Buenos días. Les comento algunas noticias que pueden leer hoy en la diaria.

Tras la última interpelación a Luis Alberto Heber, la Cámara de Representantes aprobó, con votos del Frente Amplio y Cabildo Abierto, una resolución con cuestionamientos a la gestión del ministro del Interior. En ese marco, la bancada frenteamplista presentó una moción formal de censura, que se tratará hoy en Diputados.

Es un procedimiento distinto de las declaraciones tradicionales sobre el carácter satisfactorio o insatisfactorio de las explicaciones durante un llamado a sala. En tiempos lejanos, la disconformidad parlamentaria podía bastar para que la persona interpelada renunciara o fuera destituida por el presidente de la República, pero hace tiempo que esto no sucede, y el mecanismo de la censura, que sí implica una exigencia parlamentaria de cese, también está en desuso desde hace décadas. Por eso es conveniente que la nota adjunta explique lo establecido al respecto en la Constitución, aunque en esta ocasión tampoco se formará la mayoría necesaria para activar este mecanismo.

Como no habrá censura, tampoco existirá la posibilidad de que el presidente Luis Lacalle Pou se oponga a ella, dando paso a la posibilidad de elecciones parlamentarias anticipadas, de acuerdo con el artículo 148 de la Constitución. En los párrafos siguientes se explicará por qué no se ha recorrido nunca ese camino.

Simplificando, el presidente puede interponer una especie de “veto a la censura”, y si la Asamblea General no la reafirma, el primer mandatario puede decidir que el ministro censurado permanezca en su cargo, disolver las cámaras y convocar a una elección para renovarlas.

Esta es una entre varias disposiciones constitucionales que podrían llamarse “simulacros de parlamentarismo”, aunque nuestro régimen de gobierno es claramente presidencialista. Si Lacalle Pou convocara a elecciones parlamentarias anticipadas, una de las principales consecuencias sería que pudiera gobernar durante ocho semanas a puro decreto, sin más contralor parlamentario que el de la Comisión Permanente.

Cuando asumieran las nuevas cámaras, para completar el mandato de las anteriores hasta las elecciones del año que viene, deberían decidir, reunidas en Asamblea General, si mantienen o no la censura. En el caso de que la mantuvieran (o sea, si el Ejecutivo hubiera perdido en la cinchada), Lacalle Pou seguiría en su cargo como si nada. Se vería, sí, obligado a destituir a todos los integrantes de su Consejo de Ministros, pero de hecho podría –ya que nada lo prohíbe, aunque el costo político sería sin duda muy alto– designar de inmediato a las mismas personas para ejercer los mismos cargos, y entre ellas a Heber como ministro del Interior.

Del otro lado de la cinchada, los parlamentarios de todos los partidos deberían arriesgarse a no ser reelegidos y procesar, de apuro y antes de las internas del año que viene, decisiones delicadas sobre la integración de listas y sublemas para las parlamentarias anticipadas, además de embarcarse en una campaña relámpago para la cual no está claro si habría financiamiento estatal. Serían muchas complicaciones para ganar, en el mejor de los casos, muy poco.

Hasta mañana.