Uruguay acordó la recomendación de la Organización Internacional del Trabajo sobre promoción de cooperativas tras dos años de intenso debate. La Ley General de Cooperativas recientemente aprobada definió el tema de interés general para el desarrollo económico-social y la redistribución de la riqueza. El texto encomendó al Estado la promoción del desarrollo autónomo del sector, para lo que fue creado el Inacoop. Gutiérrez destacó que se busca lograr una articulación público-privada y otra público-pública para que el sector gane en capacidad y eficiencia.

Resaltó la experiencia de los ex trabajadores de Paylana, que formaron su cooperativa y ahora esperan el informe de viabilidad que les permita volver a trabajar en la fábrica. Evaluó el caso como un ejemplo en que una organización de base local y la presencia de saberes comunes constituyen el principal capital de un grupo. Ello, el apoyo de la comunidad, la voluntad de trabajo en conjunto, el conocimiento de las limitaciones y el trabajo articulado para superarlas constituyen factores determinantes del éxito. Valoró el programa de capacitación en cooperativismo con que el Inacoop acompaña el proceso como “una ayuda para la toma de conciencia de que se asumen nuevas responsabilidades”. “Estos trabajadores van a tener una empresa en sus manos, y el rótulo de empresarios no quiere decir renunciar a su carácter de obreros y a su clase. Empresario no es el dueño ni el que se apropia de los resultados sino el que hace una gestión de empresa. En una cooperativa eso es colectivo, y en la medida en que logre determinados acuerdos y sinergias, obtendrá resultados”, analizó.

Para promover el cooperativismo es necesario detectar los rubros que ofrecen más oportunidades en cuanto al desarrollo del país, y que las cooperativas puedan incorporarse a ellos dada la dificultad de que generen acumulación primaria de capital en sus inicios. Y recordó que muchas veces los fracasos de empresas tradicionales en rubros tradicionales obligan a la población a tomar alternativas. “Las cooperativas siempre nacen y se hacen de una necesidad y ocurre muchas veces que si no logran los resultados esperados, se dice que el modelo está acabado. Pero nadie dice que el modelo de acumulación capitalista esté perdido porque haya habido un tendal de sociedades anónimas que quedaron por el camino”, razonó. El directivo también remitió a las dimensiones comunitaria y geográfica. “Cerca de la mitad del movimiento cooperativo uruguayo está radicado en el interior, con características muy propias de la marca e identidad de cada localidad”. Si bien su equipo se desplaza, Inacoop tiene sus oficinas en Montevideo, pero se piensa en equipos regionales para fortalecer el desarrollo local. Precisó que la mayoría de las cooperativas se ubica en la zona metropolitana y el litoral, con distintos grados de desarrollo.

Comunicarse

Sobre las estrategias de difusión, el Comité de Implementación del Año Internacional del Cooperativismo recién comienza a funcionar, aunque ya se prevé “momentos fuertes” en el año como el Día Internacional del Cooperativismo, los actos de cierre y otros eventos que se enmarcarán en la consigna. La idea del Inacoop es trabajar en conjunto con la Confederación Uruguaya de Entidades Cooperativas en el impulso a un debate “profundo”. “Estamos en un momento de crecimiento del país y del movimiento. En los últimos años se han creado muchas cooperativas y es algo que hay que capitalizar. Durante muchos años las cooperativas estuvieron más bien a la defensiva, sobre todo por los efectos de la crisis de 2002, en la que fueron uno de los sectores más golpeados, por todo el apoyo social que se brindó”, reflexionó. Ahora que la situación del país es otra, debe aprovechársela para debatir, con pluralidad de actores, acerca de los distintos modelos hacia los que puede desarrollarse el sector.

Consultado acerca del grado de autonomía del cooperativismo uruguayo, contestó que, comparado con otros países, es “muy fuerte” con relación al Estado. El activista explicó que existen tres modelos de políticas públicas en la materia. Por un lado, el proteccionista, que tiene al Estado como una especie de “tutor” de las cooperativas, que genera un alto grado de dependencia y muchas veces hace que pesen mucho las simpatías o antipatías del gobierno de turno. En el otro extremo está el modelo que hace depender al cooperativismo del sector privado y las grandes empresas. Y un tercero es el que Gutiérrez definió como “promotor”, que permite potenciar el sector mediante el diálogo entre todos los interesados, con un Estado “prescindente”, y es el que se aplica en Uruguay. De todas formas, consideró, el país necesita incluir mucho más al sector privado en estas articulaciones.