Le agradezco a Mario Svirsky, con su PhD e impresionante currículum, que haya tenido la gentileza de responder a esta humilde médica, estudiosa de la salud y trabajadora del barrio Marconi.

Es claro, desde la perspectiva de las políticas de promoción de salud, que para garantizar la salud de las personas debemos abordar los distintos determinantes de esta, que no se reducen al ámbito sanitario ni a una sola medida, como la aplicación de una vacuna. El cáncer de cuello uterino está fuertemente vinculado a la infección por algunos serotipos de HPV, pero además se relaciona con otros factores de riesgo, como las condiciones de pobreza, la prostitución, el tabaquismo, la no realización del screening por colpocitología oncológica (PAP), todos factores que, obviamente, no son contrapuestos, pero que son importantes de aclarar para no reducir la mirada sobre el cáncer de cuello uterino y lograr comprender que es, además, un problema social, como lo plantea claramente el doctor Juan Gérvas en su libro Sano y salvo, publicado este año. Es además incomprensible su comparación con discursos que promueven la abstención sexual, discurso que sería más grave aun desde una perspectiva de género, ya que estaríamos aumentando la violencia social machista sobre los cuerpos de las mujeres; no sólo las estaríamos vacunando obligatoriamente (a los hombres no), sino que les agregaríamos el agravante de privarlas de su derecho a una vida sexual plena. La mejor forma de llegar a estados más saludables en todas las áreas, incluyendo la vida sexual, es promover que cada uno disfrute plenamente de su vida tomando las medidas de protección adecuadas; en este caso, el uso de preservativo.

Cabe aclarar, haciendo un ejercicio de comprensión lectora, que cuando en mi nota anterior me pregunto “¿Esta medida reducirá la prevalencia de la enfermedad por disminuir la frecuencia de dos serotipos?”, Svirsky me responde citando un estudio que demuestra que con la vacuna contra el HPV “la prevalencia de infecciones de los virus prevenidos por la vacuna disminuyó”, cuando yo claramente me estoy refiriendo, específicamente, a la enfermedad cáncer de cuello uterino, aclarando que ningún estudio ha demostrado aún que tenga impacto contra el cáncer de cuello uterino, aunque se espera que sea así, dado el impacto sobre estos serotipos del virus y sobre lesiones precursoras. Decir que disminuye la prevalencia de estos dos serotipos del virus no es igual a decir que disminuye la incidencia del cáncer. Sabemos que hay más variables que pueden influir, ya que, a diferencia de otras vacunas, no atacamos con esta vacuna todos los factores de riesgo de la enfermedad. Si vacuno contra la varicela, como prácticamente el único factor de riesgo es la exposición al herpes zoster, sólo con el efecto de la vacuna puedo extrapolar con mayor facilidad el impacto sobre la enfermedad. En este caso van a persistir serotipos circulando, y los otros factores de riesgo para el cáncer de cuello uterino, por lo que no podemos hacer un razonamiento lineal en este aspecto. Por eso el estudio que cito dice que se es “optimista” o se habla de “potencial” al respecto, frase que no afirma ningún resultado.

Sobre los efectos adversos de la vacuna, el profesor Svirsky se refiere a la embolia, pero sabemos que aún nos falta evidencia para conocer con más claridad los efectos adversos graves que puedan existir, y el Ministerio de Salud de nuestro país lo reconoce, ya que actualmente, en el consentimiento informado que la adolescente debe firmar para recibir la vacuna, dice textualmente: “Se han descrito algunos otros efectos adversos graves excepcionales y no se ha establecido aún su relación causal con la vacuna”, asumiendo que nos falta conocimiento sobre estos.

Mi voz no es progresista, como él asume, sino que es de izquierda, pero principalmente me preocupa la salud de la población y protegerla de los intereses de la industria farmacéutica. Soy profunda defensora del principio de bioética de respeto por la autonomía de las personas, que cuestiona la tendencia a violar este principio forzándolas, especialmente a las mujeres, a someterse a intervenciones obligatorias en salud sin poder decidir por ellas mismas sobre su cuerpo.

Virginia Cardozo