Desde 2011, la ciudad de Durazno cuenta con un Sistema de Alerta Temprana (SAT) que permite “ganarle la carrera al río” en épocas de lluvia y evacuar antes de que se produzcan inundaciones. “En abril de 2016 casi 6.000 personas tuvieron que abandonar sus casas. Pese a eso, tuvimos una evacuación ordenada, con mucha tranquilidad y en seco, es decir, antes de que el agua llegara a las viviendas”, dijo Jesús María Rodríguez, director del Centro Coordinador de Emergencias Departamentales (Cecoed).

El sistema fue desarrollado por el Instituto de Mecánica de los Fluidos e Ingeniería Ambiental (IMFIA) de la Facultad de Ingeniería, en el marco de un convenio entre su Fundación Julio Ricaldoni (FJR) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Nutriéndose de diversas informaciones, el SAT es capaz de predecir la evolución del nivel del río, el nivel máximo que alcanzará frente a la costa y la fecha en que ocurrirá, con un margen de error de un día.

“Antes había caos. Ahora podemos planificar y realizar la evacuación con tiempo, durante el día y con mayores condiciones de seguridad. Todo esto ha devenido en una mayor confianza de la población en el Comité de Emergencias, porque saben que contamos con información exacta para actuar a tiempo. No es lo mismo juntar las cosas teniendo el agua en la puerta que hacerlo uno o dos días antes”, concluyó Rodríguez.

Pese a que el sistema no es la solución definitiva para el problema, ha permitido mejorar sustancialmente la situación de los pobladores de Durazno. La experiencia ha sido tan positiva que desde 2014, gracias a un convenio firmado entre la Agencia Nacional de Innovación e Investigación (ANII) y la FJR, el IMFIA trabaja en la ampliación del SAT para la cuenca del río Cuareim y del río Olimar, lo que beneficiará a los pobladores de Artigas y Treinta y Tres que viven situaciones similares.

Al servicio de la sociedad

El rol clave cumplido por la FJR en el desarrollo y la implementación del Sistema de Alerta Temprana es un ejemplo cabal de su misión institucional. Desde 2003, constituye el instrumento de vinculación tecnológica de la Facultad de Ingeniería, lo que en los hechos significa que es la responsable de articular los conocimientos y las capacidades de la Facultad con los desafíos productivos del país.

“Los grupos de investigación de la Facultad de Ingeniería trabajan para resolver problemas que afectan a las personas. El rol de la fundación consiste en facilitar la transferencia de estos conocimientos que se generan en la academia a toda la sociedad. Por eso, para definir nuestra misión, habitualmente usamos conceptos como vincular o articular”, señaló Julieta López, directora ejecutiva de la FJR.

La puesta en funcionamiento del SAT implicó la vinculación y el trabajo en conjunto de distintas instituciones, lo que redundó en un beneficio concreto para los duraznenses. Además de la Facultad de Ingeniería, la FJR y la OMM, también intervinieron el Sistema Nacional de Emergencias, la Dirección Nacional de Aguas, el Instituto Uruguayo de Meteorología, la UTE, la Intendencia de Durazno, la Facultad de Arquitectura, y el Centro Coordinador de Emergencias Departamentales de Durazno.

Un puente de alto impacto

Vincular, articular y tender puentes son conceptos frecuentemente utilizados para definir la misión de esta fundación creada en 2003. Así es como, a lo largo de sus 13 años de vida, ha trabajado con más de un centenar de organizaciones (públicas y privadas, nacionales y extranjeras), gestionando proyectos que han supuesto desarrollos tecnológicos innovadores y mejoras en la calidad de vida de los uruguayos.

Proyectos vinculados a la historia clínica electrónica, las energías renovables, la gestión de cuencas, el software público, las ciudades inteligentes y el tratamiento de efluentes, entre otros, son algunos de los más de 70 convenios que actualmente tiene en ejecución la FJR.

“En los próximos años la fundación debe profundizar su rol de puente a distintos niveles, potenciando el trabajo de los grupos de investigación de la Facultad. Además tiene el desafío de internacionalizar algunas de sus acciones”, señaló María Simon, decana de la Facultad de Ingeniería y presidente de la FJR, a propósito del rol que deberá cumplir esta institución a futuro. Inspirar vocaciones

En Uruguay hay un ingeniero por cada seis médicos y tres abogados, según datos del Panorama de la Educación 2014, el anuario del Ministerio de Educación y Cultura (MEC). “Si el país quiere industrializarse, debe cambiar esta realidad”, ha dicho en reiteradas oportunidades el rector Roberto Markarian.

Además de su misión articuladora, la FJR cumple con dos roles estratégicos que apuntan a contribuir a este cometido: promueve el acceso de los jóvenes a las carreras de ingeniería y fomenta la generación de nuevos emprendimientos de base tecnológica. La organización de la feria Ingeniería deMuestra, la gestión de la beca Martha Elena Peluffo Etchebarne de Jauge, el apoyo a iniciativas que fomentan la cultura científica en jóvenes, y su Programa de Apoyo al Emprendedurismo van en línea con estos postulados.

“El país necesita más ingenieros, por lo que no debemos desperdiciar vocaciones. Desde la FJR buscamos acercar esta profesión a la ciudadanía y fomentar que más niños y adolescentes se interesen por las carreras científicas. En este sentido, también trabajamos para inspirar vocaciones, talentos y sueños que contribuyan al desarrollo del país”, concluyó López.

Fundación Julio Ricaldoni