La Fuerza Aérea de Israel atacó el miércoles una infraestructura de gas iraní en el sur del país, en una operación coordinada con Estados Unidos que, según advirtieron expertos, puede tener serias repercusiones en la economía global y agravar todavía más el conflicto regional.

Los ataques, lanzados durante la tercera semana de la ofensiva impulsada por Estados Unidos e Israel contra Irán, tuvieron como objetivo el enorme yacimiento de gas natural Pars Sur, ubicado en la provincia iraní de Bushehr, pero que también tiene una parte en aguas territoriales de Qatar. El yacimiento tiene aproximadamente 10.000 kilómetros cuadrados de extensión y es el más grande del mundo.

El ejército israelí no se pronunció de inmediato sobre los ataques a la instalación de gas, pero un funcionario israelí confirmó que la Fuerza Aérea de su país los llevó a cabo.

Este ataque marcó la primera vez que Israel ataca instalaciones de gas natural en Irán durante la campaña en curso, después de que Estados Unidos atacara el principal centro de exportación de petróleo de Irán, ubicado en la isla de Kharg durante el fin de semana, aunque desde Washington se afirmó que únicamente se atacaron objetivos militares en la isla.

Un funcionario de defensa estadounidense confirmó al portal de noticias Axios que el ataque a Pars Sur fue una acción coordinada y aprobada por Washington. Sin embargo, las naciones del Golfo, socias de Estados Unidos, que probablemente serían las más afectadas por cualquier represalia iraní, criticaron duramente la medida, calificándola de “peligrosa e irresponsable”.

En respuesta al ataque, los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) advirtieron que las fuerzas iraníes destruirían la industria petrolera y gasística de sus vecinos del golfo si su sector energético volviera a ser atacado.

“Les advertimos una vez más que cometieron un grave error al atacar la infraestructura energética de la República Islámica, y ya estamos respondiendo a dicho ataque”, expresó la CGRI en un comunicado difundido por medios estatales iraníes.

“Si se repite, los ataques contra su infraestructura energética y la de sus aliados no cesarán hasta su completa destrucción, y nuestra respuesta será mucho más severa que los ataques de esta noche”, se agrega en el texto, consignado por la cadena catarí Al Jazeera.

Mientras tanto, el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, condenó el ataque en un mensaje que publicó en su cuenta de X.

“Tales acciones agresivas no reportarán ningún beneficio al enemigo sionista estadounidense ni a sus partidarios. Por el contrario, complicarán aún más la situación y podrían tener consecuencias incontrolables, cuyo alcance abarcaría al mundo entero”, expresó el mandatario.

Poco después, la CGRI amenazó con atacar la infraestructura petrolera y gasística de Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Más tarde, un ataque con misiles iraníes causó graves daños en la planta de gas de Ras Laffan, en Qatar, lo que provocó una enérgica condena por parte del país del golfo.

“Qatar considera este ataque una peligrosa escalada, una flagrante violación de su soberanía y una amenaza directa a su seguridad nacional”, expresó la cancillería qatarí.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Qatar además declaró persona non grata a los agregados militares y de seguridad de la embajada iraní, junto con su personal, exigiendo su retirada del país en un plazo de 24 horas.

Por su parte, el presidente estadounidense Donald Trump, de acuerdo a lo que informó The Wall Street Journal, declaró que no quiere que haya más ataques contra la infraestructura energética de Irán. Si bien el mandatario estaba al tanto del masivo bombardeo y lo autorizó, sus socios en la región le manifestaron su molestia por las represalias que comenzaron en Qatar y podrían extenderse a otros Estados.

También este miércoles en otra acción israelí se confirmó que el ministro de Inteligencia de Irán, Esmail Jatib, fue asesinado.

La muerte de Jatib, que se suma a la del ayatolá Alí Jamenei, a la del jefe de seguridad Alí Larijani y también a la de otros altos funcionarios militares de Irán, prometió ser vengada por el actual líder supremo, Mojtaba Jameneí.