La Asociación de Maestros del Uruguay (Ademu) citó a una asamblea general urgente al inicio de la semana luego de que tomara estado público la noticia de que el miércoles 30 de abril la madre de un alumno agredió físicamente a una maestra de la Escuela Nº 115, ubicada en Garzón y Santa Lucía, en el barrio Belvedere de Montevideo.
Ayer en el Palacio Sud América, próximo al Palacio Legislativo, tuvo lugar el encuentro, al que concurrieron cerca de 400 maestros. Allí, una gran araña que colgaba del techo era el soporte de diez bolas de espejo, de las cuales algunas giraban lentamente en forma constante. Además, había luces violetas y cortinas negras ambientando el edificio. Sin embargo, la convocatoria poco tenía de fiesta. Los maestros iban a discutir los hechos de violencia sucedidos recientemente, así como otros que no tomaron estado público.
Pérdida de estatus
El arranque del encuentro se postergó más de una hora porque una delegación del sindicato estaba reunida con autoridades del Consejo de Educación Inicial y Primaria (CEIP) analizando la situación vivida por la maestra agredida y las posibles medidas a tomar.
Según dijo a la diaria la secretaria general de Ademu, Raquel Bruschera, en el encuentro se conformó un grupo de trabajo entre el sindicato y el Consejo con el fin de comenzar a abordar estas situaciones. Además, Ademu planteó que no se les descontara del salario a los maestros agredidos los días que debieron ausentarse a causa de las complicaciones que trae aparejado ser víctima de un hecho de violencia. Según dijo Bruschera, el CEIP atendió la inquietud y analizará el caso. Ella fue quien dio inicio al encuentro docente: lo primero que aclaró fue que durante 2013 se registraron episodios de violencia en las escuelas 167, 350, 307, 95, 251, 53 y 131, entre otras. Desde sus asientos, los maestros asentían e iban sumando en voz baja más números a la lista que hacía la delegada. Bruschera sostuvo que en oportunidades anteriores se habían efectuado las denuncias pertinentes pero fueron casos que “no tomaron estado público”, por lo que no pasó a mayores. En esta oportunidad, en cambio, la difusión que tuvo la noticia “hizo que la Justicia no archivara la denuncia”. El fin de semana, la agresora fue procesada sin prisión.
En cuanto al incidente registrado en la Escuela Nº 115, explicó que la madre del alumno tiró al piso a la maestra y luego la agredió dándole puntapiés. Ayer fue convocada por la Inspección Departamental Zonal, pero no concurrió. A lo largo del día fue llamada por teléfono en varias oportunidades y no respondió. Tampoco llevó al hijo a la escuela, cosa que sí había hecho el viernes.
La secretaria de Ademu comentó que una de las líneas de acción que se plantearon trabajar con el CEIP es la elaboración de un protocolo para saber cómo actuar ante situaciones similares y qué sucede con los niños, que son los que deben seguir en el sistema educativo. Si bien la idea ya había sido acordada en anteriores oportunidades, la comisión nunca funcionó.
Luego de las palabras de Bruschera se abrió la lista de oradores y se empezaron a escuchar las primeras expresiones de indignación y de asombro por lo que los docentes tienen que “soportar” mientras trabajan. También se habló de la pérdida de respeto por la figura de los maestros y la falta de defensa de la labor.
Primerizas
La primera en hacer uso de la palabra una vez que se abrió la lista de oradores fue una maestra que se desempeñó como directora hasta febrero de este año. Al igual que otros maestros que la siguieron, manifestó que era una de las primeras veces que hacía uso de la palabra en una asamblea. El tema lo ameritaba. Sostuvo que mientras dirigía una escuela que no era de contexto crítico, sufrió mucha violencia psicológica por parte de los padres. Compartió que en 35 años de carrera nunca había pasado por una crisis nerviosa como la que sufrió el año pasado, que la llevó a retirarse. Concluyó diciendo: “Siento que fui echada de la escuela pública”. Indicó. Dijo que se sintió “totalmente desprotegida” y añadió que los docentes tienen que estar “unidos” para pensar qué hacer.
Luego fue el turno de una maestra jubilada, que contó que lució el brazalete azul que los maestros propusieron utilizar contra la violencia luego del incidente en la escuela. Para ella, “esta situación puntual dejó en claro en qué lugar está la educación y en qué lugar colocan a los maestros”. Hasta entonces, los demás docentes compartían las palabras, pero cuando expresó: “Esta mamá actuó mal, pero debe estar acostumbrada a ese trato y tiene su castigo […] va a tener que presentarse en la comisaría y los demás papás van a abrir los ojos”, sus palabras fueron cuestionadas por otros asistentes. Una colega exclamó, para que quienes estaban a su lado escucharan: “¡No, no, es un chiste!” En seguida se paró y se anotó en la lista de oradores. Cuando llegó su turno, contó que ayer en su escuela hicieron una instancia de reflexión y se dieron cuenta de que el tema había pasado desapercibido y no había sido conversado en las casas de los niños. Luego aseguró que un paro “no le gusta a nadie” pero “a los primeros a los que no nos gusta es a nosotros”.
Antes de que esta maestra hablara ya lo habían hecho otras, manifestando indignación y reclamando un paro. “Estoy indignada”, comenzó diciendo una maestra. “¡Qué moñito azul y qué nada!; ¡Somos trabajadores! Una persona de nuestro gremio fue agredida y lo que tenemos que hacer es parar”. Sus palabras fueron cortadas con un aplauso general de los docentes. La misma palabra, “indignada”, inició la oratoria de otra docente con más de 30 años de profesión. Mencionó distintas situaciones que han tenido que aprender a enfrentar los maestros, como dar clases en contenedores o en salones pequeños con más de 40 alumnos, y agregó: “La violencia pasa por las pruebas que tenemos que dar los maestros”. “¡Hoy tenemos que decir que se acabó y hacer un protocolo!”, afirmó.