El sábado en Timote hubo chorizos caseros, pruebas de rienda, pastafrola de dulce de leche, fútbol entre dos arcos a campo abierto y, también, un colorido desfile de caballería gaucha con emblemas patrios. Hubo además, en el galpón de la Sociedad Fomento Rural Capilla del Sauce, juegos inflables para los más pequeños. La fiesta celebró los 200 años del Reglamento Provisorio de la Provincial Oriental para el Fomento de su Campaña y Seguridad de sus Hacendados, más conocido como Reglamento de Tierras de 1815. De hecho, ése es el nombre de la colonia del Instituto Nacional de Colonización (INC) en la que se llevó a cabo la celebración. La organizaron los propios colonos, nucleados en la sociedad de fomento. “La idea era reunirnos. Aprovechar el festejo de los 200 años para reunirnos como vecinos, pasarla bien, que venga gente de afuera a ver cómo es la colonia, cómo se ha formado y lo importante que es el compañerismo”, explicó a la diaria una de las promotoras de la actividad, Eliana Llaguna. Recibieron a productores vecinos y a miembros de otras colonias, así como a autoridades del INC, del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, de la Intendencia de Florida y de Conaprole.

El arranque tuvo mucho de acto escolar, con el Himno Nacional y “A don José”, y la lectura, por parte de los alumnos de la escuela rural Santa Clara, ya no de pasajes del reglamento, sino de breves análisis de las búsquedas y consecuencias de éste. Así fue que los escolares afirmaron que “el ideario artiguista” está, “en parte, vigente en nosotros, nuestra familia, nuestra zona”, en clara alusión a la colonia que lleva nombre de reglamento. Sobre “las consecuencias políticas, sociales y económicas”, los textos leídos por los niños y las niñas hicieron énfasis en ítems como “resolver injusticias sociales” y “crear una clase media rural”. No se omitieron otros como “castigar a los que se oponían a la revolución”, “premiar a los que apoyaban la revolución” y “ordenar y dar seguridad al medio rural”.

Para la presidenta del INC, Jacqueline Gómez, la del sábado en Timote fue “de las actividades más lindas” que se han realizado por el aniversario del Reglamento de Tierras. Se sumó, “contenta y satisfecha”, a la lectura de la relación entre la colonia y el nombre que lleva. Celebró que los colonos “hayan querido festejar el reglamento de tierras” por “ser parte del proceso” y sentirse “parte del ideario artiguista”. El director nacionalista del INC, Rodrigo Herrero, también se sumó: “Es conmemorar 200 años de historia de un visionario como el general Artigas. Hace 200 años podía sonar rara aquella idea del acceso a la tierra para la gente que la precisa y que más la merece. Hoy estamos un poquito atrasados, pero estamos consolidando aquella idea”.

Gómez no cree que sea “perverso” comparar el Reglamento de Tierras de 1815 con la política de tierras del INC en 2015. “Lo que se compara es la aplicación del ideario artiguista, más allá de que no es en el marco del contexto socioeconómico que existía en 1815”, indicó a la diaria. “Lo más importante es el conjunto de valores que se manejaba, por ejemplo quiénes eran los que tenían que acceder a la tierra, qué prioridades había que dar, qué obligaciones tenían que asumir, qué roles ocupaba al seudoestado que existía en aquel momento en el control del cuidado de esa política pública. Hoy el escenario es totalmente distinto”, pero “aquellos valores de privilegiar a los más infelices, a los sectores más vulnerables del medio rural, son los que el instituto aplica actualmente”.

Semillero de tamberos

El sábado en Timote hubo también pericón con relaciones gracias al grupo Amanecer Cardalense, que viajó desde la capital de la cuenca lechera, Cardal, para sumarse a la fiesta de una colonia con énfasis en ese sector (hay también dos predios de ganadería cárnica). Con esta colonia, la cuenca lechera se extendió hacia una zona históricamente dedicada a la ganadería extensiva. El paisaje de Timote ahora incluye no sólo vacas holando, normando y jersey, sino también la presencia diaria de camiones cisterna que cargan las remisiones tambo a tambo para llevar la leche hasta la planta. Los colonos son, además, pequeños productores o hijos de medianos productores sin posibilidades de acceso a la tierra para producir. “Éste es un campo en el que no existía la lechería, entonces fue realmente donde se expande la lechería”, comentó a la diaria el director de Conaprole Wilson Cabrera. “Esta forma de trabajo, con el respaldo del INC -porque si no tuvieran la tierra sería imposible- es lo que va a desarrollar la lechería en Uruguay durante muchísimos años”, aseguró Cabrera, señalando que si bien “lo más importante” para Conaprole es que haya “más producción”, en este caso puntual hay otro aspecto trascendente: “Lo más importante que tiene una colonia como ésta es la seguridad que genera, porque es gente que va a vivir de la lechería, le va a meter para adelante y va a trabajar. Y esas familias se van a agrandar y se multiplicarán los tamberos”. “Es el crecimiento real seguro. Si bien hay inversiones muy grandes de tambos, por ejemplo la empresa de Nueva Zelanda que está acá, uno nunca sabe qué puede pasar, porque de repente mañana se van, desaparecen. Esto de acá nunca va a terminar, va a seguir creciendo, y los chiquilines que se críen acá muy posiblemente en el futuro sean tamberos”, añadió.

Festejo del esfuerzo

El sábado en Timote hubo discursos de autoridades, pero también reflexiones de los vecinos acerca de lo que les costó construir, instalarse, comenzar a producir y pensar en crecer. “Pasamos por momentos buenos y de los otros”, comentó Alejandro Gallero cuando tomó el micrófono, y le fue inevitable hacer una referencia a las “muchas incertidumbres” que tuvieron que afrontar, con inversiones de decenas y decenas de miles de dólares, pero a veces “sin un solo peso en el bolsillo, porque el productor lechero es así”, como subrayó Eliana Llaguna a la diaria. “Se ve que el INC está apuntando a los productores chicos, a darles la oportunidad de que crezcan, porque antes el productor chico nacía chico y moría chico. Creo que gracias al INC existe la posibilidad de crecer”, añadió Llaguna, que comenzó en 2012 con 37 vacas y hoy tiene 97. “Eso mejora la calidad de vida de uno, de la familia, y ayuda a trabajar con otra mentalidad, más allá de que no se tenga un solo peso en el bolsillo. Uno se levanta, mira para afuera y ve todo ese capital, y es un incentivo para seguir trabajando”. La colonia se ha consolidado “con mucho esfuerzo y con el apoyo de mucha gente porque sabíamos que solos no lo íbamos a poder lograr”, destacó Gallero, agradecido.