“En Uruguay nunca se utilizó este método. Cuando uno habla de anticoncepción hay que tener en cuenta que la aceptabilidad que tiene un método para la población varía dependiendo de ésta: de su cultura, de su sociedad, de un montón de cosas”, comenzó diciendo a la diaria Rafael Aguirre, responsable del programa de Salud Integral de la Mujer del MSP. Para graficar lo señalado, contó que las mujeres anglosajonas, por ejemplo, tienen incorporado el uso del diafragma como método de prevención; no obstante, en Uruguay prácticamente no se utiliza. Tanto Aguirre como la ministra de Salud Pública, Susana Muñiz, sostuvieron que el método subdermal tiene más de 30 años de uso en el mundo y cuenta con estudios que avalan su eficacia y seguridad para la salud. El sistema consiste en la instalación de una cánula más chica que un fósforo en el brazo, en la cara interna del bíceps. Dura hasta cinco años, aunque se puede retirar antes.

A diferencia de las pastillas, el implante no está compuesto por progesteronas y estrógenos, sino sólo por progesteronas.

Aguirre lo definió como un método “100% reversible”, ya que, una vez que se retira, “la fertilidad vuelve inmediatamente”. Sin embargo, explicó que “no es para usar un ratito”, puesto que implica que lo coloque personal médico y su posterior extracción.

Antes de incorporar el implante subdermal a la canasta de métodos anticonceptivos disponibles en Salud Pública, se hará una evaluación de los 3.000 donados por el Fondo de Población de Naciones Unidas. Además, se capacitó a médicos de determinados centros de salud mediante el programa de cooperación Sur-Sur. El Ministerio de Salud peruano brindó asistencia al organismo local enviando personal para su formación.

Entre fines de abril y principios de mayo, las mujeres podrán colocarse el implante en los centros de la Red de Atención del Primer Nivel de la Administración de Servicios de Salud del Estado. En Montevideo se instalarán en los centros de Salud de Ciudad Vieja, Cerro, Dr. Ruben Misurraco (barrio Marconi) y Maroñas, en el Hospital Pereira Rossell y en el Sait Bois. Aguirre explicó que se buscó cubrir geográficamente toda la capital. En el interior del país se podrá acceder al sistema de prevención en Artigas, Rivera, Florida, Paysandú, Río Negro (Fray Bentos) y Canelones (Las Piedras y Barros Blancos).

En estos centros se hará un seguimiento a las mujeres a los tres meses de colocado el implante, a los seis meses y al año. “¿Qué es lo que queremos evaluar? No la seguridad; ya se sabe que es seguro. No la efectividad; ya se sabe que es efectivo. Lo que queremos evaluar es cuán aceptable es para nuestra población el método. Que las mujeres digan ‘me gustó’, ‘no me gustó’, ‘me lo coloqué’ o ‘lo sigo usando’”.

Muñiz comparó el implante con las pastillas y valoró que el primero tiene como ventaja la comodidad de que no se toma diariamente y que en caso de diarrea o vómitos no se corre riesgos de embarazo. Como desventajas, mencionó que quienes no tienen pareja estable deben seguir utilizando el preservativo porque no funciona como barrera de prevención de las infecciones de transmisión sexual.

Para Aguirre, uno de los problemas del anticonceptivo es que con los implantes se pueden producir sangrados en forma irregular. “El control del ciclo no es igual al de las pastillas, la mujer está más liberada a su ciclo natural. Las que son más regulares van a tener un ciclo regular”, detalló. “Lo que no significa que no sea efectiva”, agregó. Justamente esto es lo que tendrán que explicarles a las usuarias los médicos que fueron capacitados.

Como positivo, remarcó la discreción del implante (ya que no se ve), la seguridad (incluso superior a la de las pastillas) y que tiene “contraindicacciones infinitamente menores”.