–El Observatorio contra el Acoso Callejero (OCAC) promovió en Chile una ley contra el acoso callejero. En la actualidad, ¿en qué instancia parlamentaria está?

–Pasó el primer trámite, fue aprobada por unanimidad en la Cámara de Diputados y Diputadas, pero en el Senado se estancó. Actualmente lleva más de dos años en la Comisión de Derechos Humanos; fue bien complicado hacerla avanzar.

–¿Cuáles son las mayores dificultades al momento de legislar sobre el acoso callejero?

–La falta de antecedentes y de problematización. Se trata de un problema social que empezó a visibilizarse hace poco en América Latina; sólo hace cuatro años que se empezó a abrir un poco más el debate y la discusión partiendo del acoso callejero. En los últimos años se abrió el tema, por ejemplo, al acoso en las instituciones educativas. Tampoco hay estadísticas ni investigación, falta conceptualización. Tenemos una tradición y una cultura súper machista instalada en la política, por lo que cuesta mucho posicionar los temas de igualdad de género sin un debate constante. Cuando abordamos estas cuestiones estamos frente a una cultura machista muy hegemónica, por lo que la pelea y la reflexión hay que hacerlas con cuidado, para tener una buena legislación. Muchas de las leyes que se sacan en pos de las mujeres no son las mejores.

–¿Le parece que las nuevas generaciones son menos machistas?

–El machismo es transversal a todas las generaciones. No hay que pensar que las nuevas generaciones, por ser nuevas, no son machistas: lo son. Sin embargo, hay grupos que están más sensibilizados a problematizar las desigualdades, y a verlas. En general, tienden a ser grupos universitarios muy elitizados. Sí se está dando una reflexión en la que están participando más jóvenes, pero eso no significa que todo el resto sea no machista, incluso las personas que están involucradas en estos temas. Hay que entender que el machismo es una pandemia mundial.