El Consejo Directivo Central (CDC) de la Universidad de la República (Udelar) resolvió crear el Centro Universitario Regional (CENUR) del Noreste, y hoy tenemos la alegría de asistir a la instalación de su primer Consejo provisorio. El año próximo, junto a las elecciones universitarias, se elegirá su Claustro y su Consejo, y con ello habrá culminado una importante etapa en la construcción institucional de un proyecto que muchos soñamos.

Recordemos algunos hitos de este proceso en la región. La Estación Experimental Bernardo Rosengurtt, en Cerro Largo, existe desde principios del siglo XX y se incorporó a la Facultad de Agronomía en 1925. En agosto de 1985 se celebró en Tacuarembó el llamado “Encuentro con el interior”, importante momento de reflexión universitaria. En 1987 se creó la Casa Universitaria de Tacuarembó (CUT), en 1988 la Casa de la Universidad en Rivera, y en 2013 la Casa de la Universidad en Cerro Largo. En 2010 sesionó el CDC en Tacuarembó, en lo que fue un momento especial del proceso de regionalización impulsado a partir de 2007, y hoy vuelve a reunirse en la región, esta vez en Rivera, para iniciar esta nueva etapa, ya con un CENUR constituido, con sus tres sedes locales en Rivera, Cerro Largo y Tacuarembó.

¿Cómo se ha ido modificando la presencia de la Udelar en el interior en estos años? El cambio fundamental tiene que ver con la manera en que se propone organizar la acción universitaria. Al principio, las facultades desarrollaban diversas tareas en el territorio: cursos, proyectos de investigación, acciones de extensión. Todas esas acciones tenían un fuerte vínculo con necesidades locales o institucionales, pero dependían de los consejos respectivos y, por tanto, las estructuras locales, como las casas universitarias, apenas podían trabajar para articular las acciones que otros definían en su territorio. Esa fue la característica esencial de la presencia universitaria en el interior durante mucho tiempo, y corresponde a la estructura organizativa de nuestra Universidad, esencialmente una federación de facultades.

A partir de 2007 la estrategia de regionalización se define en torno a tres ejes conceptuales: (i) la construcción de estructuras regionales que sumen los recursos existentes en varios departamentos y tengan un espacio territorial y una población objetivo suficientes para convertirlas en referentes nacionales en ciertos temas; (ii) la radicación de recursos humanos y materiales propios que permitan el desarrollo pleno de las funciones universitarias; y (iii) la articulación estrecha con el tejido social y educativo de la región. Para ello se crea una serie de instrumentos y se establece una estrategia. Entre sus elementos centrales están la radicación en el territorio de recursos humanos muy capacitados y de alta dedicación junto a la infraestructura necesaria para el desarrollo pleno de su trabajo; la elaboración del Programa Regional de Enseñanza Terciaria (PRET), discutida con múltiples actores, que defina necesidades, capacidades, formas de colaboración institucional y prioridades; y la creación de los CENUR.

Un CENUR es una estructura universitaria de nuevo tipo en nuestra Universidad. Entidades con autonomía académica y administrativa creciente, que serán capaces de pensarse en clave regional, definir sus prioridades y administrar los recursos humanos y materiales que la Udelar tenga en la región. Para ello cuentan con una estructura de cogobierno propia –Claustro y Consejo– electos, como corresponde, por sus estudiantes, docentes y egresados. A diferencia de las facultades, que se han construido alrededor de áreas disciplinares y carreras (como medicina, derecho o ingeniería), los CENUR abarcan una gran diversidad de áreas disciplinares. Por ejemplo, en el CENUR del Litoral Norte, que incluye a Artigas, Salto, Paysandú y Río Negro, existen más de 50 ofertas de enseñanza en las áreas social, artística, de la salud, científica y tecnológica. Un CENUR tiene una tarea compleja tanto por su diversidad disciplinar y como por la necesaria articulación con el resto de la institución, para cumplir adecuadamente con sus fines.

Cada CENUR debe convertirse en referencia nacional en algunos temas, definidos en los PRET, en los que concentre los mejores recursos humanos e infraestructura de investigación del país. Asociado a ello, ofertarán algunas carreras únicas, como Ingeniería Forestal en Tacuarembó, que atraen estudiantes de todo el país.

Dentro de esta estrategia, durante la última década se fue fortaleciendo la región noreste. Hoy tiene 18 ofertas de enseñanza, de las cuales la mitad son únicas en el país. Hay más de 250 docentes radicados en sus sedes (unos 70 de ellos con alta dedicación) y conforman 17 grupos de investigación. Estudian en el CENUR recién creado más de 2.500 estudiantes. Se han desarrollado en esta región algunos de los experimentos de articulación interinstitucional más interesantes: el campus del conocimiento de Tacuarembó, que combina las capacidades del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), la Udelar y la Dirección General de Laboratorios Veterinarios; y en Rivera, el primer campus integrado de la educación pública con presencia de la Udelar, la UTU, el Consejo de Formación en Educación y la Universidad Tecnológica. Los lugares donde es más necesaria la cooperación de todos para salir adelante son los que nos muestran el camino para sumar esfuerzos en pos del bien común. Aprendizajes que servirán a todo el país.

Se podría pensar que la Udelar ha cumplido su objetivo al haber radicado capacidades académicas, construido edificios y laboratorios, ofrecido carreras y albergado tantos estudiantes. En realidad, la apuesta va mucho más allá. Nuestra Universidad trata de contribuir, desde lo que podemos y sabemos hacer, al desarrollo humano sustentable del país y, en este caso, de una de sus regiones más pobres. Cuando hablamos de desarrollo humano sustentable nos referimos a “la expansión de las capacidades y libertades individuales y colectivas de la gente para poder vivir de formas que valoren y tengan razones para considerar valiosas”,1 y que ello sea así también para las generaciones futuras. Un elemento central en esta concepción es que la gente sea agente de su destino, que tenga la capacidad de entender, actuar y decidir.

¿Cómo puede la Udelar contribuir a ello? Hay aportes evidentes de la presencia universitaria: que los ciudadanos de la región tengan la posibilidad de estudiar al más alto nivel sin que ello implique la migración de muchos y el vaciamiento de población joven, interesada y dinámica. Que equipos de investigadores trabajen sobre temas de relevancia regional en diálogo con interlocutores locales (empresas, organizaciones sociales, gobiernos departamentales). Que se teja un entramado rico de relaciones interinstitucionales que potencie cada esfuerzo particular. Pero hay mucho más. La construcción de un cogobierno propio, en el que los estudiantes, docentes y egresados universitarios, junto al aporte de los funcionarios y de la sociedad por medio de la Mesa Social Consultiva Regional, hagan el ejercicio de articular los cuantiosos recursos que la Udelar ha instalado en la región, se piensen a largo plazo y tomen las difíciles decisiones del gobierno cotidiano de la institución, es una contribución a la consolidación de una sociedad consciente y madura. La democracia participativa es un ejercicio de construcción de ciudadanía de la mayor importancia. No sólo es la mejor garantía para el funcionamiento institucional, para la detección y superación de los innumerables errores que a diario cometemos. Es también una contribución al desarrollo en el sentido que señalamos antes.

La presencia de jóvenes de todo el país, atraídos por las carreras propias de este CENUR, debe cambiar la dinámica y la fisonomía de las ciudades donde existen sedes universitarias. Deben llenarse de actividades culturales de todo tipo (música, literatura, teatro), en las que florezcan boliches y pequeños negocios. Hace poco estuve en Paysandú, donde esa dinámica empieza a establecerse. Hay un “café científico” en el que los investigadores universitarios comparten sus trabajos con el público en general; hay un “jam universitario” que va rotando por las cervecerías y atrae a docenas de personas; se suceden los congresos, que convocan a cientos de personas de Uruguay y la región. Varios miles de estudiantes universitarios inundan la ciudad. Rivera, Tacuarembó y Melo deben apostar a convertirse en verdaderas “ciudades universitarias”. Ello implica decisiones importantes por parte de las comunidades, como las que ya ha tomado la Intendencia de Tacuarembó al construir la primera residencia universitaria, que será inaugurada el año que viene, para albergar en su primera etapa a unos 200 estudiantes procedentes de todo el país. La presencia masiva de jóvenes universitarios debe también aportar pensamiento crítico, rebeldía, formas nuevas de ser y de vivir. Eso también es desarrollo.

La Udelar cumple hoy con un compromiso que asumimos cuando pedimos un apoyo especial en ocasión del presupuesto de 2010. Entonces planteamos que nos proponíamos crear los CENUR del Este, el Litoral Norte y el Noreste, 30 carreras universitarias nuevas y tener 12.000 estudiantes en el interior. La creación del CENUR Noreste efectivamente permite decir que hemos cumplido esa promesa. Hoy tenemos 14.000 estudiantes en el interior y son cerca de 100 las carreras que se pueden cursar en nuestras sedes de Salto, Paysandú, Melo, Rivera, Tacuarembó, Rocha, Treinta y Tres y Maldonado.

Esto es apenas el comienzo de lo que necesitamos. Hay mucho camino que debemos recorrer aún para que estos CENUR sean instituciones maduras, referentes académicos, contribuyentes reales al desarrollo y a la transformación necesaria de nuestra propia Universidad. A partir de lo conseguido en esta etapa, hay que soñar con mayor ambición y destinar los recursos necesarios para hacerlo realidad. En ello tendrán una responsabilidad mayor los propios docentes, estudiantes y egresados de la región, como debe ser. Y esperamos que el país siga acompañándonos.

En agenda queda consolidar los CENUR ya creados, sin olvidar que debemos aún crear otros dos, en el litoral sur y en el centro sur, para cubrir todo el territorio nacional. El desarrollo de la Udelar en el interior es una oportunidad para contribuir a: (i) generalizar el acceso a la educación superior; (ii) expandir la investigación y su relacionamiento con el medio a todo el país, una necesidad ineludible que ha sido enfatizada en una reciente declaración conjunta de la Udelar, el Consejo Nacional de Innovación, Ciencia y Tecnología (CONICYT) y la Academia de Ciencias;2 y (iii) construir un potente Sistema Nacional de Educación Pública, que en particular garantice la formación universitaria de los docentes.

Cuando miro el camino recorrido no puedo dejar de pensar en tantas y tantos que se pusieron al hombro esta aventura. Quisiera compartir una anécdota entre muchas. Fue quizás en 2009 o 2010. En una de nuestras primeras recorridas por las sedes, nos reunimos en la CUT con unas 30 personas de la Comisión pro Universidad. Un participante puso en duda que volviera pronto y evocó –como lo hizo más de una vez el intendente de entonces– las numerosas veces que a los anuncios siguió la frustración. Seguimos visitando regularmente, acompañando el proceso que cobraba fuerza. Un año después, en otra reunión similar, la misma persona nos recordó su intervención anterior y dijo que empezaba a creer que esta vez iba en serio. Un tiempo después, para las primeras elecciones universitarias, los taxis de la ciudad asumieron como suya la tarea de difundir el evento. El INIA ofreció generosamente parte de sus instalaciones para construir un campus conjunto, la intendencia dejó de lado sus dudas iniciales y aportó todo su apoyo. La sociedad de Tacuarembó se tomó en serio el reto y abrazó la causa con fuerza. Quizás quien mejor simbolice ese sentimiento sea el obispo Julio César Bonino, que nos dejó en 2017. Recuerdo bien su apoyo sin fallas y su cálido mensaje de agradecimiento. Y también el sueño que compartimos de construir allí, en Tacuarembó, un centro de estudios sobre la identidad uruguaya, que combine los saberes necesarios para entender quiénes somos y poder pensar a dónde vamos. La gente como agente de su destino. Allá vamos.

Gregory Randall es docente de la Facultad de Ingeniería y fue prorrector de Investigación de la Universidad de la República.


  1. Arocena, R. Conocimiento y poder en el desarrollo. Hacia estrategias democratizadoras. CSIC, UdelaR, 2019. 

  2. Declaración conjunta de la Udelar, el CONICYT y la Academia Nacional de Ciencias del Uruguay, disponible en www.conicyt.gub.uy/themes/archivos/declaracion_conjunta_conicyt_udelar_y_anciu.pdf