“Cada ciudad puede ser otra / cuando el amor la transfigura / cada ciudad puede ser tantas / como amorosos la recorren”, dijo Mario Benedetti. Sin duda que el autor tenía razón: las ciudades pueden cambiar y efectivamente lo están haciendo. La cuestión es de qué forma. El crecimiento urbano y los procesos de urbanización se han acelerado en los últimos 45 años: entre 1975 y 2015 la población mundial que vive en zonas urbanas creció de 38% a 54% y se espera que la tendencia continúe hasta llegar a 70% para 2050. Si bien para muchas personas estos cambios significaron una mejora en su calidad de vida, la desigualdad dentro y entre ciudades no se puede ignorar.

Con el objetivo de analizar este proceso y brindar aportes para transitar hacia un camino más sustentable y justo, en marzo se dio a conocer el sexto informe “Perspectivas del medio ambiente para las ciudades” del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. El geógrafo uruguayo Diego Martino fue coordinador del reporte.

“Porciones significativas de la población urbana todavía luchan por acceder a los servicios básicos necesarios para una vida humana digna y se sienten atrapadas dentro de duras condiciones de vida. Al mismo tiempo, la urbanización, junto con la pérdida de biodiversidad, la degradación de los ecosistemas y la contaminación, son impulsores centrales del cambio ambiental. La desigualdad urbana y la sostenibilidad ambiental están profundamente entrelazados”, sentencia el nuevo informe. También hace hincapié en la doble relación entre las ciudades y el ambiente, y sostiene que, por un lado, “las ciudades, su gente y su infraestructura afectan los entornos naturales en su interior, alrededor y fuera de sus límites”, y, por otro, que “las ciudades son vulnerables a la degradación ambiental”.

Martino explicó a la diaria que debido al gran número de habitantes y, por tanto, al mayor consumo, durante mucho tiempo se pensó que las urbes eran “las culpables del deterioro ambiental” y se las consideró los lugares “donde se genera mayor contaminación”. En este informe se pretende cambiar la perspectiva y afrontar la tendencia mundial de urbanización, que se definió como “continua, rápida e imparable”. De forma sencilla, se busca dejar de ver a las ciudades como profanadoras del ambiente y comenzar a observar su “potencial de ser la oportunidad más importante para el desarrollo sostenible”.

Romper los bloques

¿Por qué sigue prosperando un modelo de desarrollo insostenible desde el punto de vista ecológico, social y económico en las ciudades? Un concepto fundamental que proponen los autores es el de lock-ins, que podría traducirse como “bloqueos”. “Supone ciertas estructuras de poder socioeconómicas relacionadas con distintas formas de organización de la sociedad que hacen difícil cambiar la tendencia en la que se están moviendo las ciudades”, dice Martino. “Los modelos existentes son los que impiden que haya un cambio hacia modelos de ciudades más sustentables. No es solamente un aspecto técnico y de procesos para mejorar la sustentabilidad; las herramientas las tenemos, las ideas están. A veces hay que quebrar con estructuras de poder existentes dentro de las propias sociedades urbanas”, agregó el geógrafo.

En el reporte se explican varios de los factores que producen los bloqueos: el predominio de una “economía política estática”, “modelos habituales de planificación urbanística que tienden a centrarse en controlar, domesticar o explotar la naturaleza” y “sistemas de gobernanza complejos y multinivel”. La planificación y el diseño urbanístico se evidencian como una herramienta fundamental para superar estos “bloqueos profundamente arraigados”, pero deben tener en cuenta “la complejidad, la diversidad y las interconexiones dentro y fuera de las ciudades para cambiar las tendencias actuales”.

Vinculado a este punto, el informe enfatiza que la equidad y la justicia no deben verse como “consideraciones sectoriales que deben abordarse como una ocurrencia tardía”, porque requieren estrategias para “cambiar los múltiples impulsores estructurales de la inequidad que se encuentran comúnmente en las ciudades”. Martino manifiesta que “no son procesos secuenciales, son procesos paralelos. No tenemos que esperar a haber logrado determinados estándares para ir más allá. La solución a los temas ambientales suele beneficiar más a las personas que están con mayor grado de vulnerabilidad. El proceso de salida de la situación de vulnerabilidad tiene que ir en paralelo con el mejoramiento de la situación ambiental”.

No es sólo enverdecer

Los autores del trabajo manifiestan que un gran número de ciudades ubicadas en el Sur Global están “mal equipadas” para enfrentar los desafíos de la rápida urbanización; al mismo tiempo, son las más afectadas por la profundización de la desigualdad y los impactos del cambio climático y la degradación ambiental. La profundización de la desigualdad dentro de las urbes se observa, por ejemplo, en las diferentes capacidades de adaptación al cambio climático de los actores. “En algunos casos, los hogares acomodados han podido retirarse y reubicarse de zonas costeras en riesgo, a menudo llevándose consigo valiosos ingresos fiscales, que son necesarios para financiar la adaptación a un clima cambiante. Por el contrario, las comunidades más pobres son desproporcionadamente vulnerables y afectadas por el cambio climático y menos capaces de reubicarse fuera de estas áreas”, se remarca en el informe.

Algunas medidas de mitigación del cambio climático también están causando efectos que podrían considerarse injustos en las ciudades. En el informe se pone de ejemplo la “gentrificación verde”, que se define como “el fenómeno creciente por el cual proyectos ambientales están contribuyendo al desplazamiento de personas de bajos ingresos”. Al respecto, Martino pregunta cuáles son los sectores de la población que tienen acceso a áreas verdes o cuáles no. “Ven un barrio que no está teniendo un buen acceso. Entonces, deciden mejorar la cobertura de áreas verdes y parques para que cuenten con los beneficios, que son muchísimos. Se hace infraestructura, crean parques, facilitan el acceso, empieza a valorizarse el barrio, a cambiar la concepción sobre él, a mover gente con mayor poder adquisitivo, y eso termina expulsando a esa población que se quiso beneficiar. Se da un proceso por el cual enverdecer un barrio, hacerlo más atractivo para que esa población tenga acceso, termina generando un proceso de suba de alquileres, por ejemplo”, comentó.

El geógrafo recalcó que estos fenómenos no son “tan comunes” en América Latina, pero sí tienen apogeo en Europa y Estados Unidos. Un punto importante es que la solución a esto no es dejar de crear espacios verdes para las comunidades, sino que estos proyectos deben ser “acompañados de medidas específicas” para frenar la gentrificación, como podría ser la limitación del precios de los alquileres.

Martino especificó que “las políticas urbanas más exitosas se dan en aquellos casos en los que se involucra a la población, donde se hace un proceso de consulta, donde no vienen soluciones tecnocráticas desde arriba”. Asimismo, admitió que requieren un proceso de diálogo entre distintos actores. Por esta razón, en el reporte se sostiene que “la acción sistémica y transformadora requiere integración intersectorial, así como la coordinación entre jurisdicciones tanto dentro de regiones urbanas como periurbanas y entre las autoridades locales, subnacionales y nacionales”.

“Muchas de las ciudades no tienen los recursos necesarios para llevar adelante sus planes o requieren una coordinación, como pasa en muchas zonas metropolitanas del mundo, entre distintas jurisdicciones. Acá el caso más claro es entre Montevideo y Canelones. Las políticas de ordenamiento y desarrollo que tome la Intendencia de Canelones con respecto al tema vivienda, o a cualquier otro tema, van a impactar sobre el área metropolitana de Montevideo”, ejemplificó Martino. Otro ejemplo refiere a la decisión de una ciudad de ser más sustentable. Para ello de dónde viene la energía es importante, pero en el caso de Uruguay las ciudades no eligen de dónde reciben energía, sino que se trata de decisiones que toma el gobierno nacional.

“Necesariamente las ciudades tienen que tener un diálogo con el gobierno nacional”, señaló Martino. Por otra parte, planteó que las posibilidades de que pequeñas ciudades de América Latina reciban ingresos fiscales son “cada vez menores”, y a la vez “no tienen acceso a fuentes de financiamiento externas” directas porque “tienen que pasar por el gobierno nacional”.

¿Existe una ciudad ambientalmente perfecta?

“Las ciudades enfrentan una combinación de desafíos que necesitan ser identificados y resueltos de acuerdo con sus propios caminos de desarrollo, en lugar de implementar estrategias que pueden haber sido prescritas externamente”, sentencia el reporte, y afirma que las agendas urbanas deben adaptarse a cada contexto, geografía e historia particular, aunque recuerda que hay “un enorme valor” en el “intercambio” y el “coaprendizaje” de estrategias implementadas en diferentes lugares.

Los especialistas cuentan en el informe que identificaron tres áreas principales de acción urbana, que implican “baja emisión de carbono, eficiencia energética y material, así como circularidad”, “resiliencia y sostenibilidad” e “inclusión social y justicia”. Al mismo tiempo, la planificación del medioambiente urbano debería considerar enfoques basados en la “toma de decisiones inclusiva y públicamente comprometida”.

“Muchas veces para los actores urbanos no es fácil animarse a dar un paso para generar ese cambio. Es importante tomar riesgos, jugársela. Cuando hablás con algunos de los actores sobre la reducción de los carriles de autos o un aumento del espacio público, capaz que hay una resistencia, pero con el tiempo el cambio se ve que funcionó”, apuntó Martino.

El geógrafo manifestó que en muchos casos se pone como “modelo” ciudades del Norte Global, pero cuando una ciudad del Sur Global quiere aplicar medidas similares observa que son “totalmente irrealizables en su contexto”. Al mismo tiempo, Martino remarcó que “puede haber una ciudad muy eficiente, que recicla, que tiene su energía de fuentes renovables, pero después las personas de esa ciudad tienen una huella ambiental individual gigantesca”.

La ciudad ambientalmente perfecta no existe, pero el especialista se encargó de plantear una serie de interrogantes. “¿Es una ciudad sustentable o no lo es? ¿Es culpa de la ciudad? El promedio de consumo sigue estando mucho más atado a los ingresos que a la importancia que se le dé al tema ambiental. ¿Son las ciudades las responsables del consumo y la huella ambiental de las personas o se trata del modelo de desarrollo, de sociedad?”. Tal como dijo Benedetti, cada ciudad puede ser otra.