La inteligencia artificial se incorporó a la campaña electoral brasileña de 2026 no solo como una herramienta para producir propaganda, sino también como un recurso para fabricar escenas, respaldos y declaraciones que nunca ocurrieron. El último tramo de la campaña electoral, que derivó en una victoria de Flávio Bolsonaro sobre Lula da Silva en las urnas, estuvo atravesado por videos sacados de contexto, titulares falsificados y viejas narrativas.
Bajo este contexto, una investigación del medio de factchecking brasileño Aos Fatos reveló que una de las principales novedades de esta campaña fue la “banalización” de los deepfakes. Mientras en elecciones anteriores producir un video falso convincente requería más recursos y conocimiento técnico, ahora la tecnología permite generar imágenes, audios y videos sintéticos con mayor facilidad y distribuirlos rápidamente a través de las redes sociales.
Una frase de Lula y una acusación de Xuxa que nunca existió
Uno de los casos que circularon en los últimos días involucró a la presentadora brasileña Xuxa. Publicaciones difundidas en redes sociales afirmaban que había grabado un video para pedir que no votaran por Lula luego de una supuesta declaración del presidente asociada a la pedofilia. La historia era falsa, pero usaba un video real de Xuxa, aunque sacado de contexto.
Aos Fatos comprobó mediante una búsqueda inversa que la grabación había sido publicada originalmente por la presentadora en octubre de 2022. En aquel momento, Xuxa criticaba a Jair Bolsonaro por sus declaraciones sobre unas jóvenes venezolanas y decía que no votaría por él. El video original duraba unos 13 minutos, mientras que las publicaciones que circularon durante la campaña brasileña utilizaban apenas 42 segundos y eliminaban las referencias a Bolsonaro para, en su lugar, incorporar declaraciones recientes de Lula.
El origen de la controversia había sido una frase del actual presidente sobre los controles médicos para detectar el cáncer de próstata, en la que Lula comparó la resistencia de los hombres a realizarse determinados exámenes con la mayor familiaridad de las mujeres con las consultas ginecológicas. Las publicaciones desinformativas aislaron una parte de esa declaración para presentarla como una referencia al abuso sexual infantil.
La transcripción completa del discurso, sin embargo, muestra que Lula estaba hablando de exámenes médicos y de la prevención del cáncer de próstata. No hizo ninguna referencia a la pedofilia ni a abusos contra menores.
La religión vuelve al centro de la disputa
En un país dividido entre evangelistas y católicos, la dimensión religiosa también fue utilizada para producir contenidos engañosos. El último tramo de la campaña estuvo signado por la circulación de publicaciones que vinculaban a Flávio Bolsonaro con una supuesta intención de quitar a Nuestra Señora Aparecida el título de patrona de Brasil para favorecer a sectores evangélicos.
Sin embargo, la acusación no era nueva, y Aos Fatos identificó que la narrativa retomaba contenidos falsos que habían circulado en las campañas de 2018 y 2022 contra Jair Bolsonaro. En aquella oportunidad también habían circulado documentos y publicaciones falsificadas que atribuían al entonces candidato o a su entorno planes para modificar el estatus de la patrona de Brasil o eliminar el feriado del 12 de octubre.
Esta historia fue reciclada en el contexto de la candidatura de Flávio, quien profesa el evangelismo cristiano. Durante la campaña, Bolsonaro afirmó que, si fuera elegido, uno de sus primeros actos sería “decretar que el Brasil es del Señor Jesús Cristo”. A partir de esas declaraciones y de su búsqueda de apoyo entre los evangélicos, se construyó la narrativa de una supuesta negociación para retirar a Nossa Senhora Aparecida el título de patrona nacional.
Flávio negó que existiera una iniciativa de ese tipo, y el ministro del Tribunal Superior Electoral (TSE) André Mendonça calificó la asociación entre el candidato y la iniciativa como “notoriamente inverídica” y ordenó retirar contenidos. Posteriormente, el ministro del Supremo Tribunal Federal Flávio Dino anuló de forma liminar los efectos de esa decisión. Esto motivó que tanto desde la Iglesia católica como del Partido de los Trabajadores del propio Lula realizaran aclaraciones desmintiendo las versiones falsas.
No obstante, el bolsonarismo no fue el único afectado por este tipo de narrativas. A la par de esa operación, circularon una serie de publicaciones que afirmaban que Janja da Silva, la esposa del presidente, había dicho durante un acto político en Piauí que “ni Dios” podía impedir la victoria de Lula.
Aos Fatos comprobó que Janja efectivamente había participado en un acto político en Teresina el 9 de setiembre, pero no había pronunciado esa frase. La publicación utilizaba además una imagen manipulada de una nota del Correio Braziliense. El medio había publicado una noticia sobre el discurso de Janja, pero con un título diferente: “Janja se refiere a Lula como ‘ungido de Deus’ en elecciones en Piauí”. La imagen utilizada para ilustrar el contenido tampoco correspondía al acto señalado, sino que había sido tomada durante el evento de lanzamiento de campaña en São Bernardo do Campo.
Cuando una apuesta se presenta como una encuesta
Otra modalidad de desinformación no estuvo vinculada a imágenes falsas ni a videos manipulados, sino a la forma de presentar datos reales. Al menos diez candidatos y dirigentes, entre ellos Flávio Bolsonaro, difundieron durante la campaña los resultados de mercados de apuestas de predicción como Polymarket y Kalshi para sostener que el candidato tenía una ventaja sobre Lula. Algunas publicaciones mostraban los porcentajes en gráficos y utilizaban expresiones propias de la divulgación de encuestas electorales.
El 20 de setiembre, Polymarket había publicado en X que Flávio había alcanzado un 58% de probabilidades de ganar la elección. A partir de ese dato, dirigentes del Partido Liberal difundieron gráficos y mensajes que sugerían una victoria en primera vuelta. En algunos casos incluso se utilizaron imágenes generadas o modificadas mediante inteligencia artificial.
La utilización electoral de estos datos adquirió particular relevancia porque las plataformas de mercados de predicción estaban prohibidas para operar en Brasil desde abril. Pese a los bloqueos, algunos de sus contenidos continuaron siendo accesibles a través de redes sociales.
Las reglas existen, pero la circulación continúa
El TSE estableció reglas específicas para intentar reducir el impacto de la inteligencia artificial en la elección. La propaganda producida con IA debe estar identificada y no puede contener material desinformativo. También existen restricciones para el uso de chatbots, que no pueden simular comunicaciones con candidatos ni recomendar o priorizar candidaturas.
Las plataformas, por su parte, asumieron compromisos con el tribunal para implementar mecanismos de identificación y etiquetado de contenidos generados artificialmente. Sin embargo, Aos Fatos señala que el etiquetado automático y la identificación de contenidos sintéticos continúan siendo uno de los principales puntos débiles de la aplicación de las nuevas reglas.
La investigación encontró también contenidos producidos o difundidos por candidatos sin las etiquetas correspondientes. La IA se utilizó para fabricar imágenes, simular encuentros con votantes, crear memes, producir presentadores virtuales y alterar declaraciones de los propios candidatos. A esto se suma la velocidad con la que circulan los contenidos. Una publicación falsa puede alcanzar cientos de miles o millones de visualizaciones antes de que una organización de verificación consiga reconstruir el contexto y explicar qué ocurrió.
El caso de la supuesta bandera arrojada al piso por Lula después de votar es ilustrativo. El mismo día de la elección, un video comenzó a circular con la acusación de que el presidente había tirado y pisado la bandera de Brasil. Las publicaciones habían acumulado al menos 1,9 millones de visualizaciones en X, además de miles de interacciones en Facebook e Instagram, viralización que se dio mientras las mesas de votación seguían abiertas.
Pero otro ángulo de la misma escena permite observar lo que realmente ocurrió. En realidad, Lula entregó la bandera al fotógrafo presidencial Ricardo Stuckert, quien la guardó en un bolsillo.
.
