciones, todas las ideologías y todo el ánimo confiscatorio” a la economía y, finalmente, indicó que las medidas tienen que focalizar la “remigración” porque es preciso “revertir la invasión migratoria” y sus “consecuencias negativas”.
“Por fin España dirá lo que piensa, por fin volverá a hablar la mayoría, por fin decidirán los españoles”, dijo, por otro lado, el líder del Partido Popular (PP), Alberto Núñez Feijóo. El dirigente indicó que el adelanto de las elecciones es “la única buena noticia que Sánchez podría dar a estas alturas” y dijo que los comicios del 29 de noviembre se tratarán de elegir “entre un proyecto de ambición personalista o un proyecto de país”, además de afirmar que la convocatoria responde al “miedo de que se conozca hasta el último detalle de lo que queda por saber en la maraña de casos de corrupción abiertos”.
“No son unas elecciones como las anteriores en democracia. Esto va de que España le gane a Sánchez y a lo que representa. Que la Nación y que la democracia venzan a quien más daño les ha causado. Esa es la elección: entre la corrupción y la decencia, entre la decadencia y la prosperidad, entre un gobierno que solo aspira a sobrevivir y un país que piensa en su futuro”, indicó.
