El Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) se unieron para elaborar este informe en medio del proceso de desplazamiento del centro de gravedad de la economía mundial desde las economías de la OCDE hacia las emergentes. Entre las últimas, América Latina y China han protagonizado un auge comercial impresionante -en números, los flujos se han multiplicado por 22 desde 2000-, aunque ese fenómeno está “alcanzando sus límites”.

A diferencia de China, que ostenta una de las canastas comerciales más diversificadas del mundo, la región muestra “muy pocos avances”; sólo Colombia y Costa Rica están a la altura del avance oriental. El informe presenta proyecciones a 2030 complejas para la región: el crecimiento promedio de las exportaciones de metales y minerales y de combustibles caería de 16% a 4%, y el de productos alimenticios -principal fuente de ventas de Uruguay- de 12% a 3%. Para superar este problema, se sugiere “orientarse hacia la modernización del sector agrícola así como de los servicios, con especial atención a los servicios intensivos en conocimiento y tecnología”, y da como ejemplo la trazabilidad electrónica en la industria cárnica llevada a cabo en Uruguay.

Otro punto primordial es la inversión en innovación, en “la calidad y la adecuación de las competencias” y en “subsanar las deficiencias en infraestructura”. Que el capital de innovación en América Latina está rezagado no es novedad; la receta propuesta incluye esfuerzos de inversión nacional pero también extranjera. En el área de las competencias, las proyecciones apuntan a que en 2030 habrá en China el doble de ciudadanos con estudios de educación terciaria en comparación con los residentes de la región. “El diseño de una estrategia real en educación, capacitaciones e innovación será esencial”, se afirma a continuación.

La financiación también ocupa un lugar importante para la construcción de una asociación mejorada con China, país que viene siendo un gran acreedor para América Latina. Mientras los préstamos del Banco Mundial, la CAF y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sumaron 156.000 millones de dólares en los últimos cinco años, China otorgó una cifra de 94.000 millones. Es probable que esta tendencia se prolongue en el tiempo, ya que el gigante asiático ha declarado a América Latina “región prioritaria para su inversión”. Ante esto, la sugerencia es acompañar la oportunidad de “transparencia y regulación”, especialmente en relación con el medioambiente.

América Latina necesita “aumentar su competitividad” y “fortalecer su poder negociador” frente a Asia, desafíos en los que estiman que las plataformas existentes -como el Mercosur y la Alianza del Pacífico- podrían constituir “la base de la estrategia de coordinación”. “La asociación con China no alcanzará su pleno potencial hasta que la región no dé un paso más allá de los esfuerzos por firmar acuerdos bilaterales como países individuales”, se afirma.

Dos orientales

China es en la actualidad el mayor socio comercial de Brasil, Chile y Perú, mientras que en Uruguay ocupa el segundo puesto. En 2014, las ventas de Uruguay a China representaron 17% del total, la mayoría de las cuales se concentraron en los productos básicos: la soja representó 52%, seguida de la carne (18%) y la pasta de celulosa (17%) en el ranking principal. En el mismo año, las importaciones de China representaron 22% del total; se destacan los productos tecnológicos, como teléfonos móviles y computadoras.

Las perspectivas para Uruguay se despegan en algún punto de las recomendaciones generales. A diferencia de muchos de sus países vecinos, Uruguay no ha sido receptor de inversiones sustanciales por parte del aparato estatal chino, sino sobre todo de inversiones privadas y en forma de inversión extranjera directa, especialmente en el sector industrial y de servicios. En lo que refiere a la combinación de competencias, el informe indica que Uruguay cuenta con una mayor proporción de su población con estudios superiores en comparación con China.

El informe dedica una sección a Uruguay, al que considera “altamente dependiente de las exportaciones de carne bovina” y se le propone “mejorar su comercio”, por ejemplo, diversificando su producción, incluyendo carne de ave u ovina, cuya demanda futura se espera que crezca “notablemente”.