Un portabanner, un cenicero de playa, un exhibidor de fruta, una carpa infantil, percheros, separadores de ambiente, carritos, equipamiento urbano o estructuras efímeras y cartelería como las que se vieron en el Festival Internacional de Innovación Social son algunas de las utilidades de la caña de bambú que se desarrollan en Uruguay. Sin embargo, lo que más llama la atención es la bicicleta con cuadro de bambú en la que Analaura Antúnez se da el gusto de andar. Como licenciada en Diseño Industrial, la fundadora y directora ejecutiva de Panda, bambú en acción, tenía entre sus objetivos fabricar su propio rodado, algo que logró como fruto de uno de los talleres que propicia para expandir los alcances del material. “Las ventajas de una bicicleta de bambú son, para empezar, que te la podés hacer vos solo, mientras que para soldar una común, de metal, necesitás otros conocimientos. Esto se suma a toda la huella de que sea de bambú: la planta regenera los suelos, capta mucho más dióxido de carbono que cualquier otro árbol... Estás agregando valor sólo con cambiar la materia prima”, fundamenta esta emprendedora que se fanatizó con esta gramínea leñosa desde que obtuvo una beca de estudios en China, hace siete años. Tras esa inmersión reveladora, más tarde fue conectándose con productores de Panamá y Costa Rica, y empezó una serie de lazos a nivel global. “Es un material muy versátil, lo que ha generado que, como está disponible en todos lados, mucha gente se haya colgado a probar cosas nuevas. En lo que respecta a la creatividad y a los subproductos de la caña, siempre hay variedad. Los desafíos son adaptarte al material, porque las cañas no son todas iguales: no deja de ser una fibra vegetal, orgánica; a simple vista no se nota, pero es cónica: arriba es más fina que abajo. Aunque encuentres una especie homogénea, tenés milímetros de diferencia. Cuando me piden 50 todas iguales respondo: ‘usá caño de PVC, usá metal’. En Costa Rica, por ejemplo, hacen columnas con cuatro bambúes y ponen dos para un lado, dos para el otro, así contrarrestan lo cónico”.

Antúnez recorrió toda la cadena de producción y vio desde las fábricas de alimentos hasta las de carbón, desde aditivos para medicamentos hasta andamios, para fines energéticos o ambientales, como barrera de viento o como tratamiento de aguas residuales. En el mundo hay unas 1.200 especies de bambú y, entre las nativas y las naturalizadas, la menospreciada caña de tacuara –Phyllostachys aurea– es una de las que más fácilmente se consigue en Uruguay. “Cuando investigué, encontré que la gente les dice ‘tacuara’ a diferentes cañas. Acá al bambú lo tratamos como una plaga, como un problema, y empecé a ver por dónde agarrar. Además, está el mito de que si no tenés caña gruesa no podés hacer nada. En realidad, no es así ni para construcción ni para diseño de objetos”, asegura.

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En comparación con otros insumos, esta planta no requiere necesariamente terrenos espaciosos –“con media hectárea ya podés pensar en producir en escala”– y, por tanto, “permite el desarrollo de microeconomías” sin que demande grandes infraestructuras. El ciclo depende de la especie, de las condiciones climáticas, de si se parte de una semilla o de un plantín: “En términos generales, demora de cinco a siete años, pero yo ahora tengo un bambusal que planté hace un año y está creciendo”, cuenta la diseñadora. “Si hacés un manejo selectivo, es decir, si vas eligiendo qué cortar, la planta vuelve a crecer. A la vista muestra tres etapas: verde intenso, verde con manchas y verde seco; se la debe cortar cuando tiene manchitas como de humedad”.

En busca de alianzas productivas y asociada con un ingeniero agrónomo y un empresario fue que nació Zhú, que significa bambú en chino, desde la que articulan oportunidades para desarrollar negocios y proyectos con la preciada planta. “Nuestra filosofía es que no es competencia sino colaboración, que se retroalimenta. Nos involucramos y, si querés desarrollar algo, te ayudamos con información. Conectamos emprendedores no sólo en Uruguay (¡me ha escrito gente de Francia para hacer algo en Colombia!). Bajo el paraguas general que es Zhú –una especie de consultora que hace también talleres sociales– están naciendo empresas que trabajan con bambú en distintas partes de la cadena de valor: desde Bambú del Este, un vivero especializado, hasta Panda.uy, mi empresa, que hace diseño de productos y conferencias de impacto”.

A Antúnez le preocupa que los ensambles dialoguen, que el resultado sea de diseño y que muestre coherencia. “Dejá de ponerte excusas; cortá dos cañas y probá. Y siempre es mejor en complemento con otros materiales, porque se multiplica y se potencia. Mis socios están empezando a plantar otras especies, además es buena la diversidad, porque cuando cosechás bambú hay una idea detrás. Lo que me interesa del bambú es tejer puentes con otros ámbitos y llevarlo a lugares que no había imaginado. Siempre digo que si pasás hambre, no tenés trabajo, algo podés hacer con bambú, desde lo más artesanal hasta... El otro día un amigo que hace cerveza y té de bambú me pasó una receta de cómo sacar el extracto, porque además tiene propiedades antioxidantes, está bueno”.