Desde fines de la década de 1990 se visualizaba la necesidad de conducir la formación docente hacia un nivel universitario. El colectivo docente, desde la Asamblea Técnico Docente (ATD) nacional realizada en Salto en 2006, aprueba la propuesta de creación de una Universidad de Educación autónoma, cogobernada, nacional, pública y gratuita.

En ese sentido, la realidad de Uruguay no es ajena al movimiento de América Latina de transitar desde una formación institucional fuertemente normalista hacia una formación de carácter universitario. Este proceso marcó la transformación de los institutos normalistas, en un proceso de reconversión en un sentido institucional y de adecuación a las necesidades sociales, hacia la formación de universidades o institutos universitarios para la formación de maestros y profesores de la región. Los veloces cambios sociales y culturales sólo pueden ser acompañados si los profesionales de la educación tienen la posibilidad de una formación inicial y continua sostenida por una institución cuyas prácticas académicas acompasen el devenir de las sociedades actuales. El modelo institucional universitario parece ser el más indicado para tales fines. Además, el país necesita consolidar una comunidad académica en educación de referencia en políticas educativas, en sus distintos componentes. Por tanto, esta institución debe apostar no sólo a formar profesionales de la educación, sino a formar cuadros académicos calificados, que sostengan líneas de investigación, cuyos objetos estén en relación con los problemas educativos nacionales y regionales. El estatus universitario es fundamental para poder interactuar académicamente en los círculos de instituciones universitarias de la región y del mundo en la producción y difusión del conocimiento referido a los fenómenos educativos.

En estos últimos años se han venido desarrollando transformaciones institucionales en nuestro país, en vistas a la constitución de estructuras académicas y organizativas propias de instituciones universitarias. Se han concretado cambios significativos en lo académico, tales como: la conformación de los departamentos académicos y el desarrollo de políticas de posgrado; (1) la creación de las Comisiones de Carrera nacionales y locales y la conformación de la Comisión de Enseñanza (CE) y Desarrollo Curricular (DC); (2) el surgimiento de nuevas carreras en educación acordes a las demandas actuales (Educador Social, (3) Maestro de Primera Infancia; tecnicaturas: Asistente Técnico de Primera Infancia (4) y Asistente de Laboratorio en Tecnologías Digitales); y la conformación de Unidades Académicas Asociadas con la Universidad de la República (Udelar).

En lo relativo a la organización y participación, se valora como relevante la incorporación del consejero docente y del consejero estudiantil electos por sus pares en el órgano de conducción del Consejo de Formación en Educación (CFE).

Por otra parte, se destacan los avances en la construcción de estructuras colectivas (CE y DC y Comisiones de Carrera Nacionales), cuya integración se basa en la participación de los tres órdenes.

Sin embargo, la constitución de los órdenes aún se encuentra en un proceso de consolidación, porque en parte perdura el peso de la tradición de las instituciones educativas modernas de la formación de docentes, y en parte por la complejidad que implica implementar prácticas de participación real. Además, en relación con el desarrollo académico necesario para sostener prácticas universitarias, han existido dificultades. En tal sentido, ha sido arduo el proceso para sostener una política de posgrado continua y enfocada a los intereses propios del desarrollo de las profesiones en educación. El relacionamiento institucional con la Udelar ha sido complejo para la concreción de convenios que atiendan las demandas de formación de posgrado; esta ha quedado muy acotada y supeditada a la oferta y estructura académica de la Udelar. Actualmente sólo se ha podido concretar en un número acotado de cupos para los egresados de formación docente la participación en la Maestría en Enseñanza Universitaria de la Udelar. No obstante, no se concretó la fase de maestría para los diplomados provenientes del CFE en el marco del convenio con la Udelar.

Por último, cabe decir que se pudo concretar para estos últimos la fase de maestría por medio del convenio con la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), que se encuentra en curso desde el año pasado.

Razones para su creación

Concebimos al profesional de la educación más allá de su labor en los distintos ámbitos del sistema educativo, como un actor social que construye y reconstruye conocimientos que abordan la multidimensionalidad de la educación y de las transformaciones sociales. Las políticas educativas deben apostar a la formación cultural y política de los sujetos desde los saberes necesarios para la vida ciudadana y democrática de un país en tiempos de alta complejidad global y local.

Por esto, nuestro tiempo requiere una institución universitaria bien consolidada que forme para el desempeño profesional de los educadores uruguayos, integrando las dimensiones social, académica y ética. Entre otras, consideramos razones para pasar a una Universidad de la Educación las siguientes:

a) Necesidad del sistema educativo y de la sociedad uruguaya de una institución en la que se trascienda la formación de grado existente y que se transforme en referente académico para la continuidad de la formación del profesional de la educación a lo largo de toda su trayectoria.

b) La existencia de una institución que realice propuestas y desarrolle una política autónoma de posgrados para los educadores (diplomas, maestrías, doctorados).

c) Integrar el sistema nacional de educación terciaria desde una institución con un estatus académico de paridad, en la que se pueda articular y coordinar propuestas de grado y de posgrado atendiendo a las necesidades de las distintas regiones del país.

d) Consolidar una institución desde un marco legal que favorezca el desarrollo de las funciones inherentes a la formación y el desempeño universitario: enseñanza, investigación y extensión.

e) Habilitar la creación de estructuras que posibiliten el desarrollo de prácticas educativas por medio del aporte de la investigación en educación que habilite el ejercicio de la profesión de manera sistemática, crítica y autónoma.

f) Estamos en un proceso avanzado de transición hacia la Universidad de Educación. La primera concreción se produjo con la aprobación de la creación del Instituto de Educación a partir de la Ley 18.437, definición que no satisfizo los principios consensuados en distintas instancias por el colectivo docente. El segundo momento fue la creación del CFE como paso previo a la constitución de un nuevo ente autónomo que permitió la integración de dos consejeros electos: uno por el orden docente y otro por el orden estudiantil.

En síntesis, la creación de una Universidad de la Educación es parte de un proceso que se viene construyendo con la participación de los docentes, estudiantes y egresados en los ámbitos y espacios que han sido convocados.

Se han explicitado argumentos que muestran la importancia de contar con una institución universitaria como lugar donde acontezca la formación de grado y de posgrado que asegure la profesionalidad de los educadores de nuestro tiempo.

Maestro Edison Torres Camacho. Consejero del CFE electo por los docentes

(1). SUNFD (2008), Consejo de Formación en Educación, Administración Nacional de Educación Pública. http://www.cfe.edu.uy/images/s.

(2). Acta Nº 1, Res. Nº 35, 30/01/2014. http://cfe.edu.uy/images/stori_res35.pdf.

(3). Apertura de Carrera de Educador Social en el CFE. Acta Nº 5, Res. Nº 5, 10 /02/2011.

(4). Aprobación del Plan de Estudios de la Carrera en Asistente Técnico en Primera Infancia. Acta Nº 10, Res. Nº 27, 30/04/2013.