Unas 30 personas se reunieron a media tarde de ayer frente a la que fue la sede céntrica del Club Naval, ubicada en la calle Soriano 1117 esquina Paraguay, para denunciar públicamente la demolición de un inmueble que consideran valioso. Se trató de una convocatoria que desde las redes sociales cursaron los colectivos Ghierra Intendente, que existe desde 2010, y el grupo aliado Basta de demoler Montevideo, fundado en 2011. “A ellos les preocupa estrictamente el tema de las demoliciones abusivas y son un poco hermanos de un grupo que se llama Basta de demoler Buenos Aires. Nosotros también estamos siempre atentos a estas demoliciones, entonces estamos aunando esfuerzos”, indicó el artista plástico Alfredo Ghierra, quien fue contactado por el intendente Christian Di Candia para conversar hoy sobre el tema. Como contraparte, Ghierra y su grupo le propondrán una serie de reglas para que se supervisen estos cambios en la ciudad, ya que lo fundamental, a su criterio, es preservar una atmósfera de conjunto: “Nos interesa hacer un decálogo de motivos por los cuales no demoler. Por ejemplo, basarse en tramos significativos de barrios, calles, manzanas, donde lo importante es el conjunto, y tratar de que no se modifique, o seguir la obra de arquitectos, o estilos, art déco, art nouveau, eclecticismo... ahí a veces tenemos de aliada a la academia y a veces no”, dijo el dibujante, quien cursó estudios de arquitectura. “No somos partidarios de que cada tanto, en la ciudad, haya un edificio restaurado, re lindo, iluminado, y en el medio una gama indiferenciada que podría ser Shangái o Río de Janeiro”.

Ambos colectivos son seguidos por un promedio de 5.500 personas en Facebook y sus publicaciones fueron replicadas por otras tantas durante el fin de semana. El llamado culminaba: “En plena campaña electoral sería bueno escuchar cuál es el lugar que ocupa la protección patrimonial en los programas de gobierno de todos los partidos y en el interés ciudadano. Porque esta situación no puede continuar, porque las listas patrimoniales y mecanismos de protección son insuficientes, porque la ciudad no la deberían hacer solamente los privados, porque nosotros somos la ciudad”. Ghierra dice que detectaron un modus operandi, puesto que en primer término no se colocaron carteles. “Lo interesante es que hicimos un posteo el jueves porque los de Basta... nos avisaron que estaban demoliendo por dentro el Club Naval, lo comprobamos y nos pareció una demencia. Hicimos el primer posteo con la consecuencia de que aceleraron la demolición; el viernes le metieron al edificio una malla sombra y empezaron a picar los balcones, con toda saña”, señaló Ghierra, quien dijo no tener “nada contra los promotores privados”, pero que las comisiones patrimoniales deberían ponerles límites.

En esta ocasión la movida se generó por una casa de estilo clásico francés, que se inscribe dentro del eclecticismo historicista de las primeras décadas del siglo XX, construida por una de las empresas más pujantes de la época, comandada por el ingeniero Adolfo Shaw. Una de sus nietas estuvo presente en la concentración de ayer.

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¿Qué sentido tiene esta acción ahora que la casa en cuestión fue prácticamente tirada abajo? “El símbolo es poderoso, salir de lo habitual, porque hoy por hoy la gente no milita. Entonces, que un grupo de personas, por más chico que sea, salga de sus monitores y se junte simplemente a demostrar que le importa la ciudad ya es un acto bastante revolucionario. En las redes es muy fácil protestar e indignarse, pero también está bueno que sea real”, respondió Ghierra. “Pienso que vale la pena porque antes de la demolición, para la construcción de un edificio de 30 metros de altura, deberían haberle sugerido un montón de soluciones intermedias. A mí me parece un atropello y aun en los países más liberales no funciona así. La propiedad privada se respeta, pero también está el derecho a un espacio público de calidad”.

Consultado sobre casos de éxito de estas iniciativas ciudadanas, Ghierra señaló que su colectivo logró detener hasta ahora dos demoliciones, una de ellas en 2015 con la Casa Martínez, del arquitecto Óscar Peyrou, ubicada en Luis Lamas esquina Julio César. “Esa casa tenía una particularidad, que por ser de los años 60, la Facultad de Arquitectura salió a defenderla en primera plana, y con su apoyo logramos detener la demolición de una joyita que parece de catálogo. A través del colectivo también defendimos y llegamos a una especie de Frankenstein con la antigua confitería Cantegril, del arquitecto Humberto Pittamiglio; se logró conservar la fachada y la torreta y construyeron un edificio arriba (bastante espantoso). Son dos ejemplos en los que no se la llevaron de arriba, por así decirlo, porque la verdad es que todo esto se hace con bastante secretismo porque saben que están demoliendo cosas muy valiosas. El Club Naval tiene ese nombre tremendo que no lo ayuda –aunque no fue allí donde se firmó el Pacto, y aunque fuera, nosotros estamos hablando del edificio–”.