Las 90 hectáreas del Cerro de los Burros que son propiedad del empresario y sindicalista argentino Marcelo Balcedo se distinguen con facilidad. La amplia extensión, cercada por un alambrado de más de dos metros de altura y con un foco de luz en cada poste, contrasta con el ambiente agreste que lo rodea. Donde antes había monte nativo, ahora hay grandes extensiones de césped, árboles exóticos dispuestos ordenadamente en forma de jardín, tajamares, parcelas aradas, lujosas edificaciones y una extendida red de caminería que se apropió, incluso, de una calle pública. Su predio limita con los dos padrones del cerro que fueron declarados Patrimonio Departamental y Monumento Histórico Nacional. Para protegerlos, falta un plan de manejo del área; para que la identidad del cerro no siga desdibujándose, falta un plan de ordenamiento territorial del cerro, que no es prioridad para las autoridades.

El Cerro de los Burros se ubica en el Municipio de Pirápolis (Maldonado), en la cima de los balnearios Playa Verde y Playa Hermosa. Balcedo es noticia desde el 4 de enero, cuando fue detenido junto con su esposa, Paola Fiege, y ahora esperan la extradición a Argentina, en donde son investigados por maniobras vinculadas a delitos tributarios y lavado de dinero (ver nota en página 5).

La Comisión de Vecinos del Cerro de los Burros comenzó a trabajar en 2001 para que se valore el patrimonio arqueológico del lugar: allí se han hallado las evidencias de actividad humana más antiguas de Uruguay, de hace más de 10.000 años (ver recuadro). El trabajo de los vecinos dio sus frutos: en 2013 la Intendencia Departamental de Maldonado (IDM) declaró Patrimonio Departamental los padrones 1287 y 1463 del Cerro de los Burros, y un año después el Ministerio de Educación y Cultura (MEC) los declaró Monumento Histórico Nacional. La resolución del MEC exhortaba a “las autoridades competentes” a elaborar el Plan de Manejo y Gestión “que en todo caso tendrá presente la necesidad de establecer un área de amortiguación contigua a los padrones”. A cuatro años de esas declaraciones y en medio de las repercusiones mediáticas del caso Balcedo, la Comisión de Vecinos del Cerro de los Burros emitió el viernes 12 una declaración. Denuncian la “impunidad” con que se construyó El Gran Chaparral –como se llama la propiedad–, y enumeran los impactos en los ecosistemas y en los valores patrimoniales, la tala de todo el monte nativo, la alteración de la topografía, el cercado, la clausura de la calle pública y la contaminación lumínica. “Ha quedado en evidencia la falta de una normativa de ordenamiento territorial concreta, abarcativa, protectora y comprensiva de todos los valores patrimoniales, históricos y naturales de toda esta localidad arqueológica, así como de un Plan de Manejo y Gestión para los padrones, incluida un patrimonio área de amortiguación contigua”, afirman, recordando que en múltiples ocasiones habían solicitado la creación de esos instrumentos. Para hacerlo, piden crear ámbitos de discusión y trabajo que integren los distintos niveles de gobierno y a la sociedad civil organizada. Además, catalogan como “imprescindible” que en el predio de Balcedo se haga una “una recomposición ambiental que realmente permita corregir y mitigar los impactos generados por el establecimiento”.

Sin norte

“La intendencia está omisa en avanzar y permite cosas que afectan los bienes patrimoniales y el ordenamiento del territorio”, denunciaron los integrantes de la comisión en diálogo con la diaria. Lo dijeron no sólo por lo que ya tiene construido, sino por otro proyecto de Balcedo: en 2017 la IDM le autorizó una construcción de 6.000 metros cuadrados, en cinco pisos de altura, dentro de su predio, que fue catalogada por la comuna como “ampliación de obra”.

Consultado por la diaria, el intendente, Enrique Antía, dijo que la IDM no tiene previsto hacer el Plan de Manejo y Gestión ni el Plan de Ordenamiento Territorial del Cerro de los Burros. “Esa fue decisión del gobierno anterior y el Municipio de Piriápolis es el que tiene que ver en esa zona”, se limitó a decir. Los planes de ordenamiento territorial departamentales son competencia de las intendencias; ante esa observación, Antía respondió que “se impulsan a nivel municipal”. De todos modos, aclaró que “la prioridad nuestra sería hacer un ordenamiento territorial de Piriápolis”, porque falta crear una normativa de edificación. “Después, recién, podría estar en la agenda una cosa de ese tipo”, expresó. Sobre la calle pública que fue cortada, dijo que no tenía información. Respecto del caso Balcedo, dijo que le sorprendió mucho “el anonimato con que se instaló este señor ahí, se hizo explícito cuando empezó a iluminar la zona, el cerramiento que hizo... Hace tantos años que está ahí, que [es extraño que] nadie se haya dado cuenta de que había un trasfondo de capitales non sanctos”, deslizó. la diaria intentó, sin éxito, comunicarse con el alcalde de Piriápolis, Mario Invernizzi.

En diálogo con El Espectador, el director general de Cultura de la IDM, Jorge Céspedes, declaró el martes 9 que el interés nacional y departamental está en los dos padrones de la cima. Los vecinos insisten en el área de amortiguación, que incluso está nombrada en la resolución departamental que declaró el área con la figura de Patrimonio Departamental y que recomendó que “se considere dentro de los límites de Ordenamiento Territorial las áreas urbanas circundantes, los corredores biológicos que se inician en los padrones anteriormente mencionados”. Según dijo Céspedes a El Espectador, “el corredor debe entenderse en sentido lineal al cauce de agua; ese sentido lineal es de perspectiva de protección, pero no implica que toda la extensión del predio contiguo tenga protección”. En cuanto al nuevo proyecto, respondió que no afecta los padrones protegidos y que la IDM se aseguró de que no tuviera carácter comercial, puesto que incluía un salón de exposición de automóviles y algo que en el futuro podía ser un restaurante temático. la diaria no logró comunicarse con Nelson Inda, director de la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación (CPCN), para saber a quién le correspondería hacer el Plan de Manejo del área. Integrantes del Departamento de Arqueología de la CPCN declararon a este medio que “no hay una reglamentación que diga quién lo tiene que hacer”. Laura Brum, arqueóloga y docente de la Universidad de la República que está trabajando en la zona, planteó que las áreas de entorno deberían tener un manejo diferente, por estar cerca de las protegidas. En cuanto a los planes de manejo y aislamiento, lamentó que sólo existan en la Ciudad Vieja de Montevideo y en Colonia del Sacramento, y mencionó que “hay una cuestión de voluntades” y de hacer efectivo aquello que está en los papeles. Brum señaló que el nivel de inversiones en la costa es “muy abundante y muy acelerado”, y que a veces es frustrante “ver cómo no hay tradición en nuestras instituciones de contemplar que el territorio sobre el que estamos habitando fue habitado; siempre se trabaja como si nuestra tierra fuera un espacio virgen, y ese creo que es el gran debe de la gestión territorial, ambiental y patrimonial del país. Entender que este territorio tiene historia, que esas historias están, por lo general, enterradas” y que “vale la pena invertir en rescatarlas, no en taparlas con un cimiento y construirle una casa arriba”. “Sería interesante que en algún momento se empiecen a articular esas políticas de prevención con el desarrollo; que eso también sea parte del desarrollo”, propuso.

Formas de vincularse

A más de uno en el barrio parece no importarle cómo hizo Balcedo su fortuna, y varios lo defienden diciendo que dio trabajo en la zona, tanto al personal de su estancia como a profesionales –arquitectos, constructores– y comercios. El apoyo llegó hasta a la escuela rural 45, que está pegada a su mansión. Junto con su esposa, Paola Fiege, donaron equipos de aire acondicionado y, durante un tiempo, se encargaron de cortar el pasto. A fines de 2016 a ella se le ocurrió hacer regalos de Papá Noel, y la directora aceptó. Le dio los nombres de los cerca de 70 niños que asisten; a los varones les llevaron pelotas y a las niñas, muñecas. A la comisión de padres no le gustó la decisión (no habían sido consultados) y durante 2017 el vínculo se atenuó. Citando una nota de El País, el diputado suplente Daniel Graffigna (Partido Nacional) preguntó quién se haría cargo de la comida de los niños y del mantenimiento de la escuela. Padres y ex alumnos salieron al cruce y recordaron que la escuela no depende de los aportes de Balcedo. Un ex alumno, estudiante de arqueología, recordó que los campos que albergaban relicto de monte autóctono ahora están cercados y que ni siquiera pueden transitarse áreas que eran caminos vecinales; los niños que los usaban de atajo ahora tienen que caminar más.

Libros de piedra

La investigadora Laura Brum explicó que el Cerro de los Burros es “el sitio emblema de una localidad arqueológica” que involucra también a la cuenca del arroyo Tarariras y a otros cerros más pequeños que están en el entorno. Los hallazgos arqueológicos del Cerro de los Burros comenzaron en la década de 1960. “Es un gran macizo rocoso que provee las rocas que son propicias para la fabricación de instrumental lítico de talla; es, además, un lugar que te permite un gran control visual de los otros cerros, del arroyo, del Río de la Plata”, dijo. La localidad arqueológica reúne hallazgos de más 10.000 años de antigüedad, que fueron identificados en el arroyo Tarariras. “Es un conjunto de evidencias arqueológicas de que había una ocupación de ese territorio que ha sido recurrente y redundante, porque empezó hace más de 10.000 años pero se continuó hasta épocas mucho más recientes”, agregó. En la localidad se hallaron las puntas de proyectil “cola de pescado”: “Es un tipo tecnológico característico del paleoindio, de los primeros pobladores”.

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