-Tu fuerte ha sido el trabajo con la infancia. ¿Te designaron subsecretaria para potenciar esa área?

-La designación tiene que ver con mi perfil y con priorizar las políticas de infancia, de adolescencia, seguir garantizando un enfoque de salud sexual y reproductiva y mejorar las prestaciones vinculadas al área de salud mental. La mejor inversión que tenemos que hacer como ciudadanos es en las personas, en mejorar derechos y oportunidades desde la primera etapa de la vida. Que las parejas elijan el momento más adecuado para tener hijos y cuando exista ese deseo, que el Estado garantice las máximas oportunidades y cuidados desde el inicio de la vida. El 80% del cerebro se desarrolla en los primeros dos años de vida. La Teoría de Barker, de 1986, demuestra el origen fetal de las enfermedades crónicas no transmisibles, como la diabetes, la hipertensión, las coronariopatías. Las habilidades socioemocionales de un individuo están consolidadas en tanto nos cuidaron y nos quisieron desde el inicio. Uruguay tiene cifras muy altas de maltrato y de abuso infantil, y eso ocurre en todos los estratos socioeconómicos. Es un tema ético y de derecho, en un país donde hay pocos nacimientos no nos podemos dar el lujo de que a cada uno de los niños y niñas que nazcan el Estado no les garantice las máximas oportunidades. Uruguay hoy está muy preocupado por cuánto influye la educación, cuánto tiene que ver la seguridad, pero preguntémonos como ciudadanos cuánto tiene que ver cómo Uruguay cuida a sus niños y a sus jóvenes, y después no los culpabilicemos cuando no les garantizamos oportunidades desde el inicio. El sistema nacional integrado de cuidados también tiene que ser una prioridad, en la cual tenemos que garantizar que el cuidado no sea una responsabilidad sólo de las familias. Es insustituible el rol de la familia, pero queremos que las mujeres tengan un real ingreso en el mercado de trabajo y que los hombres participen en la crianza, y para eso el Estado tiene que profundizar acciones como las licencias parentales, tener centros de educación y de cuidado inicial. Uruguay ha venido trabajando en forma ostensible en disminuir el indicador de pobreza infantil, pero tiene una deuda histórica con los niños y los jóvenes. Siendo estudiante de la Facultad de Medicina en 1988, 1989 y 1990, Juan Pablo Terra ya nos hablaba de los problemas que Uruguay iba a tener en los 20, 30 años siguientes, si no se trabajaba en la responsabilidad familia-comunidad-Estado y sobre el fenómeno que tenemos instaurado de infantilización de la pobreza. Hoy la población más vulnerable a veces no tiene posibilidades de elegir, porque esos jóvenes quizá no tuvieron potencialidades, trayectoria educativa, y sus únicas oportunidades están en desarrollarse desde la maternidad, y por eso Uruguay hoy tiene cifras de embarazo adolescente altas. El tema de cuidados atraviesa todos los quintiles. ¿Cuánto favorecería que una estudiante universitaria que decide tener hijos no posponga cada vez más esa decisión porque es muy difícil compatibilizar la crianza con el desarrollo profesional y personal? Tiene que haber un rol muy activo de la salud, de la educación, pero también tiene que haber oportunidades de empleo para jóvenes, planes de acceso a la vivienda. Tenemos el compromiso de mejorar la accesibilidad, que los derechos en los que se avanzó en las dos últimas administraciones se hagan tangibles en la vida cotidiana: la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo; el acceso a la anticoncepción tiene que ser más real, con servicios de calidad; es necesario potenciar la horizontalidad entre el equipo de salud y la población, en horarios disponibles, si la mayoría trabaja hasta las 18.00...

-En el programa del FA está el propósito de disminuir la mortalidad infantil y la malnutrición, ¿cómo se hace para que 6% de los embarazos que hoy no se controlan lo hagan y para que en los primeros 24 meses de vida no haya 30% de anemia?

-Ese indicador del 6% surge de datos extraídos de los nacimientos en el hospital Pereira Rossell, donde hay entre 7.500 y 8.000 nacimientos por año. Cuando se puso en funcionamiento Uruguay Crece Contigo, verificamos que hay poblaciones de mucha vulnerabilidad, para las que hay que generar dispositivos diferentes, de cercanía: no basta con que esas familias tengan cerca un programa de salud. Con Uruguay Crece Contigo las fuimos a buscar y los indicadores en calidad y control del embarazo mejoraron en forma ostensible. Después del acompañamiento, el resultado de bajo peso al nacer o prematurez es igual o menor que el promedio nacional, en la población más difícil, lo que quiere decir que se puede. Tenemos que llegar a 1% de no control de embarazo, como tiene Chile.

-¿Por medio de Uruguay Crece Contigo?

-Vamos a fortalecer los equipos de salud, donde sea una prioridad, en cada equipo de primer nivel de atención, pero en cada una de las redes que tiene ASSE. Uruguay está cuarto entre los países con menor mortalidad infantil en América Latina, pero tenemos que trabajar en la calidad de los que sobreviven. Ahí también tenemos mucho para trabajar, porque todavía hay un porcentaje de evitabilidad.

-¿Se hará que los equipos de salud de ASSE salgan al territorio?

-Sí, ya hay muchas experiencias, y se potenciará el trabajo más coordinado, desplegar toda la red que hay a nivel territorial, sea de salud, un CAIF, una organización de la sociedad civil, un maestro comunitario. Humanizar la atención es la clave; si nos distanciamos como equipo de salud de los problemas que tienen los usuarios del sistema de salud, perdemos. Estamos trabajando con la Comisión para la Seguridad del Paciente y Prevención del Error en Medicina lo que tiene que ver con las situaciones de mala praxis, de responsabilidad del equipo de salud, pero necesitamos que el usuario se acerque a ese equipo de salud. La captación y cuidado del embarazo tiene una integralidad que no se resuelve sólo desde la salud, pero si la salud no mejora el acceso, los horarios de atención, si una mamá quiere colocarse el dispositivo intrauterino desde el momento que tiene su hijo y el hospital no se lo garantiza en ese momento, tenemos dificultades. Y en el sector privado también tenemos dificultades en el acceso y la calidad.

-¿Se le va a exigir a ASSE el cumplimiento de las metas prestacionales?

-Sí. Estamos trabajando con el directorio de ASSE y con quienes van a trabajar en los próximos cinco años. En el modelo de atención, en las metas prestacionales, ASSE tiene que ser quien tenga la mayor confiabilidad. Debe rendir cuentas de lo que pudo cumplir y lo que no.

-¿Cuáles son las prioridades del MSP para esta gestión?

-Hoy estamos muy preocupados por la calidad. Tenemos que trabajar más en el rol de rectoría, en realmente hacer una rectoría, una fiscalización, rever las metas, que las habilitaciones impacten en calidad, pero para eso hay que ver qué es calidad. Otro desafío que tenemos es el de lograr la verdadera integración del SNIS, cómo garantizamos que una persona tenga en el lugar donde vive todos los recursos, para que la mayoría de esos problemas se puedan resolver más cerca. Queremos crear una red de maternidades, tenemos que ver fortalezas y debilidades de la maternidad en el sector público y privado, ver los recursos humanos de acuerdo a la cantidad de nacimientos en cada departamento, para que estén garantizados los criterios de calidad.

-Interpreto que se van a destinar muchos más recursos a primera infancia, pero ¿estarán dirigidos mediante compromisos de gestión, por ejemplo?

-Exacto. Tenemos que ver cuánto más invertimos en esta etapa de la vida, y en eso estamos trabajando con el Ministerio de Economía. Cómo eso impacta en los equipos de salud por medio de compromisos de gestión, con un pago de retribución variable que premie a los que trabajen mejor, a los que cumplan metas, y cómo vamos adecuándolas. Esto requiere toda una reingeniería de los recursos de salud, y el eje va a estar puesto en la malnutrición. Según la encuesta de hogares de 2011, 31% de los niños de seis a 24 meses tiene anemia. Nos fijamos la meta de disminuir la anemia en menores de dos años y mujeres embarazadas en 1,5% anual.