-Mi primer acercamiento fue asistir, para filmar una clase de danza en la Escuela Roosevelt, que dictaba Lila Nudelman, en 2001. Me entusiasmó lo que vi, los trabajos que iba filmando. Al año siguiente fui a un taller en Argentina con Susana González y comencé a bailar con Lila y una alumna suya. En 2005, ya con el grupo Pata de Cabra funcionando, fui a hacer dos talleres más a Buenos Aires, uno con Alito Alessi y otro con Karen Nelson (creadores del método DanceAbility). Pata de cabra, grupo dirigido por Lila, funcionó de 2003 a 2007. En 2007 a su vez desembarca DanceAbility en Uruguay brindando más talleres, se forma un grupo de investigación y performance en el cual participé, y en 2010 comienza la investigación de En mis zapatos.


-¿Cómo se configuró este grupo de trabajo que integra bailarinas con y sin discapacidad?

-Nos conocimos en el grupo Pata de Cabra, al cual nos integramos en diferentes años. Luego continuamos las tres en DanceAbility [DA], hicimos el curso docente de Alito Alessi, y en ese momento Mariana sintió que le faltaban habilidades técnicas y me pidió clases de danza. A la vez yo tenía la necesidad de empezar a crear algo más allá de las improvisaciones que veníamos haciendo con DA. Luego de unos cinco meses llamamos a Fabiana, porque nos pareció interesante el hecho de que teníamos tres movilidades diferentes.

Que el cuerpo decida

Una de las iniciativas que desde la sociedad civil ha tenido un gran impacto en Montevideo ha sido el trabajo de DanceAbility en la Escuela Roosevelt. Fundada por el estadounidense Alito Alessi, DanceAbility International (DAI) cuenta con núcleos en Latinoamérica, Asia, Europa, Estados Unidos y Canadá. Su misión es disminuir los prejuicios respecto de la diversidad en el campo de la danza y en extensión en toda la sociedad.

En una entrevista que junto a Florencia Martinelli le realizara en 2010 durante su pasaje por Montevideo, Alessi contaba que “DAI surgió realmente de observar todos los valores que veníamos presentando y presumiendo a finales de los 60 e inicios de los 70 los tiempos de flower power y democracia para todos e intentar manifestar eso en un modelo [...]. La danza contemporánea, danza tradicional, danza moderna, tienen una estética en la que deciden cómo es algo y luego lo ponen en el cuerpo. Nosotros hacemos lo contrario, dejamos que el cuerpo nos diga cada individuo. No un cuerpo intentando crear la sensación de conformidad en la que todo el mundo se parece a los demás. Apoyamos la individualidad, apoyamos la independencia de mentes y cuerpos. Creemos que la diversidad es el camino. Cuanto más diverso eres más información tienes y cuanto más información tienes más educado eres [...] Entonces no somos responsables por educar a las personas, sino tan sólo por brindar a las personas una experiencia […] Creemos que los cuerpos no son un problema en la condición en la que se encuentren. Que son lo que son. Que toda persona puede aceptarse como es y que la sociedad también puede aceptarlos. Entonces percibimos que muchas veces el problema no es verdaderamente la capacidad física o mental de los individuos, sino que las personas están separadas, aisladas. Existen etiquetas, existen quienes deciden quién debe estar con quién, y vimos claramente que el problema no era intentar cambiar las condiciones físicas o mentales de la gente, sino eliminar las barreras que nos separan unos de otros… y en esa investigación, lo que se reveló no fue tan sólo lo que nos separa unos a otros, sino lo que ha comenzado a alejar a cada uno de sí mismo”.

-¿Qué significa poner énfasis en la diferencia en vez de en la discapacidad?

-Tiene que ver con cómo observamos el mundo, si hablo de discapacidad estoy hablando de una realidad ajena, algo que le pasa a otros. Cuando hablo de diferencia me incluyo, la diferencia es lo que ocurre entre nosotras, entre todos… Y para mí es un cambio sustancial. Muchas de las cosas negativas que nos pasan tienen que ver con la sobreestimación de determinadas cualidades (independencia, autonomía, fortaleza) que hacen que todos los seres humanos estemos en déficit, porque nadie es enteramente independiente, ni autónomo, ni fuerte durante toda su vida (tampoco enteramente dependiente ni receptor de ayuda). Entonces el miedo a perder autonomía o a necesitar ayuda es terrible, y las personas con discapacidad sufren un permanente prejuzgamiento, porque la visión está tan negativizada que se presupone que con la discapacidad vienen añadidas un montón de limitaciones. Luego el prejuicio termina haciéndose acto, como subir a un taxi y que el chofer le pregunte a otra persona a dónde vas y quién te espera, o llegar a una votación y que te digan que no te preocupes que si no votás (porque la urna está en el segundo piso) te dan una constancia. Entonces vemos la diferencia como algo que no se puede adivinar, que se descubre de a poco, con el conocimiento mutuo, entre todas las personas. Que la diferencia se puede examinar, sin miedo, preguntando, comparando. Dejamos que el espectador estudie qué tan diferente nos movemos, y de repente se sorprende porque quien está en una silla se puede parar y no lo esperaba. También incluimos el concepto de interpretación, las cosas que no puedo hacer las puedo interpretar intentando obtener una sensación similar a la que observo, ¿qué tan diferentes resultan los movimientos? (como los niños jugando a que vuelan o saltan como el Hombre Araña). Un montón de ideas que atraviesan la obra naturalmente, porque desde ese lugar la creamos…

-Estrenaron la obra en abril, en Maldonado, donde además ofrecieron un taller y finalizaron haciendo un foro con los presentes. ¿Cómo fue esa experiencia y la interacción con el público?

-Para nosotras fue muy positivo. El público fue muy heterogéneo. En el foro recibimos todo tipo de comentarios, sabemos que como en toda obra la recepción va muy de la mano de cada espectador y su experiencia y sensibilidad previa. Siempre hay espectadores que viendo nomás cruzar el escenario a una persona con discapacidad ya tienen un montón de lecturas y emociones. Una parte del público lee discursos que nosotras no proponemos y con los que incluso discordamos (por ejemplo el “nada es imposible si se desea de verdad”). Pero para nuestra alegría, la mayoría de los comentarios fueron muy por el lado del complemento, de la belleza, de la armonía, de lo profundo, del cuerpo real, de la confianza, del ponerse en el lugar del otro, de la delicadeza, de lo honesto. Y las preguntas por el lado de las motivaciones de cada una, de las edades para poder bailar, hubo hasta ofrecimientos de personas interesadas en integrar próximos elencos...

-Una de las técnicas de danza que emplean en la obra y que mencionan en su blog es el contacto improvisación. ¿Qué otras técnicas y metodologías emplearon?

-En la primera etapa trabajamos herramientas de la improvisación en contacto con abordajes que aprendí de talleres de contacto y abordajes de DA. También tengo la experiencia de Pata de Cabra del trabajo cuerpo a cuerpo, de bailar habilitando los movimientos del otro, que tiene que ver con una experimentación menos pautada, donde los bailarines están disponibles de cabeza y cuerpo, descifrando juntos caminos para hacer cosas; a veces son ideas, pedidos de ayuda, imágenes concretas o el devenir del movimiento, incluyendo el diálogo durante la danza (algo poco ortodoxo). La observación para mí es la herramienta principal para trabajar en lo diverso. Observo la forma de moverse y analizo caminos todavía no explorados para proponer ejercicios. Otras veces abordamos una dificultad específica para la cual diseño ejercicios. Las clases de danza que yo he tomado brindan la oportunidad de desarrollar muchas habilidades diferentes, pero muchas veces el punto de partida es la imitación. Cuando trabajás con cuerpos muy distintos entre sí, tenés que buscar otros caminos para trabajar los mismos conceptos (por ejemplo espirales, deslizar y rodar, equilibrio, disociación de movimientos, coordinación, release).

¿Qué temas o asuntos te interesaba trabajar en esta obra?

-Hace tiempo que tenía ganas de hacer una obra donde lo que va sucediendo en la “cocina” del trabajo sea el eje mismo de la danza. Toda nuestra convivencia nos fue transformando, y todo lo que ha circulado en forma de anécdota, de sensaciones, de sentimientos, de pensamientos, de discusiones, de críticas a nivel grupal, tiene una enorme riqueza. Podemos hacer obras sobre cualquier “tema”, pero esta vez elegimos ser autorreferenciales (aunque tiene mucho que ver con todos). Por ejemplo: que somos sujetos capaces de ayudar y necesitados de ayuda (por igual y sin pena), que nos gusta la diferencia entre nuestros cuerpos, que nos sentimos bellas, que nos tomamos con humor lo que no podemos hacer porque lo hemos aceptado, que nos gustan las sillas de ruedas y los bastones, y que queremos que las personas duden de lo que creen saber sobre nosotras antes de conocernos (como “ah, está en silla de ruedas, entonces no mueve ni siente las piernas…”). Todas estas cosas se pueden traducir al lenguaje de movimiento con facilidad, porque en definitiva parten de la vivencia del cuerpo… creo que fueron cuerpo antes que palabras.

-¿Cuáles son los objetivos de la obra en relación a lo social, lo psicológico, lo estético?

-El objetivo es estético. No me planteo un trabajo de transformación social ni terapéutico. Pero nuestra investigación está vinculada a nuestro entorno. Partimos de nuestros cuerpos, de la forma en que nos vemos a nosotras mismas como cuerpos en sociedad y del contraste con cómo nos ven o se ven a sí mismas otras personas. Y hay un deseo, que es poder estar en escena abriendo ese pequeño mundo a otros e inquietar formas de ver la danza, la discapacidad, la belleza y la convivencia.