El equipo económico considera que el dato de febrero es más circunstancial -producto del temporal de fines de enero y principios de febrero que hizo “saltar” los precios de algunos alimentos- que estructural. Aun así, Bergara manifestó que la inflación “es el principal foco de atención” del equipo, y que se están analizando las herramientas para contenerla. Desde hace un tiempo se están utilizando medidas de origen monetario, que tienen que ver con el control del dinero que circula en la economía y la regulación de los tipos de interés. No obstante, admitió que “dadas las circunstancias, la política monetaria no es suficiente -ni demasiado efectiva- para que la inflación baje de manera rápida”.

“Tenemos la percepción de que no hay ninguna situación fuera de control”, afirmó. “Sí, la inflación está un poco por arriba de lo que todos queremos, pero tenemos que verlo de manera más integral que lo que es la política monetaria”, agregó. Hoy, el primer objetivo del Ministerio de Economía y Finanzas es “evitar que un dato circunstancialmente alto como el de febrero se incorpore a las expectativas de los agentes y se transforme en una cuestión más permanente”.

Respecto de la posible mirada internacional sobre la situación inflacionaria actual de Uruguay, Bergara se mostró tranquilo, ya que entiende que “está internalizada desde hace bastante tiempo” en los análisis de organismos del exterior, como parte de un proceso que se deriva de una economía que ha crecido sustancialmente por encima del resto de la región y de la mayor parte de los países del mundo, durante prácticamente la última década”. “Los análisis se hacen de manera más estructural y no solamente en base a un dato circunstancial”, afirmó.

Mitos y realidades

A fines de 2012, el gobierno acordó con ciertos supermercados congelar los precios de 200 productos de primera necesidad por un tiempo determinado para atenuar el impacto negativo de la inflación en la población. Actualmente, si bien “no se descarta ningún mecanismo”, Bergara confirmó que “en principio” no se acudiría a esta medida.

Por otro lado, consultado sobre la posibilidad de “retoques” en los Consejos de Salarios si la inflación superase el 10%, el ministro dijo que el diagnóstico “depende sustancialmente de si vamos a tener tasas más altas de inflación de manera más estructural o de si responde a una situación circunstancial y rápidamente vuelve a un cauce más normal. Nosotros trabajamos en la segunda hipótesis y somos optimistas respecto de eso”.

Otra posibilidad sería recurrir a los mecanismos de la política fiscal, ya sea mediante una reducción del gasto público o por medio de un aumento de los impuestos, hecho que Bergara descartó rotundamente. “Creo que la política fiscal de estos años ha sido la más prudente de la historia económica moderna de Uruguay. Ha arrojado excelentes resultados en la medida en que hay una situación absolutamente sostenible de las cuentas públicas, que se refleja en la reducción sistemática de la deuda neta del país, y que se acompasó con el despliegue de políticas sociales imprescindibles para el país en los últimos nueve años”, dijo. Bergara evaluó que no hay fundamento por el cual haya que cambiar la lógica fiscal, ni en materia de impuestos ni de gasto público.

Aun así, se detuvo a explicar que, en caso de recurrir a bajar el gasto para reducir la inflación, “el esfuerzo que la sociedad debería hacer [...] sería excesivo y sin un fundamento real”. Basándose en una estimación del Fondo Monetario Internacional, el ministro afirmó que “en una situación como la actual, en la que hay una firme demanda doméstica, altos precios internacionales de nuestros productos y pleno empleo, para bajar un punto de inflación, tendríamos que hacer un ajuste de 2,5% en el gasto público”, hecho que “no tiene sentido en el proceso de Uruguay”.

Natural y genuino

Para Bergara, el “encarecimiento” de Uruguay responde a “un proceso lógico que se da cuando un país crece por encima del resto del mundo y de la región”. “A medida que aumentan los ingresos de los hogares de manera sistemática 
-como lo han hecho en los últimos nueve años- y, además, se llega a niveles de desempleo mínimo, es natural que el país se vaya encareciendo. Es un proceso que responde a la propia dinámica del proceso económico que hemos vivido en la última década”, explicó.

“Afortunadamente los precios que hoy estamos teniendo no están explicados por un boom de crédito, es decir, por el hecho de que las familias se estén sobreendeudando para poder consumir, sino que responde -básicamente y en nuestro diagnóstico- a una acumulación de mejoras de ingreso de los últimos diez años. Eso, desde el punto de vista macroeconómico, genera tranquilidad porque es un financiamiento genuino de un proceso de consumo, que surge después de que los uruguayos apretamos el cinturón en la crisis de 2002”, agregó.

El proceso de incremento del consumo de los hogares ocurrió, desde el punto de vista de Bergara, de manera “cauta y serena” desde 2008 y, sobre todo, a partir de 2011. Aun así, llamó a una concentización de la situación actual de todos los agentes involucrados. “Creemos que la responsabilidad de que la situación vuelva a su cauce es de toda la sociedad y de los formadores de precios, por lo que apelamos a su sensibilidad para no contribuir -cada uno desde su perspectiva- a que una cuestión circunstancial se transforme en un problema permanente”, concluyó.