-¿Qué demostraron los cuatro hallazgos en estos diez años?

-Yo diría seis: cuatro hallazgos de enterramientos completos identificados [Ubagésner Cháves Sosa, Fernando Miranda, Julio Castro y Ricardo Blanco] y restos residuales de dos personas distintas cuyo ADN no fue identificado en el chequeo con el banco de datos uruguayo ni el argentino. Los hallazgos confirmaron la existencia de desaparecidos; eso puede ser evidente para una parte de la población, pero no para todo el mundo. Produjimos el hecho desaparecido-aparecido. Se confirmó que la información que dieron a la Comisión para la Paz no era correcta. Demostraron que cada uno de los casos no era lo que se había dicho, que los patrones de violencia no eran como se sostenía y que no hubo excesos esporádicos: Castro tenía un balazo en la cabeza, evidentemente se trató de una ejecución.

-¿Qué cosas facilitaron esos hallazgos y qué faltó para que se produjeran otros?

-Hasta que empezamos a trabajar, había una comisión [en referencia a la Comisión para la Paz] que averiguaba. Nosotros empezamos a investigar, a sistematizar toda la información, a clasificarla, a tratar de establecer correlatos entre indicadores ocasionales de los testimonios y los lugares. La información era igual de imperfecta, sólo que no la certificamos como hizo la comisión de Jorge Batlle, que les dio certificación de calidad a todos los datos que dio el Ejército. Nuestra investigación produjo información independiente. La información que obtuvimos nunca fue buena, siempre exigió de nosotros trabajo de análisis y de crítica que nos permitiera, a partir de ella, obtener escenarios de búsqueda e hipótesis de trabajo. Eso hemos aportado: investigación y método.

-Cuando se habla de que hay “falta de información”, ¿se habla del silencio de los perpetradores o de que se salió a buscar y no se encontró?

-Yo hago lo que me toca. Cada gobierno pretende haber hecho gestiones y financia un equipo como el nuestro, que no es barato. Nosotros trabajamos con la información que nos suministran [desde el Poder Ejecutivo] y con la que somos capaces de obtener.

-¿Hubo diferencias entre las administraciones de Tabaré Vázquez y José Mujica?

-Tuve la misma buena disposición en cuanto a los medios y las coordinaciones. Me consta que en las dos administraciones se buscó información.

-Teniendo en cuenta que habrá un cambio de gobierno, ¿de qué 
depende que el GIAF continúe sus 
investigaciones?

-De la voluntad política. La voluntad política hace que exista un crédito; si no existe un crédito, [sus integrantes] no se van a transformar en boy scouts de Familiares, la gente va a tener que ir a trabajar.

-¿Qué avances hubo en la investigación sobre el paradero de María Claudia García de Gelman?

-Trabajamos en el marco de causas, y la vuelta del Batallón Nº 14 al Nº13 solicitada por el juez [Pedro] Salazar está en el marco de una hipótesis de que tanto María Claudia como otros traídos de Buenos Aires podrían haber pasado por el 13.

-¿Por qué si Blanco estaba “a pasitos” de Castro se demoró casi un año en encontrarlo?

-Marcamos una zona de trabajo, la dividimos en lo que se podía hacer por día y en determinado tiempo. La probabilidad de que aparezcan es ese tiempo no la sabés hasta que no ejecutaste toda la zona. Estaba en una zona próxima a donde habían estado buscando con máquinas y habían retirado cuerpos, y nosotros lo que buscábamos eran cuerpos que se les habían escapado. Lo sabíamos por fotos aéreas, porque ellos estaban obligados a desmalezar para pasar la retroexcavadora con la que buscaban [los cuerpos de los desaparecidos]. Nos concentramos en los límites donde no bajaron los árboles para meter la máquina: ahí encontramos los que se les escaparon.

-¿De dónde sale la hipótesis de la existencia de la Operación Zanahoria?

-No es una hipótesis mía ni del GIAF. Esa hipótesis se la pasaron al secretario de Presidencia [durante el gobierno de Vázquez], Gonzalo Fernández. Fue la primera información que obtuvo el gobierno. También fue usada por el Ejército en el informe que envió a la primera Comisión para la Paz, pero de manera abusiva, como diciendo que habían retirado todo y no había quedado nada. Nosotros demostramos que no es así. Señalamos que para que fuera verdad deberíamos encontrar indicaciones de dónde habían trabajado esas máquinas, la tierra revuelta, restos residuales de cuerpos humanos; las huellas de las máquinas en la película de Virginia Martínez [Las manos en la tierra, de 2010] termina con eso. Y eso fue hallado. Están las huellas de las máquinas debajo de los bosques. Los restos parciales, el lugar de emplazamiento de Castro y Blanco es al borde de grandes desmalezamientos que hicieron en 1983 o 1984, buscando los cuerpos para hacerlos desaparecer. Yo no digo que [la Operación Zanahoria] haya sido exhaustiva, porque hay gente que se enoja. Yo soy científico. Establezco los parámetros de control: desde observaciones hasta la calidad de la prueba. No puedo decir que el cocodrilo vuela pero bajito.

-Es que esa hipótesis atenta contra las expectativas de quienes buscan a sus seres queridos.

-Pero no es mi trabajo cuidar las expectativas. Yo soy como un vidriero: si el vidrio está mal puesto, está mal puesto. Si me dicen que existió la Operación Zanahoria, yo te muestro las pruebas que la mostrarían. Si las encuentro no puedo estar cambiándolas; no sería serio. No nos llamaron para hacer eso. Nosotros venimos de la academia. Que no se olvide la gente de que no venimos de un comité.

-También habló de fosas comunes.

-Hay análisis de tipo criminalístico que no se han hecho porque no disponemos de los recursos humanos necesarios. Pero los patrones de violencia son bastante claros. Hay momentos en que están “matando” gente que se les muere en la tortura; eso da lugar a enterramientos próximos a lugares de tortura. Raptan gente en Buenos Aires, hacen vuelos clandestinos. Es evidente que cuando ejecutan el tipo de enterramiento clandestino no es el de muertes periódicas. Es muy probable que toda esa gente esté junta porque se necesita de un procedimiento. No es lo mismo matar a una persona eventualmente que ejecutar entre 20 y 30. Esa conducta produce otros escenarios, son patrones de violencia bastante estudiados. No digo que existan fosas comunes, digo que no lo descarto. Sólo en el caso de que hubieran salido con cada uno a cada punta del país...

-¿Cuáles serían esos lugares?

-[La información que manejamos desde el principio hace referencia a seis u ocho lugares y que en esos lugares es probables que estén]. Son lugares extensos y complicados, no te los puedo decir porque están en el marco de presumario.

-¿Cómo fue la relación con el Poder Judicial?

-Con los diez o 12 jueces con los que me ha tocado trabajar, excelente.

-¿Se reunió con Familiares después de su renuncia?

-No, me había reunido antes. La situación estaba planteada desde hacía un mes. Ya había saneado la situación, ya se sabía que en octubre me iba a ir. Y bueno, alguna cosita yo había defendido de mi autonomía técnica. Es lo que me ha dado tanto rédito y respeto. No tengo por qué renunciar a ella; para eso me manda la Universidad. Los cocodrilos no vuelan, que me disculpen. Y “familiares” es una palabra muy grande, ¿no? Hay organizaciones que tienen ese nombre. Yo no paro de recibir mensajes de familiares que también son familiares.

-¿Qué quiere decir en este contexto lo de los cocodrilos?

-Que hay cosas que son sí o no, que no son en porcentaje. A Uruguay le cuesta mucho eso. Se conjuga todo en un futuro condicional: si hubiera, si hubiese, si eso ocurriera, entonces había, y se construye una torre de Babel en la que la primera premisa es falsa y después se cayó. Consideré que soy un científico y tengo una actividad profesional, que en estos años hemos avanzado muchísimo y que hay gente formada que podía seguir trabajando, y que yo quería cumplir un ciclo. No es tan terrible eso.