Gianina Muñiz estaba nerviosa, pero más que nada tenía miedo; por su cabeza pasaba el peor de los escenarios que podía atravesar; los riesgos eran muchos. Su embarazo era gemelar, pero uno de los fetos era acárdico –no tenía corazón–, y le estaba quitando la sangre al otro, que estaba sano. En 80% de estos casos,**** si no se realiza una cirugía fetal para interrumpir el aporte sanguíneo, ambos fallecen.

Atravesaba la semana 18 cuando recibió este diagnóstico que derivó en la necesidad de realizarle una intervención quirúrgica láser fetal intraútero. Era agosto de 2020 y Uruguay transitaba su quinto mes de pandemia. En situaciones como esta, hasta ahora había dos posibilidades: “si se podía, se iba al exterior, y si no, se rezaba”, explica a la diaria Soledad Bottaro, especialista en medicina prenatal del hospital Pereira Rossell de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE).

El caso de Muñiz era complicado por varias razones. La pandemia hacía imposible que pudiese viajar a un centro de referencia de Argentina o Brasil para operarse, como sucedió en otros casos. Además, ya tenía un mal antecedente obstétrico: había tenido otro embarazo con una malformación incompatible con la vida. Entre tantas malas, había un aspecto a favor: el problema había sido captado de forma precoz. En un principio, teniendo en cuenta este escenario, lo único que le quedaba era esperar.

Sin embargo, el equipo médico que la atendió en el Pereira Rossell no se quedó de brazos cruzados porque había una alternativa: casi dos semanas después la joven recibió la noticia de que sería operada en Uruguay. “Los médicos ya habían resuelto todo; el mérito es de ellos, estuvieron todos los días tratando de solucionar esto y lo lograron”, dice.

Se trató de la primera intervención fetal intraútero, se realizó el 27 de agosto y fue posible gracias a que el hospital Posadas, de Argentina, prestó su equipamiento, que tiene un costo de 80.000 dólares aproximadamente. “El desafío no fue sólo conseguir la tecnología sino también buscar los medios aquí para hacerla, poder diseñar la operación”, cuenta a la diaria José María Penco, especialista en medicina prenatal del Pereira Rossell.

La intervención, que se hizo bajo pantalla ecográfica, fue un éxito. Cuatro meses después, el 2 de enero, nació Nahitan Valentín Ferreira. “Fue lo más lindo”, recuerda Gianina.

Más de 150 casos al año requieren esta cirugía

La operación del 27 de agosto no quedó como un hito sólo por haber sido la primera, sino también porque impulsó a los médicos a trabajar en la creación del primer centro de referencia para cirugía fetal en Uruguay, que estará ubicado en el hospital Pereira Rossell.

Para Penco, es fundamental poder contar con la tecnología suficiente para desarrollar una serie de técnicas que a nivel mundial hoy son fundamentales y deben estar al alcance de las futuras madres. “La técnica que queremos traer permite entrar en el útero a través de un fetoscopio, y así poder visualizar internamente”, agrega.

El especialista estimó que no menos de 150 casos al año a nivel nacional requieren este tipo de cirugías. Las complicaciones más frecuentes se dan en los embarazos gemelares, que con las técnicas de reproducción asistida cada vez son más. Dentro de estos embarazos los que más requieren de este tipo de procedimientos son los monocoriales (placenta única). 10% de estos se complican por el síndrome de transfusión feto fetal, que es cuando uno de los fetos le pasa sangre al otro de forma desequilibrada, a través de las comunicaciones vasculares que tienen en su placenta compartida. A su vez, 1% presenta la secuencia de perfusión arterial reversa, que se caracteriza por la presencia de un feto malformado que tiene un corazón rudimentario o ausente, con una perfusión desde el gemelo estructuralmente normal hacia el feto acárdico. Este fue el caso de Gianina Muñiz.

Pero la cirugía fetal también se requiere en embarazos únicos en los que se diagnostican variadas malformaciones: ocho de cada mil bebés presentan cardiopatías congénitas; existe un alto número de patologías renales, del aparato digestivo, además de enfermedades urinarias, entre otras, relatan los médicos.

Ana Bianchi, jefa del Servicio de Medicina Perinatal del Pereira Rossell, asegura a la diaria que Uruguay necesita resolver estas problemáticas sin tener que trasladar a las futuras madres a Argentina o Brasil, lo que significa un estrés más para las familias. “Queremos ofrecer a los pacientes no sólo el diagnóstico oportuno, sino también el tratamiento y, por lo tanto, la solución al problema”, acota Bottaro.

Actualmente, el Pereira Rossell, mediante un acuerdo entre ASSE y la Facultad de Medicina de la Universidad de la República y con el apoyo de la fundación Álvarez Caldeyro Barcia, trabaja para poner en marcha este centro y comenzar a realizar estas intervenciones este mismo año. Bianchi señaló que se trata de una inversión “importante” que estimó en no menos de 200.000 dólares, para “poder tener todo implementado y ofrecerles a las madres las mejores soluciones”.

Según la jefa del servicio, la fundación Caldeyro Barcia ya compró los materiales para esta primera etapa –entre ellos, el fetoscopio, que tiene un costo de unos 70.000 dólares–, que estarán llegando al país en dos meses a más tardar.

Por su parte, el padre de Nahitan Valentín, Héctor Ferreira, subrayó en diálogo con la diaria la importancia de que Uruguay tenga un centro de estas características. “Es un respaldo para poder brindarles a los padres más tranquilidad. Poder decirles que van a empezar a hacer los estudios y luego ya programar la operación. Que no tengan que pasar lo mismo que nosotros; primero nos dijeron que teníamos que esperar a ver si conseguían la tecnología para poder hacerlo acá. Ya es una respuesta distinta que les das”, concluyó.