La industria de la moda es considerada una de las más contaminantes del planeta. Según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), el auge de la denominada “moda rápida” ha impulsado un modelo de consumo acelerado que ha disparado la producción de prendas y reducido significativamente su vida útil. En la actualidad, una persona, en promedio, compra aproximadamente un 60% más de ropa que hace 20 años, pero la utiliza durante la mitad del tiempo; en muchos casos, las prendas se usan apenas entre siete y diez veces antes de ser descartadas.
Este patrón de producción y consumo genera enormes volúmenes de residuos textiles. Se estima que cada año se producen en el mundo cerca de 92 millones de toneladas de desechos textiles, lo que equivale a un camión de basura lleno de ropa que es incinerado o enviado a vertederos cada segundo.
El sector textil es responsable de entre el 2% y el 8% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI) y consume alrededor de 215 billones de litros de agua al año, volumen equivalente a 86 millones de piscinas olímpicas. La producción textil requiere más de 1.900 tipos de productos químicos a lo largo de la cadena de valor, desde el cultivo de fibras hasta los procesos de teñido y acabado, de los cuales aproximadamente el 8% están clasificados como peligrosos para la salud humana y el ambiente, según el Pnuma.
Estas tendencias evidencian la necesidad de repensar los hábitos de consumo. De acuerdo con estimaciones del programa, duplicar la cantidad de veces que se utiliza una prenda podría reducir las emisiones de GEI asociadas al sector en un 44%.
Para afrontar este desafío se requiere una transición desde el modelo lineal de producción y consumo, basado en la lógica de extraer, producir, consumir y desechar, hacia un enfoque de economía circular. Este modelo busca eliminar los residuos y la contaminación desde la etapa de diseño, mantener productos y materiales en uso durante el mayor tiempo posible, nuevos modelos de negocio y de consumo, y regenerar los sistemas naturales en lugar de degradarlos.
Relevamiento de prácticas y percepciones de economía circular en Uruguay
Uruguay cuenta desde 2024 con una Estrategia Nacional de Economía Circular que establece lineamientos para avanzar hacia modelos de producción y consumo más sostenibles.
En 2024 se realizó un primer Mapeo de prácticas y percepciones hacia la economía circular: un estudio de relevamiento ciudadano. Este fue llevado a cabo por la Usina junto al Grupo de Economía Verde e Inclusiva (GEVI), Cempre Uruguay y la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Universidad de la República, con el apoyo del Programa Oportunidades Circulares de la Agencia Nacional de Desarrollo.
El proyecto se propuso generar insumos para el diseño de políticas públicas orientadas a promover la economía circular, mediante el relevamiento de comportamientos y percepciones de la población uruguaya. A partir de ese antecedente y considerando la relevancia ambiental del sector textil, en 2025 se hizo un nuevo relevamiento enfocado específicamente en las prácticas de consumo y percepciones ciudadanas vinculadas a la circularidad en este sector[^1].
El estudio se desarrolló con una metodología de panel que incluyó dos consultas a una muestra representativa de la población nacional mayor de 18 años.
Motivaciones y hábitos de consumo
Entre los principales resultados del relevamiento, se observa que cuatro de cada diez personas señalan que compran ropa nueva principalmente porque la que tienen ya no puede utilizarse debido a roturas, deterioro o porque ya no les sirve (gráfico 1). La segunda razón (23%) es la necesidad de adquirir prendas para necesidades puntuales u ocasiones específicas (eventos o celebraciones). Asimismo, dos de cada diez identifican el precio como el principal factor que motiva la compra.
En cuanto a la frecuencia de compra, tres de cada diez personas indican que compran ropa nueva cada dos o tres meses, mientras que el 31% lo hace aproximadamente cada seis meses.
Modalidades de compra y comercio en línea
Respecto de los canales de compra, 35% de las personas adquiere ropa en grandes tiendas o centros comerciales, 18% en ferias, 14% a través de internet y 12% en tiendas de segunda mano (gráfico 2).
Con respecto a la consulta referida a si realiza compras por internet y la frecuencia de compra, 11% de los encuestados señala que lo hace con frecuencia, mientras que 24% lo hace ocasionalmente y 27% muy pocas veces. 35% afirma no comprar nunca ropa por internet. La compra por internet es significativamente más frecuente entre jóvenes de 18 a 29 años: 23% menciona que compra por internet con frecuencia.
Entre quienes compran por internet, el precio es el principal motivo mencionado (40% de las personas). Otros factores relevantes son la variedad de modelos y talles (26%), la facilidad y rapidez de compra (21%) y el diseño de las prendas (8%).
Circularidad y segunda mano
64% de las personas afirma que utiliza una prenda durante más de dos años antes de dejar de usarla, mientras que 22% lo hace entre uno y dos años y 10% durante menos de un año.
En relación con el destino de la ropa que ya no se utiliza, 72% de las personas declara que la dona o regala, lo que refleja una práctica extendida de circularidad (reutilización). Solo 4% menciona que vende o intercambia prendas en locales de segunda mano y 10% afirma que la desecha o la deja en contenedores (gráfico 3).
Entre quienes dicen que no utilizan ropa de segunda mano, el motivo principal es la preferencia por ropa nueva por razones de higiene o calidad (30%). Otros factores incluyen la falta de opciones cercanas (17%), la dificultad para encontrar talle o estilo (16%) y que el precio no resulta conveniente (6%).
Más de la mitad de las personas encuestadas (51%) afirma conocer servicios de alquiler de ropa, aunque nunca los ha utilizado, y una de cada tres personas (29%) indica haber utilizado este tipo de servicios.
En cuanto a los obstáculos para circular prendas que ya no se utilizan, 36% menciona la falta de opciones disponibles para donar o vender ropa, 34% señala la falta de información y 14% considera que no resulta práctico.
Asimismo, seis de cada diez personas consideran muy importante contar con una plataforma digital que permita circular ropa mediante modalidades como venta, donación, consignación, trueque o reutilización. Sin embargo, 65% de los encuestados indica no conocer actualmente plataformas de este tipo.
Responsabilidad para impulsar la economía circular
Consultados sobre quién tiene mayor responsabilidad en impulsar la economía circular en el sector textil, cuatro de cada diez personas consideran que la ciudadanía, el Estado y las empresas comparten la misma responsabilidad (gráfico 4). 19% atribuye un rol principal a las empresas, 16% al Estado y 15% a la ciudadanía.
En relación con las acciones que considera que deberían impulsar las empresas para promover la economía circular en el sector textil, 39% menciona que la principal es educar y concientizar al consumidor, seguido en importancia por la utilización de materiales sostenibles y reciclados en la fabricación de la ropa (29%). 15% menciona que no es responsabilidad de las empresas.
Con respecto a las acciones que involucran a la ciudadanía y el comportamiento del consumidor, 30% de los encuestados menciona comprar menos ropa y de forma más consciente, 19% señala informarse y apoyar marcas responsables, intercambiar prendas (17%) y reparar la ropa (11%), mientras que 10% considera que no es responsabilidad de la ciudadanía.
Respecto del rol del Estado, la medida más mencionada es el apoyo a emprendimientos que reciclan o reutilizan ropa (34%), seguida de campañas de información al consumidor (18%), la creación de centros de reutilización y reciclaje (14%) y exigir a las empresas responsabilidad en la gestión de sus residuos (11%).
Conclusiones
Los resultados del estudio evidencian el desafío de avanzar hacia modelos de producción y consumo sostenibles en el sector textil. La adopción de prácticas, como la reutilización, la reparación y el reciclaje de prendas, puede contribuir significativamente a reducir el impacto ambiental del consumo de ropa.
El sector privado tiene un rol central en este proceso por medio del desarrollo de productos diseñados para ser utilizados durante más tiempo, reparables y reciclables, y la adopción de modelos de negocios circulares que reduzcan el volumen de producción y la contaminación.
Por su parte, los gobiernos pueden impulsar la transición hacia una economía circular mediante políticas públicas como esquemas de responsabilidad extendida del productor/importador, regulaciones sobre sustancias químicas nocivas, inversiones en infraestructura de reciclaje e incentivos para modelos empresariales sostenibles.
En conjunto, estas acciones pueden contribuir a transformar el sistema de producción y consumo, promoviendo una industria más sostenible y alineada con los principios de la economía circular.