Empecemos por lo más importante: en la conferencia de prensa que realizó ayer el titular del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), Tabaré Aguerre, para referirse a la información publicada por la diaria el lunes 30, no desmintió absolutamente nada, y no podría haberlo hecho porque esa información es cierta. Las afirmaciones que Aguerre hizo acerca del modo en que se integra el fondo arrocero, los requisitos para acceder a sus préstamos y el papel del MGAP en la adjudicación de estos ya estaban en la nota de Santiago Sánchez.

Que Aguerre sea “beneficiario” de ese mecanismo -el término entrecomillado se utiliza en la resolución del MGAP, no es una licencia periodística- plantea un problema ético y también uno político, porque involucra el modo en que el oficialismo afronta las cuestiones éticas relacionadas con el ejercicio del gobierno. O sea, entre quiénes, de qué modo y con qué grado de transparencia se considera que hay que considerar esas cuestiones y fijar criterios para resolverlas.

Aguerre aseveró que no hubo en este caso conflicto de intereses ni dilemas éticos, pero no por ello se debe descartar la existencia de tales conflictos y dilemas. El fondo arrocero, como bien explicó Santiago en su nota, es administrado por un representante del Ministerio de Economía y Finanzas y otro del MGAP. Este último ministerio, además, tiene a su cargo el contralor de la aplicación de la norma que creó el fondo, debe asegurar el cumplimiento de sus objetivos y puede sancionar a los productores que incumplan sus disposiciones. Dado que el ministro Aguerre cuenta con todas esas potestades y que el productor arrocero Aguerre es uno de los beneficiarios, ¿se puede concluir ligeramente que no hay nada discutible? Es una opinión respetable (y esperable de un involucrado), pero no la compartimos.

Durante su desempeño como ministro, Aguerre fue beneficiario del fondo en dos ocasiones: en 2014 se le otorgaron 84.934 dólares y ahora, en el segundo préstamo -tampoco es una licencia periodística, dijo “préstamo” el director de Rentas, ante una consulta efectuada el 20 de enero acerca de las características del fondo-, 180.978 dólares. Ninguna de las dos resoluciones llevó la firma de Aguerre; se hizo responsable de ellas el subsecretario Enzo Benech. Ayer, cuando le preguntaron al respecto, el ministro dijo que en la primera ocasión estaba de viaje, y en la segunda, de licencia. Es un dato llamativo cuando se asegura que esas decisiones no tenían nada de conflictivo.

Durante la conferencia de prensa, con una soberbia indeseable en un jerarca del Estado, Aguerre, además de descalificar todo el proyecto periodístico de la diaria, le recomendó a nuestro compañero Santiago Sánchez que leyera un poco más, y en particular le recomendó el libro El hombre mediocre (1913), de José Ingenieros. En realidad, “el hombre mediocre” del que habló Ingenieros es el que forma parte del rebaño y no cuestiona lo establecido; o sea, alguien que sería muy mal periodista, porque no se le ocurriría poner en duda los actos de un ministro, pero no parece que Aguerre se refiriera al contenido de la obra, sino que sólo mencionó su título en un intento de descalificar a Santiago. En todo caso, fue una falta de respeto hacia un trabajador que no queremos dejar pasar. Es improcedente que un gobernante reaccione así, desde su posición de poder, cuando se siente expuesto.

En el degradado intercambio que está tomando el lugar de los debates políticos, se tiende a olvidar las diferencias entre información y opinión, o entre lo verificable y lo que no lo es: sólo hay mensajes, asumidos como recursos en una batalla para formar opinión, con miras a fortalecer la posición propia y descalificar a las demás. Ojalá Aguerre comprendiera que aquí no hay una maniobra para combatir las orientaciones que ha llevado adelante desde el MGAP o para perjudicar su futuro político: sólo se trata de periodismo.