“Señor, señora, no sea indiferente / se mata a las mujeres en la cara de la gente”, y la gente no se entera.

-¿Qué pasó?

-Mataron a seis mujeres en lo que va del año -responde rápidamente la joven de remera verde y pollera de modal gris que sostiene su bici mientras corta el tránsito en la esquina de 18 de Julio y Convención. Es parte de la marcha que convocó y encabezó ayer el colectivo Feministas en Alerta y en las Calles; la sexta movilización por un nuevo feminicidio cometido en Uruguay en lo que va del año.

Esta vez ocurrió en el balneario Las Toscas (Canelones). El sábado 14 de febrero una mujer de 68 años fue asesinada por su marido, quien después se suicidó. Desde el Ministerio del Interior (MI) confirmaron a la diaria que la víctima no había denunciado a su pareja, aunque, en posteriores indagatorias, el entorno familiar describió situaciones de violencia doméstica.

“Las cifras de homicidios de mujeres son impactantes. Van seis entre enero y febrero, y la realidad es elocuente: este tipo de violencia está naturalizada. Más allá de poder visualizar dónde están los errores de procedimiento policial, si las familias, los compañeros de trabajo o quienes atienden en centros educativos de salud u otros ámbitos tienen incorporadas ciertas situaciones y no pueden leer los riesgos de esto, es difícil poder detectar estos hechos y actuar a tiempo”, consideró Marisa Lindner, directora de la División de Políticas de Género del MI. “Debemos generar conocimientos sobre el tema para una detección temprana de estos casos, que aseguren la protección a las víctimas”, añadió la jerarca.

Una “alerta a tiempo” también es relevante para Elena Ponte, coordinadora ejecutiva de la Secretaría de la Mujer de la Intendencia de Montevideo (IM). A pesar de las políticas públicas y los dispositivos que existen, la funcionaria concluye que “el problema es más profundo, es cultural”. “El nudo está en que los hombres pretenden seguir sosteniendo una relación de sujeción y ejercicio de poder hacia las mujeres; no logran ver a la mujer como una persona autónoma, que no le pertenece, y este deseo de posesión se da en todos los estamentos sociales, incluido el ámbito político”, añade.

Deconstruir el sistema patriarcal no se resuelve con un taller, pero por algún lugar debe empezar el cambio cultural. Eso se busca con las charlas que se dan a jóvenes en los locales de Comuna Mujer de la IM y también en liceos. Allí se apunta a la prevención de la violencia hacia las mujeres en el noviazgo: relaciones asimétricas pautadas por controles en las llamadas, en mensajes de texto y hasta en revisar la hora en el boleto de ómnibus.

La denuncia como última opción

En Uruguay todavía no existe la figura de feminicidio en el Código Penal. Apenas si cabe hablar de homicidio especialmente agravado por el vínculo, en un país donde casi una de cada dos mujeres (45,4%) que han tenido alguna relación de pareja a lo largo de su vida declararon haber vivido alguna vez violencia por parte de su pareja o ex parejas, y 21% de ellas manifestó deseos de morir o suicidarse, según la Encuesta Nacional de Prevalencia sobre Violencia Basada en Género y Generaciones de 2014.

Pedir ayuda

Servicio Nacional de Orientación y Apoyo a Mujeres en Situación de Violencia Doméstica por medio de la línea 0800 4141: una llamada gratuita, confidencial, que no queda registrada en la factura ni necesita monedas o tarjeta desde un teléfono público. En Montevideo, los locales de Comuna Mujer brindan atención psicosocial y jurídica. La IM también ofrece grupos de reflexión sobre masculinidades para varones que ejercieron violencia. El Ministerio de Desarrollo Social cuenta con un servicio público de atención a mujeres en situación de violencia basada en género en sus 19 oficinas departamentales.

Aunque las políticas públicas desde distintas carteras estatales hacen foco en la violencia intrafamiliar, no es suficiente para paliar la situación. De hecho, en los últimos años, “la violencia y la impunidad siguen creciendo”, evaluó la abogada Marina Morelli, integrante de Mujer Ahora, en diálogo con la diaria.

Señaló que “es posible salir de una situación de violencia, pero no es de un día para otro. Las mujeres se enfrentan al desamparo del Estado y al desamparo social: abandono y/o condena de la familia y de sus amigos... muchas veces están solas”.

Defensoras en derechos humanos de las mujeres como ella no sugieren que se efectúe la denuncia policial como primera medida. Antes evalúan el riesgo de la situación (grado de autonomía de la víctima, sus posibilidades laborales y de vivienda) porque, si bien reconocen que desde el MI “se han realizado los mayores esfuerzos” con medidas como la creación de protocolos de atención policial, capacitaciones al personal y nuevas unidades especializadas en violencia basada en género, “el sistema no funciona y se siguen dando situaciones muy perversas, porque demoran en detener al agresor; los operadores no evalúan el riesgo de la denunciante; se trastocan testimonios”, enumeró Morelli.

En los casos de violencia intrafamiliar hacia las mujeres, “todas las muertes son crónicas anunciadas”, afirma. Mientras la abogada subrayó que la atención a casos de violencia intrafamiliar “no ofrece respuestas eficaces y no se ejecuta con la gente más idónea”, Lindner enfatizó que avanza una investigación interdisciplinar, mediante un convenio entre el MI y la Facultad de Medicina, para evaluar la efectividad del uso de tobilleras.

“No debería existir una reducción de la pena por buena conducta para agresores que están en prisión”, reclamó Jenny Escobar, de Mujeres de Negro, durante la marcha, que partió a las 19.30 desde la plaza Independencia hacia la plaza Cagancha.

“Llamamos a la sociedad en su conjunto a rechazar, en la casa, en la calle, en el ómnibus, en el trabajo, cualquier expresión violenta contra niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres, y exigimos al Estado medidas concretas, recursos, alternativas reales para salir de la espiral violenta, legislación que aborde y responda de forma integral y específica a la violencia machista en la casa y en la calle”, reclamó el colectivo Feministas en Alerta y en las Calles.

Otras formas invisibilizadas de asesinar mujeres son las situaciones de violencia que provocan el suicidio; internaciones en psiquiátricos; o “matándolas de hambre, recortando recursos, vendiendo bienes propios”, agregó la abogada.

Las denuncias por violencia machista que recibe Mujer Ahora exceden el ámbito doméstico y abarcan violencia institucional, obstétrica, acoso laboral y callejero. Por ello Morelli reflexionó: “Pareciera que estamos destinadas al espacio privado. Todavía seguimos siendo objeto de aquel que te puede decir cualquier cosa, y nos falta desnaturalizar lo obvio. Se necesita construir otros mensajes y acabar con la violencia mediática”.