“Futuro para todxs” se llamó la actividad desarrollada ayer por el Programa Nacional de Discapacidad (Pronadis), el Instituto Interamericano sobre Discapacidad y Desarrollo Inclusivo (IDII), el grupo Movimiento Estamos [email protected] en Acción (META) y Kalima. Se hizo en el Café la diaria y se extendió durante toda la jornada. De mañana, referentes del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) presentaron modalidades y facilidades para acceder a empleos (sobre lo que tratará esta nota); de tarde hubo un espacio de lectura de poemas, exposición de obras artísticas, un taller con jóvenes para trabajar el tema de los derechos de las personas con discapacidad, y de noche META y Kalima desarrollaron la propuesta de música y diversión “Estamos Todxs”, en la que participaron grupos artísticos.

En el plano discursivo, nadie duda de que las personas con discapacidad deben tener las mismas oportunidades que el resto para acceder a un empleo; sin embargo, en la práctica la situación es diferente. Los organismos públicos están obligados a llenar 4% de sus puestos con personas con discapacidad, pero se está muy lejos de cumplir con esa normativa. Las organizaciones sociales, y en particular el PIT-CNT, impulsan desde 2015 un proyecto de ley para facilitar el acceso a puestos en el sector privado y, en ese sentido, hay avances, puesto que hace dos semanas la Comisión de Legislación del Trabajo de la Cámara de Diputados aprobó el proyecto de Ley de Inserción Laboral de Personas con Discapacidad en el Ámbito Privado, que será tratado en octubre en el Plenario de Diputados. El proyecto establece que las empresas privadas y personas públicas no estatales con más de 25 trabajadores deben integrar en sus planillas de trabajo al menos 4% de personas con discapacidad; como contrapartida, las empresas recibirán beneficios.

Durante la actividad de ayer, Pronadis, que depende del Mides, mencionó estrategias que viene desarrollando y que ayudarán a la aplicación de la ley una vez que se apruebe. Son experiencias piloto: “empleo con apoyo” y “rol del técnico operador laboral”. Ambas están pensadas para el sector privado. Por un lado, inscriben a las personas que quieren trabajar, toman nota de en qué área y en qué tarea; cuando una empresa los contacta para solicitar trabajadores, recurren al listado y hacen de nexo. Se toma conocimiento del lugar de trabajo y se evalúa si es necesario hacerle ajustes, por ejemplo, en el área de accesibilidad, pensando no sólo en rampas, sino también en que tenga información disponible en forma clara y acorde a las necesidades. Pronadis se encarga, también, de la sensibilización del equipo de trabajo, puesto que “hay que derribar mitos”, expresaron Fernanda y Fiorella, técnicas del programa. Monitorean, además, que las tareas para las que serán contratados los nuevos trabajadores sean adecuadas y realizables por ellos, y que las responsabilidades estén claras.

Cooperando

Beatriz Viera, técnica de la división de desarrollo de cooperativas sociales del Mides, informó sobre esta opción, pensada para personas en situación de vulnerabilidad. Dijo que para conformar una cooperativa social se necesitan al menos cinco personas, y que el emprendimiento debe tener viabilidad social (que el grupo pueda autogestionarse) y económica. Ante una pregunta del público Viera explicó que las personas tienen que “juntarse” por sí mismas: el Mides no las convoca, sino que les ofrece una guía. Cada cooperativa puede tener hasta 25% de integrantes que no estén en situación de vulnerabilidad y que puedan apoyar en la realización de las tareas.

La alternativa es posible. Viera citó el ejemplo de Gastrocoop, una cooperativa gastronómica que gestiona las cantinas del Hospital Policial, del Mides, de la casa asistida Tarará Prado y de la ex Estación Goes. Viera comentó que hay diez cooperativas que incluyen a personas con discapacidades, que se desempeñan en los rubros de gastronomía y cadetería. Brindan servicios principalmente a organismos públicos, pero se apunta a que haya más demanda del sector privado.

Sueños concretados

El Mides audita las cooperativas luego de formalizadas y ayuda a su proceso de creación. En esa etapa está Dodici (“doce” en italiano). “La cooperativa se está formando, hace un largo tiempo que estamos estudiando con la gente del Mides”, explicaron a la diaria José Luis y Marcos, que estuvieron varios años viviendo en el hospital Vilardebó, derivados por un juez. “Es un emprendimiento nuevo, pero está muy bueno porque es un tercer eslabón, es un lugar a donde vamos a trabajar para tener nuestros ingresos. Me siento muy contento por los otros chiquilines, también, que tienen la posibilidad de trabajar, salen del hospital, van a una casa de medio camino y pueden entrar a laburar al lavadero industrial”, contó José Luis.

Ambos, junto a otros siete pacientes judiciales del Vilardebó, forman parte de un grupo originado con el impulso de Selva Tabeira, auxiliar de enfermería del hospital y tallerista de la sala 12 de ese hospital, en donde hace trabajos de herrería, carpintería, serigrafía y albañilería. En octubre de 2015 varios de ellos pasaron a vivir en una “casa de medio camino” de la Administración de los Servicios de Salud del Estado: un paso intermedio entre el hospital y la vida independiente. Es un espacio en el que pueden autogestionarse (ellos mismos cocinan y limpian) y cuentan con la guía de operadores. Siguen trabajando en la sala 12, pero ahora están formando una cooperativa social que se dedicará al lavadero industrial. Para comprar las máquinas de lavar cuentan con el apoyo económico que recibieron del grupo Maná, que en su última visita a Uruguay fue a conocer su trabajo.

El proyecto de cooperativa reúne a 11 personas, dos de ellas sin discapacidades. Buscan conseguir una casa para instalar el emprendimiento y en la que puedan pasar a vivir algunas de las personas que ahora están en el hogar de medio camino, dejando así lugares de medio camino disponibles para pacientes que todavía están en el Vilardebó. Tabeira comentó que han encontrado muy buena disponibilidad de los jueces, que han autorizado las salidas. El nombre Dodici es peculiar: el número es por la sala 12 y el idioma es un tributo a Franco Basaglia, psiquiatra italiano que promovió la desmanicomialización en su país.