El tablado del Museo del Carnaval es muy particular. Funciona dentro de la red de escenarios populares, pero es parte de la institución que administran en fideicomiso tres entidades estatales: el Ministerio de Educación y Cultura (MEC), la Intendencia de Montevideo (IM) y el Ministerio de Turismo (Mintur).

Este escenario abrió sus puertas al público en 2010 en manos de privados, siempre con gran presencia de la comunidad barrial, y luego se transformó en un tablado popular.

Tras la asunción de las nuevas autoridades del Museo del Carnaval, se sucedieron algunos cambios en la administración de la institución y del tablado que generaron conflictos con la organización vecinal.

Existen dos relatos discordantes e incluso opuestos en algunos puntos y se enfrentan dos modelos de gestión que no logran articularse.

El colectivo vecinal publicó en las redes un texto en el que asegura que el museo está “de espaldas al barrio”. Allí relatan que todos los trabajadores que participaban en la plaza de comidas (que pasó a ser un servicio tercerizado), la venta del bingo y tickets, los talleres para niños y la animación no fueron tenidos en cuenta para la temporada 2022.

En respuesta, el equipo del museo escribió en su página de Facebook que “los presentadores no fueron despedidos, simplemente no se llegó a un acuerdo económico”.

Además, sostuvo que “la intención es mantener el perfil de museo comunitario, con el mismo objetivo, el mismo compromiso de siempre y los mismos trabajadores”. Sin embargo, autoridades del museo confirmaron a la diaria que este año no participará la organización de vecinas y vecinos en el tablado. Ese “trabajadores” refiere al personal fijo que pertenece a las instituciones estatales del fideicomiso.

Un acuerdo implícito

Desde la organización vecinal no utilizan el término “despidos” porque no eran personal contratado por la institución; lo que denuncian es que, tras décadas de participar en el tablado, los hayan dejado afuera “sin diálogo”.

La treintena de personas que participaba en las distintas actividades del tablado cobraba por jornal. “Era un trabajo social, más que un trabajo privado”, dijo Wilson Rana Andrada, integrante del colectivo de vecinas y vecinos, a la diaria.

Andrada relató que cada año se comunicaban con él desde la institución para coordinar el trabajo y le encargaban hablar con sus compañeras y compañeros. El tablado se organizaba como escenario popular dentro del predio de un museo público.

José Cozzo, integrante de la Comisión Supervisora del museo por el MEC, explicó a este medio que los socios del fideicomiso decidieron “evitar algunas erogaciones de dinero que nos parecía que tenían que ser consideradas de otra manera”. En este sentido, mencionó como problema que no se emitieran boletas por el trabajo en el tablado.

Además, Cozzo opinó que “no hay compromisos de contrato con gente que tuviera confirmada la participación de por vida”.

Andrada, que trabajó como presentador del tablado hasta el último carnaval, dijo a la diaria que se esforzaron durante años para transformarlo en un escenario realmente popular.

Ya en 2006, cuando comenzó a funcionar el museo, las autoridades de ese momento se acercaron a un colectivo radial que existía desde 2001 en el barrio, germen del grupo actual, y desde entonces la comunidad y la institución han trabajado de manera articulada.

Para Andrada, “no solamente son puestos de trabajo, es lo que se hace dentro del tablado”, la labor comunitaria. Como ejemplo mencionó el proyecto Formación de Espectadores, “que trabajaba con los gurises del barrio que andan solos en la calle; llegaban todos los días al tablado, firmaban su presencia y la tallerista, Natalia, estaba con ellos. Aprendían a prestar atención a los espectáculos, no podían usar los celulares, entendían que tenían que respetar”. Hoy en día, “ya no hay niños en el tablado”.

Uno de los puntos neurálgicos del conflicto entre la organización y las autoridades es la comunicación. Las vecinas y vecinos denuncian que no tuvieron ninguna instancia de negociación ni les avisaron con tiempo que no iban a trabajar en el tablado.

Andrada aseveró que Cozzo se comunicó con él dos días antes del Desfile Inaugural de Carnaval para decirle “que no iba a contar con nosotros porque quería un carnaval más austero y tranquilo”.

Con respecto a la arista económica del asunto, Andrada aseguró que los jornales eran “prácticamente iguales” para todas las personas; con la venta del bingo se cubrían los sueldos de los presentadores y los vendedores, y la plaza de comidas también dejaba ganancias para cubrir los costos, “o sea que no tenían que sacar un mango más”.

Aparte, una mujer alquilaba un espacio para vender cosas dulces y otra mujer hacía lo mismo para maquillar en el tablado. Según Andrada, ellas, que forman parte de la organización vecinal, decidieron no participar este año en el escenario al enterarse de la decisión de no contratar a todas las personas.

La tercerización de la plaza de comidas tuvo un gran impacto en el barrio, ya que allí trabajaba la mayor cantidad de gente. Cuando se enteraron de este cambio, en palabras de Andrada, le preguntaron a Cozzo quién se iba a hacer cargo para plantear la posible absorción de los trabajadores, pero no fue posible.

El colectivo también denuncia que “pusieron una parte VIP en el tablado”, por la opción de convertirse en abonado y asistir todas las noches. Según la opinión de Andrada, “todas las personas que van a un tablado popular tienen derecho a sentarse donde se les antoje”.

Esa es otra dimensión que está en disputa: la del tablado popular. Andrada contó que el grupo de Whatsapp del colectivo es “La familia del tablado”, y ahora “toda la familia quedó afuera”. El tablado del Museo del Carnaval “ya no tiene carácter popular, lamentablemente, después de todo el trabajo para lograrlo”.

“El barrio tiene una gran bronca” por los cambios que realizaron las autoridades, sostuvo Andrada. “Mucha gente se ha comunicado con nosotros y no puede creer que se haya desarmado un trabajo que se viene haciendo desde 2010”, contó. Para él, que trabajó como presentador durante más de una década, lo que sucedió “fue una falta de respeto”.

“Decisiones vinculadas a la temática económica”

Cozzo, que también tiene amplia trayectoria vinculada al carnaval, explicó a la diaria que este año la administración quiso “potenciar el acuerdo entre los tres socios del fideicomiso” y conseguir “el máximo de actividad” en el tablado.

La situación económica del museo “es difícil, estamos sin talleres y sin visitas” por la pandemia y por reformas que se están realizando en el edificio. Eso sumado a que, de acuerdo con Cozzo, “el tablado era deficitario”. Ahora “todo lo que estamos percibiendo lo destinamos a cambiar la totalidad de la muestra”.

Los socios del fideicomiso decidieron recortar gastos. “En el balance oficial que se hizo en el último tablado surgieron pagos de más de 400.000 pesos para personal”, dijo Cozzo, quien pintó un panorama diferente del que describieron las organizaciones barriales. Ese monto “era por dos veces a la semana, máximo tres. Estamos hablando de que este año, sin ajustes salariales, llegaríamos a la cifra del doble”, puntualizó.

Estas “son decisiones que se toman habitualmente en organizaciones e instituciones; no tiene que ver con una situación personal, que no existe, sino con principios que tratan de administrar de la mejor manera recursos escasos”, opinó.

Cozzo negó que no vayan niños al tablado. Adujo que la razón para no recibir “niños solos” es sanitaria. La actividad “se hará de otra manera, ya hemos hecho la gestión ante el INAU [Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay] y hemos recibido niños acompañados”.

Sobre la situación de los talleristas el administrador dijo que el MEC aprobó la contratación, “cuando es necesario”, de un tallerista “de muy buen nivel que se encontraba entre los que trabajaban en el equipo”.

Con respecto a la comunicación, Cozzo reafirmó lo dicho en el Facebook del museo: que les solicitaron un precio a los presentadores y les pasaron presupuesto de 1.800 pesos por jornal, alrededor de 138.000 pesos en total, por lo que “entendimos que nosotros no íbamos a aprobar ese monto, sino que íbamos a hacerlo de otra manera”.

Cozzo fue enfático en el carácter popular del tablado. El abono, desde su perspectiva, no va contra eso, ya que el precio es el mismo que el de las entradas generales (70 pesos). “Estamos tratando de sacar adelante el Museo del Carnaval de la mejor manera posible, poniéndole energía y partidas de dinero, tratando lógicamente de que redunden en mayor eficiencia”, señaló.

No hay de parte de la institución “cosas ocultas”, aseguró.