La experiencia de descentralización y el modelo de planificación y participación en Montevideo impulsados por el Frente Amplio (FA) se han mantenido vivos, sobre todo por el esfuerzo de múltiples vecinos comprometidos. Sin embargo, es un modelo cuestionado desde hace ya muchos años, que mostró sus límites y se debe transformar.

El abandono político de la reflexión colectiva acumulada, reflejada en los resultados de los tres foros ciudadanos para profundizar la descentralización, y la ausencia de iniciativas desde el FA y la Intendencia de Montevideo (IM) para retomar las críticas y propuestas alternativas de los propios actores dejan a los concejos vecinales y al Presupuesto Participativo en una inercia que sólo puede conducir al empobrecimiento. Eso facilita la captura de tales espacios por lógicas personalistas, de intereses sectoriales o partidarios, que los vacían del sentido con el que fueron creados.

Para la izquierda, los cambios en la sociedad son el resultado de las luchas populares. Nacen desde la sociedad organizada. Ni el Estado ni las instituciones son los sujetos del cambio, aunque, bajo la conducción de la izquierda, el Estado y las instituciones pueden apoyar y favorecer los procesos populares de cambio. Para lograr un Montevideo más justo e igualitario es imprescindible democratizar la riqueza y también el poder.

El objetivo central de la descentralización es promover la participación de los vecinos y de las organizaciones sociales. Pero no cualquier participación: se trata de participar en la toma de decisiones, de incidir en las decisiones acerca de sus vidas y su territorio.

Democratizar el poder implica habilitar esa participación, promover el fortalecimiento de la capacidad de los ciudadanos de hacerse cargo de los problemas de su vida y su entorno, de hacer política, para que sus necesidades y demandas incidan. Que no solamente los poderes económicos y las elites influyan en el Estado. El objetivo es cambiar radicalmente al Estado, transformar su relación con la sociedad, “tensar” al Estado colocándolo al servicio de los intereses populares.

El proceso de participación genera debates y aumenta la capacidad política de la sociedad. Promueve la organización y la creación de actores sociales diversos. En otros momentos se le llamaba “crear poder popular”.

Pero además la propuesta es ampliar el espacio de lo público, incidir en las decisiones del Estado. Promover un proceso instituyente que invente nuevas formas de tomar las decisiones, de planificar, gestionar y controlar lo público. Generar escenarios participativos, mixtos, sociogubernamentales, crear nuevos centros de decisiones. Promover, junto con la autogestión, también la cogestión entre Estado y sociedad, para que esta participe en definir qué se hace y en beneficio de quiénes. Pero ese proceso hace años que se frenó.

Ahora sólo hay repetición. Y esfuerzos y compromisos de muchos vecinos. También de integrantes de la IM y del FA. Y de organizaciones sociales. Mucha energía y reflexión sin que haya por dónde canalizarlas para que tengan efectos de transformación. Mucho malestar rumiado entre compañeros. ¿Cuáles han sido algunas de las reflexiones-críticas que me parecen centrales?

Sobre los concejos vecinales:

• Son espacios de participación consultiva; sus decisiones no son vinculantes. Son órganos asesores. La posibilidad de incidir y alcanzar logros dependerá de la voluntad o el deseo de las instituciones a las que se les hacen planteos.

• Son espacios representativos. Para ser concejal vecinal hay que presentarse como candidato y hacer campaña para que te voten. Este modelo reproduce y refuerza la cultura representativo-delegativa. Se ve al concejal como el representante-gestor que debe resolver los problemas de cada uno y del barrio.

• Afirman la lógica individual sobre la colectiva. El concejo es un espacio cerrado, con normas para participar. Se está allí a título individual. El vínculo entre los vecinos y el concejal es asimétrico: el concejal tiene más poder por ser representante.

Sobre el Presupuesto Participativo:

• La elección de los proyectos surge de un proceso electoral. Está divorciada de un proceso de planificación del territorio entre vecinos, organizaciones sociales y barriales, clubes, etcétera, de valoración de las necesidades y prioridades en las diferentes zonas. A esto se le suman las limitaciones de ese proceso, cuyo resultado depende mucho de los recursos materiales o la cantidad de adherentes organizados con que se cuenta para impulsar cada proyecto.

• Al estar desligado de un proceso de planificación colectivo, promueve de hecho la competencia entre actores sociales e intereses en el territorio, y no la cooperación entre ellos.

Estamos ante un modelo para rearmar. Pero la participación en el territorio ha tenido otras experiencias y también hay un entramado social-popular-comunitario para seguir tejiendo, entrelazando. Eso requiere otros debates de fondo sobre la participación funcional, la autónoma y la transformadora. También hacen falta debates sobre el uso de los medios digitales en la participación. Sobre los nuevos patrones de consumo cultural y comunicacional.

Lo primero es retomar las reflexiones de las experiencias de participación en el territorio. Recuperar los debates sistematizados y generar un proceso entre todos aquellos que hoy siguen poniendo su energía en los concejos vecinales, en el Presupuesto Participativo y en muchísimas otras experiencias.

Hay que integrar lo aprendido en procesos de participación o de cogestión entre Estado y sociedad: como los del Espacio de Gestión del Parque Público Punta Yeguas, el Complejo Sacude, en Casavalle, la Comisión Parque Baroffio, el parque Monte de la Francesa. Y también experiencias de participación en policlínicas barriales, organizaciones de usuarios de la salud, redes temáticas como la de primera infancia de los municipios A y G, o de adultos mayores. Las comisiones vecinales, las Comuna Mujer y las redes intersectoriales en los territorios donde participan también los vecinos.

Para superar el inmovilismo y recuperar la motivación, es necesario promover un proceso abierto de revisión y reinvención de la descentralización y la participación en Montevideo, con la participación de todos los actores institucionales y sociales, con los vecinos.

Un proceso abierto supone escenarios abiertos de participación, con metodologías que habiliten la producción colectiva de diagnósticos, propuestas y acuerdos. Con reglas acordadas de funcionamiento y de toma de decisiones que articulen a la democracia representativa con la participativa. Un proceso con decisiones vinculantes. Un proceso instituyente que retome el debate y la rica experiencia de estos años, y proponga nuevas formas de planificar, gestionar y controlar lo público en los territorios. Pero que también vaya más allá, que pueda hacerse nuevas preguntas y plantear nuevos debates, que ayude a ir imaginando nuevos futuros posibles.

Brenda Bogliaccini