El programa Trabajo Uruguayo surge como “una iniciativa de la CIU para promocionar la producción nacional”, explicó Vilariño, quien se refirió a su proceso de gestión.

En ese sentido, señaló que la idea “no surgió de la nada” sino que fue un proceso que comenzó en 1994, con la campaña Importado de Uruguay, y que siguió en 2001, con el proyecto 100% Uruguayo.

Cinco años después, se propuso “volver a realizar alguna acción” de difusión promocional y se optó por Trabajo Uruguayo, una decisión que se tomó, fundamentalmente, luego de haber realizado un análisis del impacto de la campaña Importado de Uruguay. Si bien este concepto “se entendía claramente entre empresarios, profesionales y personas con un determinado nivel educativo, para el resto de la población era difícil comprender el juego de palabras: Importado de Uruguay, graficó el directivo. “Por eso, para hacer una campaña que tuviera un impacto mayor, nos decidimos por Trabajo Uruguayo, un concepto concreto, sencillo y claro”.

Libro digital

Uno de los proyectos que está analizando actualmente la CIU es “utilizar el potencial que brinda el Plan Ceibal” como forma de reducir costos. Barreira explicó que “cuesta mucho imprimir tantos libros” como los del proyecto de referencia, y, por ello, la idea es brindar más contenidos a través del Ceibal, no sólo incorporando digitalmente el texto, algo que ya se hizo, sino “incorporándoles un valor agregado a esos contenidos, aprovechando toda la estructura”. “No hacerlo sería desconocer una realidad que llega a un montón de chicos”, concluyó.

Primero los niños


En el marco de este programa, la CIU buscaba “hacer algo con los niños de escuela”, aunque “no sabíamos muy bien qué”, reconoció Vilariño. Según indicó, se tenía “el convencimiento de que el nivel de profundidad con el que se habla de la industria es muy liviano, es básico, y no se entiende cuál es el nivel de impacto que tiene la industria en puestos de trabajo, en la economía en general, y cómo influye en esto el consumo responsable”.

De esta intención surgió la idea de un libro dirigido a todos los alumnos de quinto año de escuela, apuntando a una mayor interactividad, y por ello el texto consta de “nueve actividades didácticas, en las que los niños tienen la posibilidad de analizar el consumo de la familia, el trabajo del barrio, qué quiere decir la palabra ‘producir’, el concepto de país productivo, consumo responsable y lo que es una cadena productiva”.

El proyecto se gestó en 2008 y comenzó a aplicarse este año. El financiamiento se realizó con el aporte de varias empresas asociadas a la CIU, con la colaboración del Latu, en el marco de una inversión total de unos 75.000 dólares, cuyo resultado alcanzó a unos 57.000 niños. Los jerarcas de la CIU aseguraron que, en una segunda etapa, también se buscará extender el proyecto a otros grados del sistema educativo, y que se tiene en carpeta realizar actividades similares con alumnos de tercer año de liceo.

El futuro consumidor

El texto consta de cuatro ejes temáticos bien diferenciados: Trabajo Uruguayo, cadenas productivas, consumo responsable y emprendedurismo. Estos temas buscan generar “un impacto en el consumidor futuro, que es el niño de hoy, que tiene que entender que su decisión de compra impacta directamente en la economía del país”. Vilariño aclaró que lo que se promueve “no es ponerse la celeste porque sí” ni “ponerse en contra de los productos importados”, sino explicar que “ante igualdad de condiciones” entre diferentes artículos a la hora de comprar, es mejor “optar por un producto nacional porque eso tiene impactos muy grandes en la industria local”.

Otro de los objetivos centrales que busca el proyecto es “fomentar el interés por ser empresario”, brindando una opción adicional de desarrollo personal a lo que son los empleos clásicos.

Barreira opinó que “si el niño no empieza a entender lo que es una cadena productiva, nunca va a ser un emprendedor”.

Por su parte, el gerente de la CIU sostuvo que se busca “mostrar un concepto de empresario que desgraciadamente no es el que anda en la vuelta”. “En otro país un empresario es una persona valorada, muy bien considerada, y en Uruguay no pasa eso, los empresarios no tenemos buena imagen”, sostuvo.

Por ello se está promoviendo “rescatar los valores positivos de ser empresarios, el efecto positivo de la empresa para la sociedad, para el empleo, para la socialización de determinados lugares, donde una industria genera una vida y una operativa en su entorno que difícilmente genere otro emprendimiento”.