“Vas a estar incorporando un maíz para algo que no es plaga en Uruguay, que no es más productivo, que no genera ningún beneficio desde el punto de vista comercial, simplemente porque una empresa quiere venderlo donde sí es plaga. Nosotros decíamos, ¿vale la pena correr ese riesgo en Uruguay, cuando en realidad no es un gran beneficio comercial, no nos genera nada y además corremos el riesgo de que pueda haber –porque como no lo estudiamos, no lo sabemos– alguna afectación al ambiente? Para nosotros no era aceptable”, afirmó Alejandro Nario, responsable de la Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama) en una entrevista que publicó ayer Montevideo Portal. Se refería al maíz MON89034X-MON88017, de la empresa Monsanto, uno de los cuatro eventos transgénicos cuya liberación comercial autorizó el 15 de diciembre el Gabinete Nacional de Bioseguridad (GNBio), a pesar de la objeción del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (MVOTMA) y del Ministerio de Salud Pública (MSP). Agregó que se trata de un transgénico “activo”, que porta un transgen que genera sustancias venenosas para las plagas, y que es necesario estudiar el impacto que puede tener esa sustancia que se libera al ambiente; la plaga que se busca combatir es la Diabrotica speciosa, conocido como “vaquita de San Antonio”, que no es plaga en Uruguay.

Nario señaló que el otro evento de maíz que se aprobó –el TC1507XMON810XNK603, de Monsanto, resistente a lepidópteros y a dos herbicidas (glifosato y glufosinato de amonio)– sí incorpora un beneficio económico, pero lo relativizó. “Hay variedades nativas, variedades criollas que tienen potencialidad, que después de 100 años se han adaptado a nuestro medio, a nuestro clima y hay productores que la quieren generar. Bueno, estudiemos cómo se relacionan unos con otros, porque si estos tienen derecho a producir, estos otros también tienen derecho a producir. Estudiemos cómo se relacionan, cómo es el flujo genético, si hay contaminación de este maíz hacia este otro mediante la polinización, otra cosa que tampoco se estudió”, reclamó. Ese es otro perjuicio sobre el que alertó el MVOTMA: la contaminación de maíces criollos, con la consecuente pérdida para los productores.

Con respecto a los dos eventos de soja que aprobó el GNBio (DAS44406-6, tolerante a los herbicidas glifosato, glufosinato de amonio y 2,4-D; y MON89788X- MON87708, tolerante al glifosato y a la dicamba), Nario expresó que sucedió lo que el MVOTMA venía prediciendo: las malezas se volvieron resistentes al glifosato. “La respuesta es un nuevo transgénico que además del glifosato es resistente a dos pesticidas más, el Dicama y el 2,4-D. Entonces ahora, en vez de estar inundando Uruguay con toneladas de transgénicos, vamos a tener toneladas de transgénicos y otro producto más; eso no ha sido estudiado”, agregó.

El jerarca aclaró que no está en contra de los transgénicos: “Yo soy un convencido de que Uruguay se tiene que desarrollar, pero el tema es en qué condiciones”, dijo, subrayando que el nivel de riesgo es “tan alto” que el MVOTMA no lo podía aceptar. Criticó, además, que se quieran liberar de forma masiva otros dos herbicidas, ya que ni siquiera se ha medido el impacto del glifosato. “Nosotros ahí aplicamos el principio precautorio, diciendo que el nivel de riesgo para nosotros no es tolerable; hasta que no se hagan los estudios correspondientes, no podemos aplicar esto”, expresó, y catalogó la autorización como “un error importante”. Consultado sobre la sensación que le dejó la resolución del gabinete, pese a la opinión desfavorable del MVOTMA y del MSP, comentó que lo vivió “con cierta angustia personal” y “con mucha autocrítica”, porque le hizo pensar que no está pudiendo transmitir el problema. “Nos encasillan; creo que hay algunos sectores que te encasillan en el lugar de ambientalista trancador del desarrollo, cuando en realidad vos tenés argumentos”, dijo.