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Opinión Posturas

Entre el tambo y la planta: el esfuerzo compartido entre productores y trabajadores que ha hecho grande a la lechería uruguaya

2025 cerró con cifras históricas para la lechería uruguaya: 2.207 millones de litros de leche remitida, 172 millones de kilos de sólidos y 964,5 millones de dólares exportados. 2026 viene mejor todavía: en julio se batió el récord mensual de remisión, con más de 213 millones de litros. La remisión para 2026 representará seguramente un crecimiento bastante superior al 10% interanual. Detrás de cada uno de esos números hay algo que casi nunca se dice con todas las letras: esa producción hoy la sostiene una plantilla de trabajadores considerablemente más chica que la de hace 25 años. Eso tiene un nombre: productividad. Y la productividad, cuando se multiplica de esta manera, tiene que traducirse también en mejores condiciones para quienes la generan, productores y trabajadores.

Como nueva conducción de la Asociación de Obreros y Empleados de Conaprole, queremos poner los números arriba de la mesa, porque son los que sostienen nuestro planteo. No es una opinión, es una constatación que cualquiera puede verificar con las cifras que publican Conaprole, el Instituto Nacional de la Leche (INALE) y los propios informes de periodistas especializados en el sector agropecuarios.

A fines de la década del 90 y principios de los 2000, Conaprole procesaba en el entorno de 2,2 millones de litros diarios con una plantilla de 3.200 trabajadores. Hoy procesamos un promedio de 5,5 millones de litros diarios, y en lo que va de la primavera ya estamos remitiendo un 5% más que el año pasado, con picos de hasta 6 millones de litros por día. Y eso con apenas algo más de 2.000 trabajadores. Hace unos años eran 12 plantas, pero hoy lo hacemos, además, con siete plantas industriales en funcionamiento: el Complejo Industrial Montevideo, San Ramón, Florida, Villa Rodríguez, Rincón del Pino en San José, y la planta de Mercedes. A eso hay que sumar quienes se desempeñan en el nuevo edificio ubicado en la calle Magallanes, que no realiza directamente procesos industriales.

Duplicamos con creces el volumen procesado, con un tercio menos de personal y con menos plantas funcionando. Eso no ocurrió por generación espontánea, sino porque se incorporó tecnología, se mejoraron procesos, y porque los trabajadores y las trabajadoras de Conaprole lo absorbimos junto a productores, que al igual que los y las trabajadoras fueron quedando por el camino y adaptándose continuamente a los constantes cambios.

Los números de exportación acompañan esa misma historia de crecimiento. El récord de 964,5 millones de dólares de facturación por exportaciones lácteas del año pasado fue 13% más en relación a 2024, superando el anterior techo histórico de 2022 (925,2 millones de dólares). En lo que va de 2026, entre enero y agosto, ya se llevaban facturados 606 millones de dólares, con la leche en polvo entera, nuestro principal producto de exportación, obteniendo el 67% de los ingresos y el 78% del volumen embarcado; dicho producto creció 3% en facturación y 12% en volumen exportado respecto al mismo período de 2025. Argelia y Brasil concentran hoy el 59% de esos ingresos, seguidos por México, Nigeria y Mauritania. Son cifras que ubican a los lácteos, año tras año, entre los cuatro o cinco principales rubros de exportación del Uruguay, apenas detrás de la carne bovina, la celulosa y la soja.

Compartimos, por supuesto, la satisfacción por estos resultados. Nos sentimos parte de la principal empresa exportadora del país. Recibiendo el primer puesto al principal exportador durante muchos años consecutivos, premio otorgado por el Banco República y la Unión de Exportadores del Uruguay. Por eso afirmamos que cuando la productividad aumenta de esta manera, cuando el volumen procesado se multiplica y la facturación por exportaciones bate récords año tras año, esa mejora no puede quedar circunscrita a un balance institucional o a un titular de diario. Tiene que sentirse también, de manera concreta, en el bolsillo y en las condiciones de trabajo de cada productor y su familia, de cada compañero y compañera que hace posible, todos los días, que esa leche se reciba, se procese y llegue en tiempo y forma a más de 71 mercados en el mundo.

Es por estos motivos que uno de los primeros ejes que instalamos como nueva conducción sindical es la discusión de la productividad en términos generales, de toda la cooperativa y no sector por sector. Ello permitirá terminar con una lógica que durante años dejó a algunos sectores, como la industrialización directa de la leche, relativamente cerca de las mejoras negociaciones y a otros, como buena parte de la administración y otras áreas de apoyo, sistemáticamente rezagados. Si toda la cadena de trabajo participa de un mismo producto, de una misma marca y de una misma trazabilidad que hoy Conaprole exhibe con orgullo ante sus clientes internacionales, no puede haber trabajadores de primera y trabajadores de segunda a la hora de repartir los frutos de ese crecimiento. Esa fragmentación sector por sector, además de injusta, es hoy una fuente permanente de conflictividad interna que no le hace bien a nadie: ni a los trabajadores rezagados, ni a la empresa, que necesita previsibilidad para seguir invirtiendo y creciendo.

Conaprole no es una empresa cualquiera. Es una cooperativa integrada por miles de productores familiares repartidos por todo el país, que existe gracias a una lógica asociativa que combina el trabajo del campo con el trabajo industrial.

Tampoco se trata de un reclamo aislado de nuestra actividad. Somos parte de una convención de trabajadores, el PIT-CNT, que sostiene como horizonte general la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales. Ello en el entendido de que los beneficios de la tecnología y el aumento de productividad deben traducirse en mejor calidad de vida y no únicamente en mayor rentabilidad. En nuestro caso concreto, sabemos que ese objetivo no se implementa de un día para el otro en todos los sectores por igual, pero sí puede y debe orientar la discusión que estamos dando puertas adentro de Conaprole.

No venimos, entonces, a discutir si Conaprole crece: los números lo dicen y en gran medida es gracias al trabajo de quienes representamos, y nos alegra que así sea. Venimos a transparentar, con datos en la mano y sin especulaciones, cómo se reparte ese crecimiento entre quienes lo hacen posible día a día. Y a romper algunos mitos como el del supuesto nivel privilegiado de nuestros salarios. Orgullosamente somos la empresa láctea que más exporta de América Latina, citado por los propios directores en su reporte anual.

Nuestros salarios no son un privilegio, son el resultado de darle valor agregado a la materia prima que envía cada día con su esfuerzo el productor y que cada trabajador y trabajadora transforma en un producto de valor agregado que se vende y valora, tanto a nivel nacional como en los mercados más exigentes del mundo.

Vale la pena decir, además, algo que muchas veces se pierde en la discusión coyuntural: Conaprole no es una empresa cualquiera. Es una cooperativa integrada por miles de productores familiares repartidos por todo el país, que existe gracias a una lógica asociativa que combina el trabajo del campo con el trabajo industrial. Esa historia particular, la de una cooperativa nacida al amparo del Estado uruguayo y hoy convertida en un actor de peso en el mercado internacional, es también nuestra historia como trabajadores. Cuando un consumidor en Montevideo, en el interior o en cualquiera de los más de 70 países a los que llegamos elige un producto nuestro elige también, aunque no siempre lo sepa, el trabajo de 2.000 compañeros y compañeras que sostienen esa marca con su esfuerzo cotidiano, muchas veces en turnos rotativos, de madrugada, en plantas que no paran nunca porque la leche tampoco para de llegar.

Este año, en el que Conaprole, buque insignia de la lechería uruguaya, cumplió sus primeros 90 años, decidimos salir a hablar de estos y otros temas relacionados -como las tercerizaciones- con la mayor transparencia posible. Una cooperativa como la nuestra, que se referencia permanentemente ante la sociedad como un orgullo nacional, tiene también una responsabilidad pública a la hora de mostrar cómo distribuye los frutos de ese orgullo entre quienes lo construyen todos los días. Y de recordar que en el camino han quedado muchos productores pequeños y sus familias, y también muchos trabajadores y sus familias.

Esa es, en el fondo, la primera gran conversación que como sindicato le proponemos hoy a los directivos de la cooperativa, a los productores que la integran y a la sociedad uruguaya en su conjunto, que también se beneficia de tener una industria láctea fuerte, exportadora y generadora de empleo de calidad.

Diego Pérez y Enrique González son presidente y secretario general de la Asociación de Obreros y Empleados de Conaprole.