Al caminar por el Centro de Montevideo es casi inevitable toparse con un teatro. Más de setenta obras se disputan simultáneamente la cartelera desde una treintena larga de salas activas: algunas que soportan los años como pueden, otras que recién están estrenando sus butacas, algunas en el Centro y otras en la periferia, y otras que reabren sus puertas después de haber pasado muchos años en silencio y llenas de polvo. Además, una cantidad inmensa de espacios no convencionales desperdigados por la ciudad es cada vez más utilizada por los creadores para presentar sus espectáculos. Por si fuera poco, a esto hay que agregarle la cantidad de salas y de obras del interior del país.

En proporción, muy pocas de estas obras pueden salir fuera del país por carencia de difusión, de productores que se encarguen de hacer los contactos e incluso por falta de dinero para los viáticos, entre otros motivos. Sin embargo, en los últimos tiempos algunos espectáculos han logrado cruzar fronteras, como Gatomaquia, de Héctor Manuel Vidal, en gira desde hace tres años por todo el continente; Los padres terribles, dirigida por Alberto Zimberg, que arrasó con los Florencio y viene de participar en el Tercer Festival Ibero-americano de Teatro de São Paulo y el 17º Festival Internacional de Porto Alegre, y el unipersonal Medea del Olimar, de Mariana Percovich, que en julio se representó en distintas ciudades de México.

Este mes llegó el turno de dos obras que han tenido gran éxito de público. Las Julietas, de Marianella Morena, emprendió un viaje a Argentina por resultar seleccionada por el Instituto Nacional del Teatro Argentino (INT) para participar en el circuito nacional de teatro del Bicentenario Argentino, “El país en el país”. Su gira se extendió del 31 de agosto al 5 de setiembre y abarcó Misiones, Corrientes, Salta y Chaco. Mi muñequita, de Gabriel Calderón, estuvo esta semana en Brasil para participar en “Mirada”, el Festival Iberoamericano de Artes Escénicas de Santos el 8 y 9 de setiembre.

Las Julietas, estrenada hace 16 meses, ya participó en el FIT de San José de Rio Preto, San Pablo. “Es importante que Uruguay tenga presencia en el mundo. También la cultura artística forma parte de lo que hace a un país, su gente, contexto y presente. A nosotros en San Pablo nos presentaban como Uruguay, y si bien era mi obra, era la mirada sobre el país y su teatro”, cuenta Morena.

Leonardo Pintos, actor de ambos espectáculos, cree que representar al país en esa instancia implicó “una responsabilidad enorme, debido a que era la primera vez que Uruguay se presentaba en ese festival, junto a representantes de Alemania, Chile, España, Canadá y Estados Unidos”. Plantea: “No sólo estábamos haciendo Las Julietas en otro país, sino que también estábamos presentando parte de la gran diversidad teatral que existe en Uruguay”.

Además, Pintos cuenta que fue muy removedor para el elenco ver cómo un público extranjero “adhería, escuchaba, reflexionaba y se divertía con nuestros códigos, nuestras historias, nuestros mitos, nuestra realidad local, social e histórica. Cómo los paulistas salían del espectáculo tarareando ‘uruguayos campeones’ o repitiendo la palabra ‘celeste’”. Las Julietas cuenta la historia de un grupo de teatro itinerante que intenta representar a Shakespeare en el interior de nuestro país en el año 1950.

“Cada vez que me toca presentarme en un escenario extranjero, pienso en la mirada que el público se formará de Uruguay a través del hecho artístico. Cualquier hecho cultural habla de una sociedad, de cómo vemos y pensamos un país y, como consecuencia, el público, en este caso teatral, pensará y se formará una opinión parcial de Uruguay a través de nosotros”, dice Pintos.

Santiago Sanguinetti, dramaturgo y también integrante del elenco “celeste”, destaca que “muchas de las personas que asistirán a las representaciones en esta gira por Argentina jamás vieron teatro uruguayo y no demorarán en identificar lo que vean como una pequeña muestra de lo que sucede a nivel local”. Sanguinetti afirma que esto también supone un riesgo debido a que “de nosotros depende ahora lo que opinen en el futuro. Estas instancias abren las puertas, o las cierran definitivamente”.

El gestor y dramaturgo Gabriel Calderón, director y autor junto con Ramiro Perdomo de Mi muñequita, también se preocupa por la representatividad: “Cuando vamos a otros países sabemos que representamos a Uruguay, incluso a aquellos que no les gusta Mi muñequita. Entonces, por un lado, es aprendizaje, pero, por el otro, un gran compromiso de representar de la mejor manera a todo un medio tan diverso y complejo”.

Visto de afuera

Claudio Quijano, actor de Las Julietas, afirma que existen precedentes que cimentaron el interés de la región por las obras nacionales: “Hubo otros elencos que lo hicieron. No es fácil que la gente en el exterior sepa dónde está Uruguay, menos se le puede exigir que conozca algo de su producción teatral”.

Plantea además: “La calidad de los espectáculos que han empezado a viajar por el mundo ha despertado el interés de esos espacios por conocernos, y eso es muy positivo para todos. No hace falta tener un espectáculo con efectos 3D y cientos de actores en escena. Las Julietas habla de nosotros como sociedad, de lo uruguayo, de nuestros mitos y, aun así, genera una empatía impresionante con públicos que no comparten nuestro idioma. Eso es teatro. Salir y ver otros sistemas teatrales, otras realidades de creación y de funcionamiento creo que te permite volver y relativizar mucho más a tu propio medio teatral. En ese sentido, creo que las obras uruguayas tendrían que salir al exterior. Forma parte de un proceso que creo que se está empezando a dar. Incluso con espectáculos que fueron ignorados por la crítica especializada. Las Julietas es un ejemplo de eso. No tuvo ninguna nominación al premio Florencio, pero está representando al país en distintas instancias internacionales en las que la crítica la ha reconocido”.

Marianella Morena coincide con Quijano en que “la opinión extranjera sobre la creación prestigia, valida, porque a veces en tu propio país no te consideran. Eso equilibra un poco las cosas: no me ven acá pero me ven afuera”.

Además, la directora afirma que poder salir al exterior “permite tener contacto directo con la realidad teatral de otros lugares, se abren formas de intercambio, miramos nosotros mismos a Uruguay con otra perspectiva, se abren fuentes laborales, pero lo más significativo es que las cosas no están en islas. En Brasil nos felicitaban por la obra y por el Mundial y todo estaba en una misma bolsa. Era la primera vez que iba un grupo uruguayo a este festival y les llamó mucho la atención la originalidad y lo accesible que era el espectáculo. Un festival es una feria, una vidriera, pero también es una ventana hacia tu país, incluso desde lo turístico. El impacto se multiplicaría si se lo viera desde ese potencial”. Calderón sostiene que el hecho de salir al exterior “siempre es importante en varios sentidos. Dialogás con otras obras y creadores, se conoce lo que se está haciendo localmente y se abren diferentes mercados tanto de teatros como de festivales que, en el mejor de los casos, enriquecen la creación de cada uno y del medio en el que éste está inserto”. 

Pero también hay dificultades, por ejemplo, para llegar a otros públicos más lejanos. Morena afirma: “Europa no mira a Montevideo para ver qué pasa, no importa cuán bueno pueda ser tu trabajo, no llegás, no por falta de calidad, ni porque estés atrasado, no llegás porque los puentes están rotos y porque los contextos son determinantes; la procedencia hace a la marca en el arte”. A su vez, destaca la importancia de construir redes entre los artistas del continente debido a que “somos muy pocos y tenemos que unirnos, nadie le quita nada a nadie, al contrario, la solidaridad en estos esquemas de gigantes es lo único que te salva hasta que surja una estructura más sólida que te respalde”.

Pie de apoyo

Se presentaron a la convocatoria de la Plataforma Internacional de Danza de Brasil, gustó su proyecto y en diciembre marchan rumbo a Bahía a presentar su espectáculo. Se trata del grupo uruguayo de danza contemporánea de Carolina Silveira y su trabajo Compañía, que toma como primera fuente de inspiración la obra narrativa de Samuel Beckett. “Siempre es interesante testear una obra con diferentes públicos, es decir, así como es una experiencia valiosa pasar del teatro Solís al Subte, al Florencio Sánchez del Cerro o a las distintas localidades del interior, salir del país implica poner a prueba las obras en nuevas circunstancias”, cuenta Carolina Silveira. La bailarina sostiene que viajar al exterior también es importante a la hora de “poder entrar en contacto con artistas extranjeros con los que exista una simbiosis particular que dé origen a algún tipo de colaboración artística, ensanchando las posibilidades creativas de ambos. Nuestro país es muy chiquito y aunque considero que en danza hay todavía muchas cosas para hacer entre nosotros, siempre es bueno tomar aire para repensarse, para reformularse y hasta diría para valorarse”. Silveira destaca la importancia de que en 2009 el Festival Internacional de Buenos Aires haya elegido llevar el espectáculo de danza uruguaya ATP de Tamara Cubas, y plantea que “algo está empezando a cambiar en el modo de vernos de una orilla a la otra. Eso por dar el ejemplo de un festival que históricamente no nos ha tenido muy en cuenta, pero del otro lado está Brasil, que está siendo un escenario bastante concurrido por algunos grupos uruguayos”. Se trata, según Silveira, de posicionar a Uruguay de un modo diferente en el mundo. Además de ser seleccionada para viajar a Bahía, la compañía de Carolina Silveira fue elegida para concurrir al Festival Beckett de Buenos Aires, al que todavía no pudieron confirmar su asistencia por no contar con el dinero necesario para cubrir pasajes, estadía y alojamiento. Iniciaron un trámite en el Ministerio de Relaciones Exteriores para intentar conseguir los fondos pero les comunicaron que era prácticamente inviable. “Saldríamos mucho más si hubiera una modalidad organizada, transparente y continua de otorgar apoyo a los espectáculos que son seleccionados del exterior por festivales con menor disponibilidad económica. Sería interesante en este sentido que se aunaran los esfuerzos del Ministerio de Relaciones Exteriores y el Ministerio de Educación y Cultura a través de algún mecanismo interinstitucional”, sostiene Silveira.