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Nacional | Lunes 03 • Abril • 2017

Sanción para predio en Florida dedicado a cuarentena de vacunos

Un establecimiento en el que 10.000 vacunos permanecen en cuarentena desde noviembre será sancionado por la Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama) por carecer de la habilitación ambiental exigida a partir del Plan de Acción para la Protección de la Cuenca del Río Santa Lucía. Productores vecinos denunciaron que la concentración de tantos animales en pocas hectáreas ha generado una contaminación severa en la cañada Berrondo, cauce que a unos cinco kilómetros de allí desemboca en el lago de Paso Severino.

Cañada negra

Agua turbia, negra, en algunos lugares tapada por una espuma marrón que se traga la corriente. En la superficie, pequeños sólidos; bosta, tal vez. Así está la cañada Berrondo, a unos 500 metros de un cuarentenario de ganado en pie ubicado en la localidad homónima, a unos cinco kilómetros de Florida capital. “La cañada está con tanta contaminación que parece el desagüe de un tambo”, comentó Nelson Hugo Rodríguez, propietario de un predio en donde el agua aparece tal como en la descripción inicial. No tiene dudas, dijo, de que está así por el cuarentenario. “Esto viene de hace varios meses. Antes ponían ganado Holando y no ponían la cantidad que ponen ahora”, apuntó.

Si bien el cuarentenario es un predio de más de 70 hectáreas, en un área de aproximadamente 25 hectáreas se concentran 10.000 cabezas de ganado cárnico que desde noviembre esperan por una exportación a Turquía. Esas 70 hectáreas están dentro del establecimiento Lomas del Pintado, propiedad del empresario ganadero Ruben Urchitano. Allí Urchitano suele concentrar el ganado Holando cuando se concretan exportaciones de esa raza, de la que es uno de los principales productores en el país. Pero cuando esas puertas se cierran vende, por intermedio de su empresa Valle Cálido, el servicio de cuarentena a otras empresas exportadoras.

Los 10.000 animales que se encuentran en el predio corresponden a una exportación de Portimor SA, sucursal uruguaya de la empresa Wellard, de origen australiano y presente en más de 15 países. Los animales ingresaron en noviembre para irse en diciembre, dado que las cuarentenas para exportar a Turquía son en realidad veintenas. Pero el negocio se trabó y los animales llevan más de cuatro meses en el lugar.

Fuentes cercanas a la empresa aseguraron que el predio cuenta con un sistema de reutilización de los sólidos y líquidos que deponen los animales: son contenidos -al menos de acuerdo con la previsión técnica- por tres taipas, para luego ser absorbidos por separado para fertilizar cultivos. El sistema, enfatizó la fuente, no tiene previsto ningún tipo de vertido en cauces. En el último año, subrayó, se han hecho inversiones que rondan los 200.000 dólares para el tratamiento de los efluentes.

La lluvia, sin embargo

El estado de la cañada, no obstante, hace pensar que “pudo haber habido algún desborde [de alguna de las taipas] en febrero, cuando hubo un ciclón extratropical y llovió mucho en poco tiempo”, admitió la fuente, que trasladó la hipótesis que maneja la empresa. Que hayan pasado prácticamente dos meses desde aquel evento (el ciclón extratropical fue a comienzos de febrero) y que la cañada no esté estancada, sino en corriente constante, son hechos que hacen pensar a los productores vecinos que el vertido a la cañada no ha sido sólo producto de aquellas lluvias. Incluso la situación los llevó a plantear una denuncia ante el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) y la Intendencia Departamental de Florida (IDF) en enero, ya que comenzaron a verse obligados a alejar a sus animales de la cañada, en la que siempre han abrevado.

Martín Santarcieri, otro de los productores vecinos, contó que en su caso, por cómo están dispuestos los espacios de su predio para evitar que el ganado se entrevere, no tiene otra alternativa que dejar algunos animales cerca de la cañada. “Esos animales han tenido parásitos como nunca. El otro día se me murió uno. Le había dado antiparasitarios, pero la carga de parásitos era tanta que el animal no aguantó. Vi parásitos -por ejemplo, una tenia- que nunca había visto, que nunca habían tenido mis animales”, contó.

El tono de los testimonios, tanto de Rodríguez como de Santarcieri, pese a la gravedad de la denuncia, no es de indignación visible. Los consultados cuentan, pero lo hacen como si narraran cualquier evento cotidiano. De hecho, aclaran que la relación con el empresario vecino “siempre ha sido buena”. Santarcieri enfatiza, incluso: “Yo no tengo ninguna intención, absolutamente ninguna, de que eso se cierre. De ninguna manera. Yo soy ganadero y no puedo querer eso. Sólo se trata de que [el cuarentenario] no nos perjudique”.

Tras la denuncia, no tanto

La IDF, tras recibir la carta de los vecinos, tomó muestras de agua de la cañada en el predio del denunciante y aguas abajo, bajo la calzada de un camino vecinal. Daniel dos Santos, director de Control Ambiental de la comuna, afirmó que en una oportunidad las muestras dieron valores “que no eran una cosa tan grande”, pero que el 14 de febrero se tomaron muestras nuevamente “y ahí sí dieron valores más altos”. La IDF hizo una inspección al predio de la cuarentena, para aconsejar algunas variantes, y luego volvió a tomar muestras. Dos Santos aseguró que los valores tendieron a normalizarse. Afirmó además que recién después de que termine el proceso de toma de muestras se elevará la información a la Dinama.

Como ni la comuna ni el MGAP (cartera estatal que, al tratarse de un cuarentenario, tiene una suerte de oficina montada en el establecimiento) notificaron a la Dinama, este organismo no estaba al tanto de la denuncia de los vecinos. Recién el sábado 25 de marzo entró en conocimiento del caso, cuando tomó estado público la denuncia por medio de tuits y de un informe de Radio Uruguay emitido el lunes. Alertados por no tener registros de ese cuarentenario, el jueves 30, los inspectores de la Dinama se presentaron en el establecimiento.

La inspección que la Dinama llevó a cabo el jueves 30 confirmó que el establecimiento nunca tramitó la habilitación ambiental, que es obligatoria desde 2014, surgida del Plan de acción para la protección de la calidad ambiental y la disponibilidad de las fuentes de agua potable en la cuenca del río Santa Lucía, el mismo plan que obligó a alambrar el lago de Paso Severino y a que los tambos cuenten con un sistema de tratamiento de efluentes habilitado. Primero, el proceso del cumplimiento del plan suspendió la autorización de nuevos emprendimientos de encierro de ganado para engorde u otros fines en la cuenca hidrográfica del río, así como la ampliación de los ya existentes. En junio de 2014, luego de más de seis meses dedicados a la elaboración de una nueva reglamentación ambiental, se rubricó el decreto 162/14, que establece la obligatoriedad de la solicitud de autorización de desagüe, así como del estudio ambiental “sometido a autorización especial” en el caso de establecimientos con capacidad para más de 5.000 animales que ya estaban instalados y operando antes de la aprobación del plan. El plazo para tramitar las habilitaciones venció en 2014.

La ficha de seguimiento del plan de acción publicada en junio de 2015 incluye una foto satelital en la que se indica la ubicación de los establecimientos de estas características que tramitaron la habilitación. Allí se observa que seis de estos están dentro del territorio de Florida, pero ninguno está ubicado en la zona sur del departamento. En línea recta, Lomas del Pintado se encuentra a menos de cuatro kilómetros del sitio en el que la cañada Berrondo desemboca en el Santa Lucía chico, en un punto en el que el río comienza a salir de su cauce original, producto del embalse de Paso Severino.

Según distintas fuentes consultadas, no contar con la habilitación ambiental se considera una falta grave e implica, de acuerdo con lo que señala el decreto 162/14, una multa de entre 100 y 5.000 unidades reajustables, es decir, de entre 98.400 pesos y 4.920.000.

Independientemente de la visita al establecimiento, la Dinama no pudo tomar muestras de la cañada desde predios linderos, ya que el protocolo de actuación impide a los inspectores ingresar a predios que tengan las porteras trancadas. El estado del agua sigue siendo el mismo. Las únicas muestras tomadas siguen siendo las de Control Ambiental de la IDF.


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