En el marco de una nueva elección de rector en la Universidad de la República (Udelar), nos vemos motivados a exponer algunos elementos para aportar al debate público desde el orden estudiantil. Si bien los últimos años han estado marcados por grandes, y muchas veces injustas, críticas a la educación pública, la Udelar arroja datos sumamente alentadores en materia de calidad y en materia de ingreso y egreso, y más allá de matices, creemos que la dirección general de los cambios ha sido positiva.

Los egresos están creciendo mucho más rápido que los ingresos a la Udelar: en 2011, el número de egresos anuales era aproximadamente 61% superior al dato correspondiente a 2000, y el incremento de los ingresos anuales era del orden de 26% en la misma comparación. Por otra parte, se ha democratizado el acceso, ya que según el último censo universitario, 54% de los estudiantes de grado de la Udelar eran primera generación de universitarios en su familia.

La Udelar también ha desafiado a aquellas opiniones que encuentran falsas dicotomías entre el acceso y la calidad, elevando significativamente el presupuesto de la Comisión Sectorial de Investigación Científica y de la Comisión Académica de Posgrados. Los últimos años, además, han sido testigos de un sostenido incremento en el número de docentes que ingresan al régimen de dedicación total, particularmente en aquellos servicios que estaban más rezagados. Los hechos muestran que, en un contexto internacional marcado por el acceso desigual al conocimiento, en nuestro país la universidad pública redobla esfuerzos hacia la generalización de la educación terciaria de alto nivel.

Durante los últimos cinco años se aprobó la actualización de 90% de los planes de estudio; dando paso a un nuevo paradigma formativo que reconoce el carácter interdisciplinario del conocimiento y la riqueza de la enseñanza activa e integral. Asimismo, se ha comenzado a dislocar la antigua proyección de carreras tubulares, dando lugar a una universidad más integrada, caracterizada por la multiplicación del tránsito horizontal entre los distintos servicios, los grupos de investigación y los proyectos de extensión interdisciplinarios.

Todos estos avances se sintetizan en el proceso de descentralización universitaria. Gracias a él, más de 50 equipos de docentes de alta dedicación se han radicado fuera de Montevideo en los Polos de Desarrollo Universitario, mientras que se ha incrementado sustancialmente la oferta educativa en el interior del país en los últimos cuatro años. Asimismo, la Udelar es hoy la única institución de educación superior pública realmente autónoma y cogobernada en el interior del país, de modo que la regionalización no es sólo un avance académico, sino también un logro del modelo alternativo de universidad cogobernada, autónoma y de libre acceso; principios hoy deslegitimados por una parte del sistema político.

Dicho proceso de cambios, conocido como “Segunda reforma universitaria”, implicó una transformación profunda con base en un programa orientador tan realista como ambicioso. Como todo proceso de cambios, se enfrentó a importantes resistencias, pero con el tiempo ha ido ganando reconocimiento a partir de avances y resultados. Es comprensible, pues, que se planteen consideraciones en torno a “un nuevo equilibrio” en la Udelar.

Pero, ¿quién dictamina sobre el punto de equilibrio? En los últimos años es indudable que se ha alterado el equilibrio anterior, al transformar cientos de estructuras. Nobleza obliga: es cierto que existen aspectos en los que no se han obtenido buenos resultados y en los que la Udelar debe replantear sus estrategias. No obstante, para poder avanzar es necesario no desandar, sino corregir en la marcha y apoyar los cambios sobre los cimientos ya construidos. Desandar es perder lo acumulado, es borrar con el codo lo que se escribe con la mano.

El objetivo es dar lugar a una Udelar integrada e integradora, de equilibrios múltiples. La universidad latinoamericana se presenta como un espacio de crítica posible donde priman la reflexión, la tolerancia y la construcción colectiva. De esta forma, la Udelar, sin más exigencias que las del respeto al diferente y el inclaudicable compromiso con una formación crítica de alto nivel, debe abrir sus puertas a todos: al obrero, al intelectual y al indiferente. Si creemos que el conocimiento debe llegar a todos, necesitamos brindar una formación que atienda a las heterogeneidades del estudiantado y que no perpetúe el elitismo y la exclusión.

Estas transformaciones no han sido ni serán sencillas, pero han dado y darán lugar a una Udelar nueva, con un nuevo modelo educativo. Sólo aquellos procesos que vean en el otro a un igual y desarrollen mecanismos capaces de potenciar la capacidad crítica de cada colectivo, reconociendo sus formas específicas de conocimiento, contribuirán a la formación de hombres y mujeres diferentes, capaces de vivir en una sociedad mejor: más libre, más igualitaria y más plena. Y es precisamente por ello que hemos apoyado las transformaciones recientes de la Udelar: porque estamos convencidos de que han derribado barreras que impedían que más uruguayos fueran parte de esta institución.

El período que está por delante será de profundo debate y síntesis. Los candidatos a rector propuestos son destacados universitarios, con un enorme compromiso institucional. Creemos que el más adecuado para continuar consolidando el proceso de cambios iniciado es el doctor Álvaro Rico Fernández, actual decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, debido a su destacada trayectoria académica, sus valiosos aportes a la construcción universitaria y su incansable labor en pos de la justicia y los derechos humanos. Pero la tarea no termina allí: el espíritu de estas palabras es invitar a que todos nos involucremos activamente en la discusión acerca de los modelos de universidad deseables. No sólo los universitarios sino el país todo; ya que como afirmaba la FEUU en 2005, “toda la sociedad tiene el derecho y la responsabilidad de pronunciarse sobre su Universidad y su destino”.