- Ingresaste a la DNC a mediados del gobierno de Tabaré Vázquez, luego de la renuncia de Luis Mardones. Y casi al finalizar el período de José Mujica, continuás en la dirección...

-Ingresé el 3 de octubre de 2008, y acepté por lo que restaba del período. Después [el ministro de Educación y Cultura, Ricardo] Ehrlich me propuso continuar. Había comenzado muchas cosas y tenía ganas de finalizarlas. Recuerdo que le dije: “No sé hasta cuándo, porque en realidad quiero terminar estos proyectos...”. En verdad terminé esos proyectos y se me ocurrieron otros. Uno tardó cinco años en concretarse: lo que pensaba que sería la segunda Usina de la Cultura será la número 15, que corresponde al hospital Vilardebó. De aquí hasta que concluya el período de Mujica, quedaría para inaugurar la de Vilardebó -que ya está en construcción- y las de Libertad, Pando y Juan Lacaze, con las que llegaríamos a 18. La propia dinámica implicó que reformuláramos cuestiones: el Premio de Letras, la Ley de Seguridad del Artista -que no incluía representación de los empresarios-, los Fondos Concursables [FC], que no contaban con un fondo único para los regionales.

-¿Qué cosas han cambiado desde que ingresaste hasta ahora?

-Te podría contestar con una canción de cuando era joven: “It’s Not for Me to Say” [no me corresponde a mí decirlo]. Creo que hubo cambios y espero que se hayan percibido. En el Informe de gestión digo que uno de los cambios fundamentales es algo que existía germinalmente a partir de unos programas de extensión a población vulnerable, pero que se concretaron en 2009 cuando creamos el Área de Ciudadanía Cultural, con la cual introdujimos en las políticas públicas del Estado la noción de ciudadanía cultural y de derechos culturales, haciendo que una política pública en cultura no fuera sólo para artistas o para un sector específico, sino para todos. Existía un sector de la ciudadanía que estaba invisibilizado: los reclusos, los pacientes de centros psiquiátricos, los soldados. Ahora tenemos Usinas Culturales en cárceles, además de talleres en centros psiquiátricos; contamos con trabajos en conjunto con ASSE [Administración de los Servicios de Salud del Estado] y el Ministerio de Salud Pública, como son los Coloquios de arte, cultura y salud mental. Creo que es un cambio en la concepción de las políticas públicas. No es que éstas se hayan reducido a atender esta área de la ciudadanía cultural, sino que también se crearon el FEFCA [Fondo de Estímulo a la Formación y Creación Artística] y el Premio Nacional de Música -es increíble que existiera uno de Artes Visuales y uno de Letras y nadie hubiera pensado en uno de Música-. No creamos uno para el teatro porque de alguna manera ya estaba contemplado.

-¿Qué lugar ocupa el Instituto Nacional de Artes Escénicas (INAE)?

-Creamos y transformamos radicalmente lo que era el Área de Artes Escénicas en un Instituto Nacional de Artes Escénicas, que cumple muchas más funciones, como investigación, formación y experimentación, aunque se continúen algunas de las tareas anteriores. Aclaro esto porque algunas personas, se ve que por ignorancia, sostienen que se anunciaron cosas que no se hicieron; por ejemplo, consideran que la transformación del Área de Artes Escénicas es lo mismo con distinto nombre, y no es así. Quien conozca lo que es el INAE sabe que es otra cosa. Lo mismo en cuanto a la Ley Nacional de Museos, que alguno calificó como un organigrama vacío. Es increíble que opinen sobre cultura sin estar informados, ya que el Sistema Nacional de Museos y la ley fueron aprobados en conjunto con los directores de museos de todo el país, y se ha realizado una extensa labor de coordinación y sistematización. Además, se creó el EAC [Espacio de Arte Contemporáneo], que es una referencia incluso internacional. También se ha extendido el recurso de los FC a todos los fondos de forma transparente. Hoy hablaba con un destacado intelectual que no pertenece al Frente Amplio [FA], y le decía: “Algunos hablan de cultura compañera cuando vos sabés que no es cierto”. Me respondió: “Hugo, no te preocupes, la gente que ha seguido la gestión sabe que acá han participado todos los grupos partidarios y que no ha existido ningún sesgo”. Creo que esto es algo que hemos reivindicado, al igual que la independencia de los jurados, conscientes de que la función del Estado no es marcar una línea estética, sino albergar todas las diversidades, sin abandonar el criterio de calidad.

-Vinculado con esto, en el informe se sostiene que uno de los grandes cambios tiene que ver con la descentralización y con las transformaciones de políticas públicas. En un eventual tercer gobierno del FA, ¿cómo se piensa continuar avanzando en este sentido?

-Espero que, al igual que el acuerdo que logramos con los 19 directores de Cultura de todo el país, la cultura se convierta en una política de Estado. Y espero que eso continúe, como ya está produciéndose. La gente se ha apropiado de muchas de estas cuestiones. Andá a quitarles las Usinas, las Fábricas, los FC, el Premio Nacional de Música y los estímulos. Va a ser muy difícil. Todavía queda mucho por hacer. En cuanto al trabajo por sectores, ya organizamos las jornadas de danza; en este momento están sucediendo las de artes escénicas. En el tercer Congreso de Trabajadores de la Cultura del PIT-CNT 
los invitamos a hacer sus aportes, y en el próximo encuentro de escritores les pediremos que brinden los suyos para el Plan Nacional de Cultura, al que también integraremos el área de música. Creo que esto y una Ley Nacional de Cultura son imprescindibles.

-¿En qué etapa se encuentra el Plan Nacional de Cultura?

-Ya se realizó el encuentro político nacional y los aportes por actividades. Hay algunos departamentos que han avanzado más, como Maldonado, San José y Flores, y otros que han avanzado menos. Este plan recoge una historia que no viene sólo con la gestión de Mardones y la Asamblea General de Cultura, sino desde muy atrás, como la asamblea que intentó hacer Gonzalo Carámbula desde su gestión en la Intendencia de Montevideo. Hay un trabajo acumulado de por lo menos 15 años que ha ido madurando.

-¿Creés que es viable este intento de generar una política cultural estatal que trascienda las personalidades y los partidos?

-Apuesto a que tenemos que entender que debe existir una política de Estado. Me voy a morir creyendo que es necesario que se entienda que la cultura no sólo tiene el papel del bufón de la fiesta, sino que además es un derecho y una política productiva esencial. Aspiro a que la sociedad toda y los responsables a nivel de todos los partidos políticos entiendan que es necesario contar con una ley al respecto. Pero cuidado, no para que exista un pensamiento único. Una ley nacional de cultura no significa la instauración de una cultura flechada y única. La base de esa ley debe ser la diversidad cultural. Una de las cosas que hicimos para que eso no sucediera fue aprobar los Fondos de Infraestructura Cultural del interior. El 85% de estos fondos son concursables, y el otro 15% es discrecional para el jerarca, por el hecho de que surgen imprevistos -incendios, necesidades imperiosas- que es necesario solucionar. Eso es dar transparencia.

-¿Qué cuestiones quedaron pendientes desde la DNC?

-¿Qué cosas quedan por hacer? Muchas. La profesionalización de los gestores culturales, por ejemplo, y creo que en esto hay un acuerdo de todo el país. Creo que queda un desafío muy grande: hacer que el Estado y los organismos pertinentes comprendan que el ámbito cultural no puede regirse por el mismo estatuto que otros ministerios. Hay actividades que cuentan con una especificidad, porque el desarrollo artístico cultural exige ciertas normas y tratamientos que deben estar contemplados. ¿Qué más no hemos podido hacer? Algo que se encuentra parcialmente realizado pero no está constituido orgánicamente: una oficina de evaluación y monitoreo de las políticas públicas. No sólo de la DNC, sino de las políticas públicas en general. Hemos investigado con el Observatorio [de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, FHCE] y con Ciencias Económicas en la Cuenta Satélite [de Cultura], y esto es necesario continuarlo. Pero creo que debe haber una unidad dentro de la DNC que lo estudie y sistematice. Este informe de gestión es, de algún modo, una evaluación. Hay cosas que se pueden evaluar -el informe está lleno de datos, números y estadísticas- y otras que no, porque son cambios cualitativos. ¿Cuáles son los cambios cualitativos que generará el Plan Ceibal? Lo sabremos dentro de 20 años. ¿Cuáles son los impactos que tendrán las Usinas? Algunos ya los tenemos. La Usina de la cárcel de Paysandú produjo un video que fue seleccionado para el Festival Internacional de Amnistía Internacional, en París, en representación de Uruguay. Por otro lado, los jóvenes de Castillos realizaron una serie de televisión llamada Alguien, que involucró a todo el pueblo. También la Organización de Estados Americanos declaró ejemplo de buenas prácticas en políticas culturales a las Usinas y Fábricas. Existe una evaluación, pero creo que ésta debe ser sistematizada por y para la DNC; además, deben existir auditorías externas. No me refiero sólo a las auditorías como la de la Nación, sino a auditorías que sean, por ejemplo, en compromiso con la UNESCO, para que realicen una evaluación de cómo se está realizando en otras áreas. Si queremos dar el salto a un país de primer nivel, todas estas acciones contribuyen, pero también deben existir estándares de control y evaluación internacionales.

-En cuanto a las auditorías y la profesionalización a las que te referías anteriormente, ¿creés que tendría que ser aprobada la ley de medios?

-Yo creo que sí, y de hecho el Ministerio de Educación y Cultura presentó un primer esbozo de la ley, que hoy equivale más o menos a lo que es el capítulo 2 del proyecto. Me parece bien que no se haga ahora sino después de las elecciones.

-¿Creés que es un buen proyecto de ley de medios? -Es bueno, pero todas las leyes son perfectibles. Y todas las leyes tienen su tiempo. En cultura, y en lo que tiene que ver con medios de comunicación, estamos viviendo una revolución y una transformación tecnológica tan aceleradas que seguramente uno puede prever una serie de cuestiones, pero en pocos años esa ley deberá ser revisada y ajustada. Por otro lado, está el Compromiso Audiovisual, un documento fundamental, pero que quizá en unos años haya que rever, ya que las grandes empresas mundiales están imponiendo a las salas de exhibición el virtual print fee. No sé si la solución es la que se encontró; está bien, pero yo sigo insistiendo en que hay que establecer una cuota de pantalla mayor.

-¿Para proteger a la industria nacional?

-Claro. Una de las grandes transformaciones que ha tenido este país es lo que llamamos Cultura uruguaya: valor agregado de exportación. Hemos llegado a exportar distintos productos a más de 140 países; no sólo soja o carne, sino también tecnologías de la información y la comunicación, la industria cultural, la información de software y videojuegos, etcétera, que están creciendo y pueden hacerlo aun más.

-En 2009, los sectores culturales representaron 0,93% del Producto Interno Bruto de Uruguay. ¿Qué resultados se esperan para 2012?

-0,93% no contabilizando todos los sectores. A fines de noviembre estarán disponibles los datos. Y en la primera semana de octubre vamos a tener los primeros datos gruesos de la Encuesta de Imaginarios y Consumo Cultural de 2014. Van a existir cambios, porque se produjo una transformación. En 2002 y 2006 había departamentos donde 81% de la población nunca había ido al cine. Ahora, mediante el Instituto del Cine y Audiovisual del Uruguay, los Centros MEC, la DNC, y las compañías, que desde hace años llevan pantallas portátiles, se ha llevado cine a poblaciones que nunca lo habían visto.

-En el primer presupuesto, los FC contaron con 11.000.000 de pesos; para 2014, el monto ascendió a 20.000.000. ¿Cómo repercute esto en la sociedad?

-En lo que veníamos hablando. Son cuestiones que se van a visualizar. Se habla de creación de público, y yo creo que existe, pero los cambios culturales no son de un día para el otro. En los dos períodos del FA la DNC dejó de ser una dirección montevideana y pasó a ser de todo el territorio nacional. No sólo por la presencia de los Centros MEC, no sólo por la presencia de las Usinas y las Fábricas, ni por las acciones por la recuperación de teatros en todo el país: es porque las políticas se piensan para todo el territorio. Por eso existe Un pueblo al Solís, el VIII Encuentro de Arte y Juventud. La descentralización no es menor. Y se ha logrado, contrariamente a lo que dicen algunos medios desinformados, dialogar con las intendencias y las direcciones de Cultura.

-¿Sería positivo que el Estado trazara líneas directivas con respecto a las políticas culturales que desarrollan los entes autónomos?

-Sería impedir que la diversidad se expresara. Así como hay una autonomía de las intendencias, hay otra para los entes autónomos. Lo que creo es que habría que establecer una mayor coordinación para ejercer esfuerzos conjuntos. Si no, corremos el riesgo de que existan varios ministerios de Cultura en todo el país.

-Como vicepresidente del Consejo Nacional de Derechos de Autor, ¿cómo ves la nueva reglamentación de estos derechos que se encuentra en estudio?

-Creo que son leyes indispensables pero que todavía necesitan una mayor discusión. Hay fuertes grupos que están en la línea de Creative Commons y otros en una distinta, cuando en verdad hay muchos aspectos que atender. Algunos no se sienten felices con mi posición. Creo que el dominio público debe tener un tratamiento diferente del actual. Lo que es dominio público debe ser realmente dominio público. Por ejemplo, no tiene sentido que me cobren derechos por representar a Eurípides o Esquilo.

-¿La dirección te quitó tiempo para la escritura y la investigación?

-No. Publiqué un libro de poemas y tengo un promedio de tres o cuatro conferencias internacionales, he publicado varios ensayos, estoy dando el seminario de tesis de doctorado en la FHCE. Algo que aprendí el segundo día de estar acá es que un puesto de confianza política es transitorio, mientras que la docencia, la creación y la investigación son permanentes.